La primera pista
Uno de los detectives tomó la palabra y comenzó a relatar lo que habían logrado obtener durante las entrevistas.
—Jefe… uno de los vecinos nos dio un dato interesante —dijo en voz baja.
El hombre explicó que el testigo había accedido a hablar de manera reservada, pero había sido muy claro en un punto: no quería aparecer en ninguna declaración formal ni ser mencionado en el proceso.
El temor era evidente. La magnitud del crimen había generado inquietud en todo el vecindario, y muchos preferían mantenerse al margen por miedo a posibles represalias. Aun así, aquel vecino había decidido compartir un detalle que consideraba importante.
Según su versión, el abogado fallecido frecuentaba a una muchacha conocida con el apelativo de la Gata.
El nombre llamó inmediatamente la atención de los investigadores. El testigo describió a la joven como una muchacha de aproximadamente catorce años, aunque físicamente aparentaba ser mayor debido a su desarrollo corporal.
Según comentó, tenía conocimiento de ella porque la había visto en diversas ocasiones en algunos ambientes nocturnos de la zona, lugares a los que él mismo había acudido eventualmente.
Por lo que sabía y por lo que había escuchado de otras personas, la joven llevaba un estilo de vida bastante extrovertido y desinhibido, muy ligado a las fiestas y a la vida bohemia.
No pasaba desapercibida en las discotecas.
El testigo explicó que no tenía una relación cercana con la muchacha, pero sí la reconocía claramente de vista, ya que en varias oportunidades coincidieron en algunos de esos lugares.
Además, varios conocidos suyos también hablaban de ella con frecuencia, lo que hizo que su rostro le resultara fácil de recordar.
Por ese motivo, le llamó poderosamente la atención cuando comenzó a observar que la joven ingresaba en repetidas ocasiones al domicilio del abogado.
Aquellas visitas no tardaron en generar comentarios entre algunos vecinos del sector, quienes empezaron a especular que entre ambos existía algún tipo de relación sentimental.
Con el paso del tiempo, los rumores se hicieron cada vez más insistentes en el vecindario.
Varias personas comentaban que el abogado mantenía una relación con una chica muy joven, aunque nadie parecía conocer con exactitud de dónde provenía ella ni cuál era su entorno familiar, ya que no era residente del barrio.
Sin embargo, entre quienes hablaban del tema también circulaba otra versión.
Según lo que se comentaba, la relación entre ambos no parecía estar basada precisamente en el afecto, sino más bien en un interés económico por parte de la joven.
De acuerdo con lo que el testigo había escuchado en diferentes conversaciones, el abogado solía entregarle dinero con frecuencia, además de comprarle ropa, teléfonos celulares y otros gustos propios de alguien que busca complacer a otra persona.
—Prácticamente lo tenía «sangrando» —comentó el detective al relatar la información, repitiendo la misma expresión que había utilizado el vecino.
Sin embargo, para los investigadores ese no era el punto más importante del relato.
El dato verdaderamente relevante apareció al final de la conversación.
El testigo aseguró que había visto personalmente a la joven ingresar al domicilio del abogado el mismo día en que ocurrieron los hechos.
Según recordó, la muchacha llegó durante la mañana y entró a la vivienda con total normalidad; luego la vio salir después de una hora aproximadamente.
Ese detalle captó de inmediato la atención del equipo de investigación.
Para Z, aquella información no podía ser ignorada. En un caso tan grave como el asesinato de toda una familia, cualquier persona que hubiera estado en contacto reciente con la víctima se convertía automáticamente en una pieza clave para reconstruir lo ocurrido.
Era una pista inicial, todavía frágil, pero lo suficientemente importante como para comenzar a seguirla.
Podía tratarse de una simple coincidencia… o de la primera pieza real del rompecabezas.
Sin perder tiempo, Z dio una orden inmediata.
—Necesitamos saber quién es realmente esa chica —dijo con determinación—. Averigüen su nombre, dónde vive, quiénes son sus amigos, todo.
Asignó al detective que había recibido la información la tarea de profundizar las indagaciones sobre la identidad de aquella joven conocida como la Gata.
Además, le indicó algo fundamental:
—No pierdas el contacto con el vecino que dio el dato. Él puede ayudarnos a reconocerla.