Cowboy casual Capítulo 27 #3
75%

Capítulo 27 #3

McCoy, que había estado observando el intercambio con perezosa diversión, intervino con naturalidad.

—Las dos lo están —dijo, moviendo la cabeza en dirección a Maggie. —Joder, ¿cuál era el plan aquí, chicas? ¿Hacer que todos los hombres se quedaran boquiabiertos al entrar?

Maggie se rio y me dio un codazo, y Hunter se detuvo con la copa casi en la boca, con la mirada fija en Maggie como si estuviera memorizando el peso de su risa. Nunca le había visto mirar a nadie así. Hunter era un ligón descarado, pero eso era diferente, más intenso, de repente inseguro.

No pude evitarlo. Necesitaba darle un empujón después de ver cómo contemplaba a mi amiga.

—Bueno, brindemos por haber puesto de rodillas a los hermanos Calloway cuando hemos llegado —dije con un encogimiento de hombros inocente, y Maggie soltó una carcajada contra su vaso.

Colt me apretó con más fuerza la rodilla, deslizando la mano un pelín más arriba, y sentí en ese gesto tanto una advertencia como una promesa.

Pero fue Hunter quien se centró en el desafío, apretando la mandíbula mientras se echaba sobre la mesa.

—Puede que tengas a mi hermano andando por ahí como un zombi enamorado, pero yo no voy a caer tan fácilmente.

McCoy casi se atragantó con su bebida, ahogándose de la risa.

—Ay, cielo. Te conozco desde hace mucho tiempo —dije mientras apartaba la mirada de Hunter hacia Maggie y luego volvía a él.

Alargué la mano hacia la cerveza de Hunter, y él apretó la mandíbula cuando la cogí.

Pero no me detuvo mientras daba un sorbo largo y lento y luego la volvía a dejar delante de él—. Apostaría lo que fuera a que es así.

McCoy seguía riéndose del intercambio de pullas, con los hombros sacudiéndose en silencio, pero Hunter se volvió hacia Maggie y su bravuconería habitual se desvaneció.

El cambio fue tan evidente que incluso McCoy lo notó y su sonrisa se transformó en auténtica curiosidad mientras los observaba a los dos.

Maggie se sonrojó y se llevó la copa a los labios, apartando la vista de él. Hunter parpadeó, se sacudió para salir del aturdimiento en el que se había sumido y esbozó una sonrisa que no era más que un intento de controlar los daños.

Pero apenas me di cuenta, porque la mano de Colt había abandonado toda pretensión de sutileza y se había deslizado más arriba por mi muslo, con una intención que me atravesó como un rayo.

Me apretó, no con fuerza, sino con la autoridad natural de un hombre que sabía exactamente cómo manejar a una fiera, y todo mi ser se volvió luminoso, tenso y mudo.

Me eché hacia él, que se ladeó un poco para acercar su boca a mi oído.

—Pórtate bien. —Colt gruñó la advertencia, y el tono autoritario que contenía me hizo sentir una necesidad imperiosa de moverme en mi asiento.

Moví la cabeza, me miré a los ojos y le dejé ver hasta la última gota de descaro que corría por mis venas.

—Oblígame.

Me apretó la pierna con tanta fuerza que casi solté un gemido, que reprimí mordiéndome el labio. El peso de la mano de Colt, la cercanía de su cuerpo, la forma en que sus palabras me atravesaban… Lo deseaba, lo necesitaba, y quería resistirme hasta que él perdiera el control.

Abrí la boca para decir algo más, para provocarlo hasta que no tuviera más remedio que sacarme de esta mesa y ponerme en mi sitio, pero Maggie me lo impidió.

—Tengo que ir al baño.

Colt suspiró lentamente Maggie me miraba con una expresión silenciosa para pedir socorro. Una que yo conocía de sobra.

—Voy contigo —dije, y Colt dejó que su mano recorriera mi pierna antes de levantarse para franquearnos el paso.

Podía sentir que nos observaba aunque no me diera la vuelta, y Maggie esperó hasta que la puerta del baño se cerrase detrás de nosotras para mirarme con cara de pánico.

—¿Qué pasa? —pregunté, acercándome a ella con vacilación—. ¿No debería haberlo dicho? Estaba bromeando.

—Casi me acuesto con Hunter. —Las palabras se le escaparon de los labios y se tapó la boca con la mano, como si pudiera hacer bajar ese secreto de nuevo por la garganta—. Joder. No me puedo creer que haya dicho eso en voz alta. —Me miró, suplicante.

—Vale. —Asentí. Quería decir algo para animarla, pero Maggie apenas me había contado nada sobre lo suyo con Hunter—. No pasa nada.

—No está bien. —Sacudió la cabeza y se dirigió al lavabo.

Colocó las manos bajo el agua fría antes de ponérselas contra el cuello, como si así pudiera calmar el ardor de la vergüenza—.

Es el ex de mi hermana, Blaire. —Me miró a través del espejo con los ojos muy abiertos y angustiados—.

Y tampoco se trata solo de que casi me acostara con él.

Es que quería hacerlo. Todavía quiero hacerlo, y no puedo.

—Vale. —Me acerqué a ella—. ¿Por qué no nos vamos de aquí? Podemos ir a tu piso y ponernos a ver películas sin parar. De camino podemos parar a comprar un bote de crema de chocolate para comer y olvidarnos de los problemas.

Ella se rio, se enderezó y cerró el grifo.

—No. —Negó con la cabeza—. Colt me mataría si te llevara conmigo esta noche.

—Colt estará bien. —Me encogí de hombros: lo decía en serio. Por mucho que quisiera estar con él, me habría ido con ella sin dudarlo.

—No. —Volvió a negar con la cabeza antes de retocarse el pintalabios ante el espejo—. Voy a volver ahí fuera. No puedo evitarlo para siempre, y no quiero que piense que me he ido por su culpa.

Maggie suspiró y cogió las toallitas de papel. Arrancó tres, se secó el cuello y trató de recomponerse.

—Yo… necesitaba desahogarme —dijo—. Por si acaso hago alguna tontería.

Me llevé los dedos a los labios como si los estuviera cerrando con llave.

—Tu secreto morirá conmigo.

—Y el tuyo conmigo. —Se rio y echó a andar hacia la puerta.

—Sí. No creo que esté haciendo un gran trabajo guardando el secreto.

Los dos nos reímos, pero en cuanto salimos por la puerta, nos quedamos paralizadas. Colt estaba apoyado contra la pared de enfrente, con una pierna doblada y cruzado de brazos. Llevaba el sombrero calado, pero era imposible no darse cuenta de que me estaba mirando.

—Disculpa, Maggie —dijo, pero no apartó la mirada de mí—. Voy a necesitar que me prestes a tu amiga.

—Es toda tuya —murmuró Maggie, pasando a su lado antes de echarme un vistazo por encima del hombro.

Sus pasos se fueron desvaneciendo por el pasillo, y el aire entre Colt y yo se volvió tan denso que me costaba respirar.

Tensó la mandíbula y se separó de la pared, dando un paso lento tras otro, hasta que su calor me invadió la piel.

Retrocedí hasta que mi espalda se apoyó contra la puerta del baño por la que acababa de salir; el metal frío supuso un choque para mi cuerpo febril.

La comisura de sus labios se curvó en una sonrisa que prometía tanto placer como castigo, y mi pulso latía con fuerza en la base de mi cuello, donde ahora se posaba su mirada.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté.

—Me has dicho que te obligara a portarte bien. —Apoyó la mano en el marco de la puerta, por encima de mí—. Así que eso voy a hacer.