Cowboy casual Capítulo 35 #2
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Capítulo 35 #2

—Ese papeleo con el que la estás amenazando… —La voz de Colt retumbó en mi pecho—. No existe.

Mi padre arqueó las cejas.

—¿Perdón?

—El préstamo de June. Ya se ha pagado en su totalidad.

Eso no tenía sentido.

Era imposible que June ya hubiera podido saldar ese préstamo. Parpadeé mirando a Colt por encima del hombro, convencida de que lo había oído mal. Pero su rostro era impasible, tenía los ojos entrecerrados mientras estudiaba a mi padre y no parecía albergar ni la más mínima duda.

—¿Qué has dicho? —La voz de mi padre era gélida.

Colt no se inmutó. Tenía la mandíbula tensa y un músculo en ella le tembló una sola vez mientras me sujetaba con más fuerza.

—El préstamo de June —repitió lentamente—. El que acabas de mencionar para chantajearla. —Me señaló—. Está pagado. Ya no tienes ninguna ventaja sobre ella.

—Eso no es posible —se burló mi padre—. El banco…

—Es más que posible. —Sentí la calma cautelosa y aterradora en la voz de Colt—.

Me he dejado la piel durante los diez últimos años para ayudarla a devolverlo, y luego vendí una parte de las tierras del rancho de mi padre para pagar el resto.

—Lo dijo como si no fuera nada. Como si fuera una simple piedra en un muro que llevaba años construyendo.

El silencio que siguió me oprimió el pecho hasta que sentí que no podía respirar.

—¿Por qué? —le pregunté a Colt, con la vista nublada por la conmoción y por algo salvaje y doloroso que no me atrevía a nombrar. Ese rancho, esa tierra, lo era todo para él—. ¿Por qué has hecho algo así por ella?

Por fin bajó la mirada hacia mí, y el mundo se redujo solo a nosotros dos. Sus ojos, del mismo azul que rondaba mis sueños, se clavaron en los míos con una intensidad que me dejó sin aliento.

—No lo he hecho por ella —susurró. A continuación, se acercó con delicadeza y me pasó un mechón de pelo por detrás de la oreja; la mano le temblaba lo justo para que yo lo notara. Se agachó, tan cerca que podía sentir su aliento en mi mejilla—. Siempre lo hago todo por ti.

Esas palabras me calaron hasta los huesos.

El rostro de mi padre reflejó incredulidad, indignación y, a continuación, el frío cálculo de un hombre que nunca había sabido lo que significaba perder.

Por un segundo, pareció más viejo de lo que jamás lo había visto, con las arrugas del poder y el privilegio repentinamente marcadas por el pánico.

—Voy a llamar a mis abogados —gruñó mi padre mientras buscaba su teléfono.

—Adelante —dijo Colt, encogiéndose de hombros—. Puedo hacer que te envíen los documentos por mensajería a tu oficina antes de que regreses a la ciudad.

Mi padre me miró y, si Colt no me hubiera estado sujetando contra él, probablemente me habría encogido de miedo.

—¿Crees que esto ha terminado?

—Todas las tierras de June se han reestructurado en un nuevo fideicomiso a nombre de Blaire —interrumpió Colt su amenaza, y había un tono de irrevocabilidad en sus palabras—. Hemos seguido todos los pasos. Es intocable.

Sentí sus palabras en los dientes, en las entrañas, detrás del esternón.

Lo había hecho por mí.

Había arrancado pedazos de su propio legado, de la tierra en la que había vivido, en la que había sangrado y en la que había respirado, solo para que el hombre que tenía delante no pudiera utilizar mi futuro como arma.

Si quedaba algún muro entre nosotros, se habría derrumbado con sus palabras.

Lo único que quedaba era algo terriblemente tierno, una esperanza salvaje que apenas reconocía como mía.

—Tonterías —espetó mi padre—. He sacrificado demasiado para que lo tires todo por la borda, Blaire.

—Ya basta —dijo el señor Calloway, y aunque no alzó la voz, sus palabras nos atravesaron a todos.

