Epílogo
Todo empezó en un ascensor.
Pero no en un ascensor de un hotel de lujo, sino en el de una editorial de París.
¿Fue Jennifer la que me propuso escribir un romance de Adviento, y yo quien respondió: «¡Vale, pero que haya un crimen!»? ¿O fui yo la que le propuse a Jennifer escribir un crimen cozy de Adviento, y ella la que dijo: «¡De acuerdo, pero que haya romance!»?
Cuando llegamos a la planta baja, después de ocho pisos en los que la imaginación pudo vagar a sus anchas, tenía el concepto: ¡un cozy love !
¿Los ingredientes? Amor, crimen, los tejados de París cubiertos de nieve, los entresijos de un gran hotel, el universo secreto de la repostería de lujo...
Y un desafío: ¡salvar el tronco de Navidad!
Muchísimas gracias a Vaea, mi experta en cruasanes, que aceptó mandarme algunos secretos de la repostería de cuatro estrellas desde Nueva York.
Gracias a los duendecillos y las duendecillas de Auzou, que hicieron que este sueño se volviera realidad.
Y gracias de todo corazón a Jennifer, que cumple todos los deseos de mi lista.