Capítulo 19 #2
—Mucho —dijo, con una voz más ronca que antes, y esa palabra me acarició la piel.
¿Cómo podía hacer que algo tan inocente sonara tan obsceno?
Llevé la mano hacia atrás, junto a él, para coger mi cerveza.
Lo hice sin prisas, dejando que la piel desnuda de mi vientre rozara su antebrazo.
Sus músculos se tensaron bajo mi contacto, y el agudo silbido de su respiración entrecortada me llenó de energía.
Se quedó quieto, pero podía sentir la tensión que emanaba de él.
Me enderecé y me llevé la botella a los labios.
Di un largo sorbo, tragué y me pasé la lengua por el labio inferior.
Sus ojos no se apartaron de mí en ningún momento y, aunque el sol me calentaba los hombros y la risa de Ruby sonaba en el aire a nuestro alrededor, todo eso parecía difuminarse en comparación con la intensidad de la expresión de Colt.
Apretó con fuerza la botella con los dedos antes de levantar la otra mano y pasar los dedos por su maldito bigote, y el efecto fue tan embriagador que casi se me cayó la cerveza.
—Me alegra ver que no has perdido los abdominales. —Apunté con el cuello de mi cerveza hacia su estómago, que de alguna manera estaba mucho más definido de lo que había estado cuando tenía dieciocho años.
—Te preocupaba eso, ¿verdad? —sonrió, enarcando una ceja.
—No puedes llevar un bigote así sin tener abdominales.
—Negué con la cabeza—. Es matemática básica.
Si tienes ese bigote, pero no tienes un six-pack, das miedo.
Pero ese bigote, con esos… —Bajé la mirada hacia su vientre y, Dios mío, qué profundas eran esas líneas que desaparecían bajo sus pantalones cortos.
—Entonces, si no doy miedo, ¿qué doy? —El tono de su voz hizo que levantara la cabeza de inmediato, pero me limité a negar. Ni loca iba a terminar esa frase. Intentaba ser graciosa, pero ¿por qué tenía que ser tan guapo?
—Nada.
—No me estás mirando como si no fuera nada —bromeó, observándome, y sentí que me salía de mi propia piel.
—No es eso lo que quería decir.
Ninguno de los dos parpadeó.
El aire entre nosotros crepitó como si estuviera cargado de algo peligroso e inevitable. Sentí un cosquilleo en la piel cuando su mirada se posó en mi boca, deteniéndose allí con una intención tan descarada que casi me retorcí.
Estaba a punto de bajar la cabeza cuando él se agachó y quedó lo bastante cerca de mí como para que pudiera sentir el calor que irradiaba su cuerpo.
—¿Blaire? —dijo, con un tono de voz grave, solo para nosotros dos.
—¿Sí? —Giré un poco la cabeza, sintiendo su aliento en mi oreja, y cuando su mirada se cruzó con la mía, ya no quedaba rastro de ese humor bromista.
—¿Cuánto crees que te vas a mojar por mí hoy?
Mi mente se atascó, tropezó y se descontroló en algún punto entre la forma lenta y peligrosa en que había dicho «mojar» y el destello en sus ojos al ver cómo se me sonrojaban las mejillas.
Eso me golpeó con toda su fuerza, y juro que mi cuerpo reaccionó antes de que pudiera siquiera pensar en una réplica.
Un jadeo, un escalofrío vergonzoso y la forma en que mis muslos amenazaron con apretarse para aliviar el dolor abrumador, solo para quedar atrapados por la firme solidez de la pierna de Colt cuando deslizó su rodilla entre ellos para separarlos.
Mi pulso se disparó. Estábamos a solo unos seis metros del resto, y el riesgo de que nos vieran solo empeoraba las cosas.
Debería haber sido humillante lo fácil que le resultaba leer mi cuerpo, cómo se quedaba allí sin pudor, absorbiendo cada una de mis reacciones.
En cambio, encendió algo salvaje en mi pecho, algo que me hizo sudar las palmas de las manos, aceleró mi corazón e hizo que todo mi cuerpo se estremeciera con un pulso temerario que me llevó a apretar mis rodillas contra las suyas.
Me daba completamente igual que estuviéramos en público; me olvidé de Maggie, de McCoy e incluso de Ruby, que flotaba en algún lugar de la inmensidad del lago a nuestras espaldas.
Solo existía el calor de su muslo contra el mío, el ritmo entrecortado de su respiración y la forma en que me miraba, como si supiera muy bien qué hacía falta para llevar mi cuerpo al límite.
Intenté recomponerme, dar un paso atrás, encontrar algo sarcástico que decir para disimular mi reacción, pero lo único que pude hacer fue inhalar aire bruscamente, mientras un pequeño gemido descarado se me escapaba de los labios.
Dejó la cerveza sobre el maletero con un suave tintineo y una sonrisa; sus ojos se posaron en mis labios entreabiertos durante un segundo que me dejó sin aliento, antes de que sus manos me rodearan la cintura, con las palmas ardiendo contra mi piel.
Antes de que pudiera siquiera asimilar el movimiento, se agachó y me dio un empujón con el hombro en el estómago.
Chillé mientras el mundo daba vueltas a mi alrededor.
Se enderezó hasta alcanzar toda su altura, levantándome sobre su hombro, y mi mejilla se pegó a su espalda desnuda.