Cambió el peso de un pie a otro, con las botas rozando el porche, y me miró como un ganadero que evalúa una tormenta: entrecerrando los ojos y sin mostrar ningún temor. Luego se volvió y se dirigió a mi padre.

—¿Crees que sabes algo sobre el sacrificio?

—preguntó con una voz que sonaba como papel de lija y whisky añejo—.

He vivido en esta tierra toda mi vida. He elegido esta tierra y a mi familia una y otra vez.

¿Crees que este rancho es solo tierra y postes de valla?

Es la suma de cada desengaño y cada regreso a casa.

Es el sudor derramado y la forma en que amas a tus hijos más de lo que te amas a ti mismo.

¿Quieres hablar de lo que es un hombre que no se sacrifica por las personas que ama?

—El señor Calloway miró directamente a Colt, antes de rodear con la mano la nuca de su hijo, con una expresión firme y sincera—.

Un hombre trabaja tan duro en esta tierra que se olvida de decir las cosas que de verdad importan.

A veces se le escapan las palabras. A veces la caga tanto que lo único que le queda es seguir adelante y esperar tener una segunda oportunidad para hacerlo bien.

No hay nada en este mundo a lo que mi hijo no estaría dispuesto a renunciar por ti —dijo, mirándome—.

Lleva una década sin dormir y casi enloquecido, esperando la oportunidad de tenerte de nuevo en casa para pedirte que le dejaras intentarlo de nuevo.

—No me di cuenta de que estaba llorando hasta que noté el sabor salado en los labios.

Parpadeé con fuerza, tratando de concentrarme en cualquier cosa que no fuera el dolor en el pecho que me impedía respirar—.

Hay dos clases de personas en el mundo, Blaire —prosiguió el señor Calloway—.

Tú has tenido a las dos. Uno que hizo lo que fuera para retenerte, aunque eso significara doblegarte para que encajaras en sus planes.

—Señaló con la cabeza hacia Grant, pero yo no aparté la mirada de él—.

Y el otro te dejó marchar aunque le matara hacerlo, y desde entonces se ha pasado todos los días trabajando hasta la extenuación para asegurarse de que tuvieras un terreno firme donde aterrizar, aunque ese terreno nunca te llevara de vuelta a él. —Me sostuvo la vista sin pestañear.

El brazo de Colt temblaba mientras me abrazaba con más fuerza.

Toda la ira, el arrepentimiento y la esperanza maltrecha del mundo se concentraban en el calor de la palma de su mano y en la firmeza que intentaba mostrar solo por mí.

Apoyó la cara contra mi cuello, su aliento cálido acarició mi pulso y el roce de su bigote me provocó un escalofrío que me recorrió la espalda.

—Ya basta de tonterías. Blaire, recoge tus cosas. —El sonido de la voz de mi padre me hizo estremecerme—. Tienes un trabajo en Raleigh. Tenemos una boda de la que ocuparnos. Tienes cinco minutos —dijo, con cada palabra anunciando las consecuencias de desobedecerlo.

Miré a mi padre y vi cómo sus ojos me recorrían de arriba abajo, calculando pérdidas y ganancias como si yo fuera una simple partida más en su libro de cuentas.

Entonces me volví hacia Grant, que seguía junto a mi padre, con las manos en los bolsillos y los labios intentando mantener una sonrisa engreída y despreocupada.

Pero con toda su atención estaba puesta en el lugar donde Colt aún me sostenía entre sus brazos.

Entrelacé mis dedos con los de Colt, agarrándole la mano como si fuera un salvavidas.

Su piel contaba historias que mi padre nunca habría podido descifrar.

Cada callo era un sacrificio, cada arruga, una carga soportada por el bien de otra persona.

Pensé en los diminutos dedos de Ruby envueltos alrededor de su pulgar, en la forma en que ella lo miraba como si ni siquiera se cuestionara cuánto la amaba Colt.

Se me encogió el corazón en el pecho y la vista se me nubló mientras la rabia y el instinto protector despertaban en mi interior.

No podía soportar la idea de que ella llegara a estar alguna vez donde yo estaba, desesperada por un amor que debería haberse dado libremente.

Esa era mi familia: Colt, Ruby y yo, e iba a luchar con todas mis fuerzas para protegerla.