Capítulo 22 #2
—Enséñamelo, cariño —gruñó, con la voz quebrada por el deseo—.
Métete los dedos y déjame ver lo mucho que me necesitas.
—Me tembló la mano al bajarla, cuando mis uñas rozaron la curva de mis caderas hasta llegar al calor punzante entre mis muslos.
Solté un gemido; las pupilas de Colt habían devorado por completo el azul de sus iris, y tenía la mandíbula tensa—.
Eso es, Blaire. Solo estamos tú y yo —dijo con voz ronca.
Sus palabras me atravesaron como una puñalada, acabando con hasta el último atisbo de duda.
Apreté con fuerza la palma de la mano contra la parte de abajo de mi bikini empapado, y se me escapó un gemido cuando la presión hizo que me recorrieran un sinfín de escalofríos—.
Joder, perfecto —gimió Colt, con tono grave y roto.
Echó la cabeza hacia atrás, dejando al descubierto el cuello; soltó una mano de la escalera y la hizo desaparecer bajo el agua oscura.
Pude ver cómo se le tensaba el antebrazo al agarrarse—.
Despacio —ordenó, devorando mis movimientos desesperados—.
Haz que me hiera tanto como me hiere quedarme despierto todas las noches pensando en ti.
Jadeé, arqueando el cuerpo ante su contacto.
—Colt…, por favor…
—Eso es. Justo ahí —me animó—. Todas las noches me acaricio pensando en cómo gritabas mi nombre.
Pensando en ti así, abierta de piernas, suplicándome que te deje correrte.
—Me acaricié con más fuerza y mis caderas se movieron violentamente contra mi mano; todo mi cuerpo se llenó de deseo y sus palabras se grabaron a fuego en mi piel—.
Te gusta la idea, ¿verdad? —siseó—. ¿Quieres que te haga suplicar por ello, Blaire?
—Asentí, incapaz de encontrar las palabras, incapaz de controlar mi reacción ante él—.
Suplícame que te deje deslizar esos dedos por debajo para que ambos podamos ver cómo chorreas por los muslos mientras te tocas.
—Por favor, Colt. —No podía creer lo que estaba haciendo—. Por favor, déjame tocarme para ti.
—Joder. —La mano que tenía bajo el agua se movió más rápido mientras que su otra mano, la que tenía en la escalera, se deslizó hasta posarse en mi rodilla, abriéndome aún más hasta que mis muslos chocaron contra el metal—.
Quítate las bragas, Blaire. Déjame ver lo que siempre ha sido mío.
—Mi mano temblaba incontrolablemente cuando aparté la tela de un tirón y deslicé dos dedos por mi sexo.
Arqueé la espalda y de mi garganta escapó un gemido que no reconocí como propio—.
Joder, Blaire —gruñó él, flexionando salvajemente el antebrazo mientras se movía bajo el agua—.
Mírate. Estás empapada. Me voy a correr viendo cómo te masturbas para mí.
—Me temblaban los muslos al hundir más los dedos en mi interior, y unos obscenos sonidos húmedos atravesaron la noche—. ¿Quieres follarte para mí, cariño?
—Sí —suspiré, y mis piernas empezaron a cerrarse, pero Colt las detuvo.
—Más —me ordenó con suavidad, y yo volví a separarlas a la fuerza—. Muéstrame todo aquello por lo que me he estado muriendo de deseo.
Un sonido a medio camino entre un sollozo y un gemido se me escapó de los labios cuando volví a separar las rodillas hasta quedar completamente expuesta, vulnerable y desesperada.
Lo único que quedaba entre nosotros era el deseo.
Todo el cuerpo de Colt se tensó, con los músculos crispados por el esfuerzo de contenerse, pero ya no pudo más.
Un gruñido gutural y salvaje brotó de su pecho, retumbando sobre el agua, y se me puso la carne de gallina hasta en el último centímetro de mi cuerpo.
Mis dedos se deslizaron por mi humedad, rozando suavemente mi clítoris, y cada movimiento me provocaba un nuevo estremecimiento en lo más profundo de mi ser.
La respiración de Colt era entrecortada y agitada.
Tenía los ojos clavados en mí y su mano se movía furiosamente, haciendo que el agua salpicara contra el muelle.
Podía oírlo, oír el sonido resbaladizo y frenético de su puño, y saber que estaba perdiendo el control por mi culpa me hacía dar vueltas la cabeza.
Levantó la mirada de mis muslos hacia mi rostro, y casi me estremecí ante la intensidad de su expresión.
—Perfecto —dijo con voz ronca—. Dame esos dedos. —En ese momento su tono era suplicante, sin rastro de arrogancia, y había algo tan crudo y quebrantado en su forma de decirlo, como si lo necesitara tanto como yo.
Con la mano temblorosa, deslicé los dedos por mi calor húmedo y los saqué, relucientes y resbaladizos, mientras el aire me daba una sensación de frío en la piel.
Colt se abalanzó sobre mí tan rápido que casi perdió el equilibrio en la escalera, y su mano resbaladiza me rodeó la muñeca como un grillete.
Todo su cuerpo temblaba con una tensión apenas contenida cuando me tiró de la mano para llevarla hacia él.
Entonces su boca se posó en mis dedos, caliente, suave e implacable.
Los chupó y los lamió, y esa visión, el contacto de su boca, el calor de su aliento, la presión de su lengua lamiendo el sabor de mi mano temblorosa me provocaron una oleada de deseo ardiente que me recorrió las entrañas.
Moví las caderas buscando más fricción, y mi mano libre se aferró a las tablas desgastadas del muelle.