Crónicas de Homicidios El rostro sin nombre
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El rostro sin nombre

La autoría material parecía clara. Tenían el rostro, la complexión, la forma de caminar y el lugar donde vivía. Sin embargo, carecían de un dato esencial: su identidad plena. Ningún vecino lo conocía con nombre y apellido. Esa falta de referencias generaba preocupación.

En un país donde la informalidad facilita la movilidad anónima —buses clandestinos sin registro de pasajeros, hospedajes sin control documental, alquileres verbales sin contrato—⁠, la posibilidad de fuga era real.

El equipo sabía que, si escapaba hacia zonas alejadas o de difícil acceso, la captura podría tornarse extremadamente compleja.

La presión aumentaba.

Durante dos días consecutivos no se le vio salir. La incertidumbre se volvió asfixiante. ¿Había huido? ¿Estaba oculto dentro del inmueble?

Hasta que finalmente reapareció.