—¡Colt! —grité, dando una patada instintivamente, pero él me rodeó las rodillas con un brazo mientras con la otra mano me sujetaba la parte posterior del muslo.
La sangre se me subió a la cabeza, pero sentía un cosquilleo de excitación entre las piernas.
Su hombro se me clavaba en el estómago con cada paso, y notaba el calor de su piel contra la mía.
La vibración de su risa me recorrió el cuerpo; su mano se deslizó hacia arriba por mi muslo, hasta que sus dedos rozaron el borde de la braguita del bikini, y eso dejó un rastro de fuego en mi piel que me hizo querer suplicarle que siguiera.
—Colt Oliver Calloway, suéltame —le exigí, pero mi voz me traicionó y solo me salió un jadeo entrecortado.
—¿Me acabas de llamar por mi segundo nombre otra vez? —Su voz bajó de tono y su mano aterrizó rápidamente en mi trasero con un azote que me atravesó el cuerpo de parte a parte.
—¡Colt! —repetí su nombre, pero mi propia risa impotente lo ahogó.
El eco de su palma aún perduraba ahí, provocándome un cosquilleo que hacía que mi cuerpo entrara en un estado de excitación insoportable. Él solo me levantó aún más y el mundo se balanceó con cada zancada; y lo único en lo que podía concentrarme era en cómo sus manos me apretaban con fuerza.
—Eso es por haberme ignorado estos últimos días —dijo, sin aliento por su propia risa, mientras sus dedos se deslizaban de un lado a otro por mi muslo. No podía verle la cara, pero podía imaginar su sonrisa de satisfacción, el placer que le producía mi absoluta indefensión.
Pude oír el grito de alegría de Ruby y las risas de Maggie y McCoy desde el agua. Me retorcí, intentando enderezarme, pero Colt era un muro de músculos inamovibles. Alcancé a ver, como en una imagen borrosa, a McCoy y Maggie volviéndose para mirarnos cuando Colt alcanzó el muelle.
—¡Mira, tío Coy! —gritó Ruby; abandonó su flotador y nadó a lo perrito hacia la zona poco profunda—. ¡Papá va a tirar a Blaire al agua!
McCoy ahuecó las manos y gritó para animarlo.
—¡Así se hace, chico! ¡Tírala!
Colt cruzó el muelle con paso firme y, aunque se reía, podía sentir la tensión en su cuerpo, la expectación recorriendo cada músculo.
Con cada paso me sacudía de tal manera que me resultaba imposible no sentir el roce de su piel, el calor de su cuerpo y la certeza de que estaba disfrutando cada segundo de mis contoneos.
—Colt, no te atrevas —logré decir, con una voz que era en parte amenaza y en parte risa.
Se detuvo al borde del muelle, con las piernas bien separadas, y me movió un poco. Su palma se extendió sobre mi muslo, posesiva y firme.
—¿Prometes no volver a ignorarme? —preguntó, y ya no pude contener la risa.
Pateé con fuerza, pero su no cedió ni un ápice. Mis manos se aferraron desesperadamente a su cintura, rodeándole el torso con los brazos y agarrándome a él mientras cerraba los ojos con fuerza.
—No te prometo una mierda —resoplé y me aferré con más fuerza—. Bueno, ya tuviste tu oportunidad.
Apenas tuve tiempo de prepararme antes de que estuviéramos en el aire. Yo seguía aferrada a su cintura y él me sujetaba con firmeza. El grito que brotó de mis pulmones estaba animado por la risa antes de que nos zambulléramos en el agua.
Nos sumergimos lo bastante profundo como para sentir el frío del lago envolviéndonos.
Salimos a la superficie juntos, todavía enredados, y él me sacó del agua jadeando tanto como yo. Sus manos sobre mí eran firmes: tenía los dedos clavados en mis caderas. El muelle se alzaba sobre nosotros, y oí a Ruby gritar.
—¡Otra vez! ¡Otra vez! —Sus pasos retumbaron contra las tablas de madera.
Las manos de Colt seguían agarrándome bajo el agua; las gotas se le pegaban a las pestañas y le caían por el pelo que tenía sobre la cara.
—Eres un idiota —tosí, intentando alejarme de él, pero no me soltó.
Me pegó a él con un tirón; mi pecho chocó contra el suyo y no había duda del calor tenso que presionaba contra mi estómago a través de su bañador mojado.
—Y tú… —Hizo una pausa. Ni siquiera intentó disimular cómo sus ojos se posaban en mi boca y luego más abajo, siguiendo el recorrido del agua por mi cuello hasta la parte superior de mis pechos— eres una maldita prueba para mi voluntad.
Finalmente me soltó, pero no sin antes trazar con las manos un lento círculo alrededor de mi cintura.
Ruby bajó a toda velocidad por el muelle y se detuvo derrapando a pocos metros del borde, sacudiendo los brazos para mantener el equilibrio. Miró a Colt con las mejillas sonrojadas y el pecho agitado.
—¡Papá! ¡Cógeme!
La expresión de Colt cambió rápidamente, y pasó de ser él a ser Colt, el padre, y se le vio en el rostro todo el orgullo y la tierna devoción que sentía por su hija. Se acercó a ella con los brazos en alto.
—Vamos, pequeña. Muéstrame de lo que eres capaz. —Ruby saltaba sobre las puntas de los pies—. ¿Lista? —preguntó, mirándome de reojo.
Asentí, todavía flotando en el agua y aún aturdida por lo que acababa de pasar.