La segunda pista
Mientras esa línea de investigación comenzaba a tomar forma, otro de los efectivos intervino para informar sobre un hallazgo adicional que también podría resultar relevante.
Durante el recorrido que realizaban por los alrededores de la vivienda, uno de los efectivos informó sobre un hallazgo que podría resultar importante para la investigación.
A unos trescientos metros del domicilio del abogado se había detectado la presencia de una cámara de videovigilancia perteneciente a la municipalidad del distrito, instalada en la parte superior de un poste de alumbrado público.
El detalle que más llamó la atención de los investigadores era la orientación del dispositivo.
La cámara tenía un enfoque fijo que apuntaba directamente hacia la calle por donde se accedía al ingreso de la casa del abogado, lo que, en teoría, significaba que el sistema podría haber registrado los movimientos de personas o vehículos que transitaron por esa vía en las horas previas al crimen.
Sin embargo, pronto apareció el inconveniente.
Las primeras revisiones del material indicaban que la cámara se encontraba demasiado distante del punto exacto del inmueble, por lo que las imágenes no contaban con la nitidez suficiente para identificar detalles precisos.
En las grabaciones se lograban distinguir siluetas de personas y el paso de algunos vehículos, pero la distancia impedía reconocer rostros con claridad o leer las placas de los automóviles.
Aun así, para los investigadores el material estaba lejos de ser inútil.
Con paciencia, análisis detallado y el apoyo posterior de especialistas en video, era posible establecer patrones de movimiento, determinar horarios aproximados de llegada o salida de vehículos e, incluso, reconstruir parcialmente la secuencia temporal de lo ocurrido en las horas cercanas al crimen.
Z lo sabía muy bien.
En muchas investigaciones complejas, los detalles aparentemente insignificantes terminan convirtiéndose en la clave del caso.