Crónicas de Homicidios CASUÍSTICA // REGISTRO ANALÍTICO
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CASUÍSTICA // REGISTRO ANALÍTICO

CASO IV

El cuádruple homicidio

Y todos sabían que descubrir quién había sido capaz de exterminar a una familia entera no sería una tarea sencilla.

El aviso del crimen

Transcurridos los días, la jornada parecía avanzar con una calma poco habitual para quienes trabajaban en la Unidad de Homicidios.

Aquella tarde, Z y su equipo habían decidido aprovechar un breve espacio libre para despejar la mente lejos de los expedientes, de las declaraciones interminables y de las escenas de muerte que, casi a diario, les tocaba enfrentar.

En una pequeña cancha de fútbol, ubicada a pocas cuadras de la unidad policial, llamada el Bernabéu, algunos de ellos disputaban un partido improvisado.

El ambiente era completamente distinto al que normalmente rodeaba su trabajo.

Las risas, las bromas entre compañeros y el sonido del balón en cada puntapié aliviaban, por un momento, la tensión permanente que implicaba investigar homicidios.

Para ellos, esos espacios eran casi una necesidad.

No solo se trataba de deporte, sino de una forma de liberar la presión acumulada después de días enteros enfrentando historias de violencia, dolor y tragedia.

Z también participaba en el partido. Había terminado de correr una jugada por la banda cuando el balón salió de la cancha.

Mientras algunos discutían si había sido saque lateral o saque de arco, él caminó unos pasos hacia el borde del campo para recuperar el aire.

Se apoyó sobre sus rodillas y levantó la mirada hacia sus compañeros, que, entre bromas, reclamaban una falta inexistente.

Durante unos segundos, todo parecía normal.

Pero en la Unidad de Homicidios la normalidad casi siempre es efímera.

Fue entonces cuando el teléfono de Z comenzó a sonar. Un espectador le alcanzó el móvil. El sonido del dispositivo, insistente y seco, contrastó con el bullicio del partido. Al mirar la pantalla, su expresión cambió de inmediato.

Era su jefe.

Z respondió sin demora.

—Aló, jefe.

Del otro lado de la línea no hubo saludos prolongados ni rodeos. La voz que escuchó tenía un tono distinto al habitual: serio, firme y ligeramente preocupado.

—Z, necesito que regreses de inmediato a la oficina — dijo—⁠. Acabo de recibir una llamada del comando. Tenemos un caso grave.

El silencio se instaló por un segundo entre ambos.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Z.

—Han reportado el hallazgo de cuatro personas sin vida en una vivienda ubicada en las afueras de la ciudad. El comando ha dispuesto que intervenga la unidad especializada de Homicidios. Quiero que tu equipo se encargue del caso.

Z permaneció atento mientras escuchaba los detalles preliminares.

—Según la información inicial —continuó su superior—⁠, los cuerpos están maniatados de manos y pies, con los rostros cubiertos, y aparentemente se trataría de una misma familia. La Policía local ya está custodiando el lugar, pero necesitamos que ustedes asuman la investigación.

El tono del jefe se volvió aún más serio.

—Esto puede convertirse en un caso grande. Te espero aquí, en la oficina, en el menor tiempo posible para coordinar el desplazamiento.

—Entendido, jefe —respondió Z.

La llamada terminó.

Por unos segundos se quedó mirando el teléfono en silencio.

Sabía perfectamente lo que significaba una comunicación de ese tipo. Cuando el comando solicitaba la intervención directa de la Unidad de Homicidios, normalmente era porque se trataba de un hecho particularmente grave o complejo.

Guardó el teléfono y levantó la mirada hacia sus compañeros, que aún discutían animadamente en la cancha. Justo se presentó una oportunidad de gol y Z la aprovechó muy bien con un tiro selectivo. Con ese gol ganaron el partido. De inmediato, Z dijo con voz firme:

—Muchachos… se acabó el partido.

Todos pensaron que era una broma, pero, al ver la seriedad de Z, se detuvieron.

El cambio en su tono bastó para que comprendieran que algo serio había ocurrido.

—Tenemos que volver a la oficina —continuó—⁠. El jefe acaba de llamar. Hay un caso muy mediático. El comando quiere que nosotros asumamos la investigación.

Las bromas desaparecieron de inmediato.

En cuestión de segundos, el ambiente relajado de la cancha se transformó en el de un equipo que volvía a su verdadera realidad: la de perseguir la verdad detrás de la violencia.

Mientras recogían rápidamente sus cosas, uno de los agentes preguntó:

—¿Se sabe algo más del caso?

Z negó ligeramente con la cabeza.

—Hallaron cuatro cadáveres en un inmueble. Están maniatados y cubiertos. Al parecer, podría tratarse de una familia que vivía en la vivienda.

El comentario fue suficiente para que todos entendieran la gravedad del asunto.

Minutos después, el equipo se encontraba listo y se dirigía hacia la unidad policial. El trayecto fue breve, pero silencioso. Cada uno repasaba mentalmente lo que podían encontrar.

Al llegar a la oficina, el jefe los esperaba en la sala de reuniones.

Sobre la mesa había un mapa de la zona donde se encontraba la vivienda.

—Bien, escuchen con atención —comenzó diciendo—⁠.

Hace aproximadamente una hora, la Policía local recibió una llamada reportando el hallazgo de cuatro cadáveres dentro de una casa.

Los primeros agentes que ingresaron informan que las víctimas estaban atadas de manos y pies, y con los rostros cubiertos con fundas de almohada.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—Aparentemente, se trataría de un abogado que vivía en la vivienda y de algunos miembros de su familia. Aún no hay identificación oficial.

Las miradas dentro de la sala se cruzaron.

El jefe señaló el mapa.

—La escena ya está custodiada, pero el comando quiere que Homicidios asuma la investigación desde el inicio. Quiero que ustedes se desplacen de inmediato, aseguren la escena, identifiquen plenamente a las víctimas y tomen el caso.

Luego miró directamente a Z.

—Este caso está bajo tu responsabilidad.

Z asintió con determinación.

Sabía que investigaciones de ese tipo podían marcar meses de trabajo.

—Muy bien —dijo finalmente—⁠. Vámonos.