Crónicas de Homicidios Los primeros golpes
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Los primeros golpes

Con el tiempo, empezaron con golpes menores, probando dinámicas, afinando roles. Hasta que el Profe planteó una modalidad distinta, una que ya había estudiado con detalle: el robo de taxis.

El plan era tan simple como efectivo.

La Gata, Paloma y Gabi actuaban como señuelos.

Abordaban taxis —autos o mototaxis— solicitando carreras hacia zonas alejadas, sin cámaras, sin tránsito, sin testigos.

Una vez en el punto elegido, todo se activaba.

El Profe, el Chino y el Negro aparecían en escena, encapuchados, utilizando las máscaras características de la serie La casa de papel, como una marca distintiva, casi simbólica.

El asalto era rápido. Reducían al conductor, le quitaban dinero, celulares, tarjetas… Incluso despojaban también a las mujeres para reforzar la apariencia de que eran víctimas.

Todo estaba calculado para confundir, para desviar sospechas. Luego, en cuestión de minutos, abandonaban el lugar en caravana, llevándose el vehículo robado.

El destino era siempre el mismo: un taller cercano a su base.

Ahí, el vehículo era intervenido de inmediato. Utilizaban bloqueadores de GPS, desactivaban cualquier sistema de rastreo y procedían al desmantelamiento. Las piezas eran vendidas en el mercado negro a contactos previamente establecidos.

De esa parte se encargaba el Chino, quien ya tenía la logística aceitada. El dinero, finalmente, regresaba a la base… donde era distribuido.

Era un sistema cerrado. Eficiente. Rentable.

Gracias a las técnicas de investigación, Z y su equipo lograron identificar no solo a todos los miembros de este círculo, sino también a varios colaboradores externos que facilitaban la operación. La red comenzaba a quedar expuesta.

Así fue como lograron identificar plenamente al alias el Negro. Sin embargo, aún quedaba un vacío: la identidad de la otra fémina vinculada directamente al caso del abogado.

Pero el tiempo no se detenía.