Crónicas de Homicidios La planificación del crimen
87%

La planificación del crimen

El Profe no vaciló ni un segundo. Reunió nuevamente al grupo y, con la frialdad que lo caracterizaba, activó la segunda fase del plan. Su voz era firme, precisa, sin espacio para dudas. Cada indicación caía como una orden inquebrantable.

—La Gata y Paloma, a las 18:00 tienen que estar en la casa del abogado —marcó el inicio—⁠. En 30 minutos llegamos nosotros.

Luego vino la clave.

La señal sería simple, casi inofensiva: un mensaje que diría «Hola, qué tal». Pero detrás de esas palabras cotidianas se escondía el momento exacto en que todo debía ponerse en marcha.

Al recibirlo, Paloma tenía una única misión: bajar sin levantar sospechas, abrir la puerta principal y dejarla apenas ajustada, lo suficiente para permitir el ingreso sin ruido, sin forzar nada… sin dejar rastro.

El ingreso debía ser perfecto. Silencioso. Limpio. Invisible.

El Profe y el Negro serían los primeros en ingresar.

Una vez dentro, sin perder un segundo, se colocarían las máscaras y tomarían el control absoluto de la situación.

La orden era clara: reducir a todos los presentes, sin excepciones.

Incluso la Gata y Paloma debían ser sometidas, simulando ser víctimas, para no levantar ninguna sospecha y mantener la coartada intacta.

Nada podía fallar. Cada movimiento debía parecer real, creíble… incuestionable.

Mientras tanto, el Chino y Gabi permanecerían en posición, atentos a la señal final. Su rol era igual de crucial: movilizar el vehículo, asegurar el traslado de todo lo sustraído y garantizar la salida sin contratiempos.

Era una operación sincronizada al detalle. Cada pieza tenía su momento. Y cada segundo contaba.

Y así se ejecutó.