La lavandería y la identidad
Salió caminando dos cuadras y entró a una lavandería. Recogió una bolsa con ropa y regresó al inmueble. Fue un movimiento aparentemente trivial, pero estratégicamente decisivo.
Los detectives acudieron al establecimiento. Obtuvieron sus datos completos y número de DNI. Además, el encargado comentó que el sujeto había solicitado su ropa con urgencia porque pensaba viajar lejos de la ciudad.
Ese dato fue una alarma directa.
De inmediato se activó el cruce de información en bases de datos oficiales y fuentes abiertas.
La respuesta no tardó. El registro arrojó un antecedente que encendió las alertas: el sujeto provenía de la selva y tenía una condena previa por narcotráfico.
No era un detalle menor… Era una señal clara de con quién estaban tratando.
La vigilancia se intensificó. Horas después, salió nuevamente, esta vez con una maleta y bolsas de rafia.
Su conducta se tornó más errática: miraba a todos lados, evaluando el entorno, como si presintiera que lo observaban. Z, al verlo en la distancia, comentó con sobriedad:
—Su instinto no falla… porque sí lo estamos siguiendo.
La fuga era inminente.