CORONA DE SANGRE
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PROLOGO
Hay pactos que nacen de la ambición y otros de la pura necesidad de supervivencia, pero los más peligrosos son aquellos que se sellan para proteger lo que de verdad importa. El frío hielo de la Bratva rusa y el fuego indomable de la mafia calé.
Aquel año, Alekséi, el heredero del imperio ruso, había aterrizado en España bajo las estrictas órdenes de su padre.
Con su imponente cuerpo entrenado para matar y unos ojos azules que reflejaban la frialdad del norte, el joven lobo creía que este viaje a Cádiz era uno más en su agenda.
Para él, se trataba de un trato frío y común de la mafia: firmar papeles, asegurar rutas comerciales y expandir el poder de su organización.
No buscaba lazos familiares, ni complicaciones, ni mucho menos un matrimonio.
Lo que Alekséi ignoraba al pisar tierras andaluzas era que el tablero de juego estaba a punto de saltar por los aires.
En las sombras de la mafia local acechaba Kemal, un hombre despiadado y obsesionado con conseguir a la hija del capo calé por las buenas o por las malas.
Una amenaza latente que obligaría a Alekséi a cambiar las reglas del juego de forma radical.
En mitad de una boda calé, rodeado de música y tradiciones que no eran las suyas, el heredero de la Bratva tomaría una decisión impulsiva y peligrosa: ofrecerse él mismo para un matrimonio de mentira.
Una unión falsa que serviría como el escudo definitivo para protegerla del monstruo que la perseguía.
Esa gitanilla tenía nombre propio: Sulamita.
La hija del capo, una mujer que desprendía una elegancia salvaje y una fragilidad aparente que escondía una columna vertebral hecha de puro acero.
Sulamita no buscaba que nadie la salvará, pero el destino la ataría irrevocablemente al frío ruso en un pacto que empezó como una farsa para mantenerla a salvo, pero que amenazaba con quemar el orgullo de ambos.
La ruleta ya había empezado a girar. El matrimonio nació en mitad de una boda calé como una mentira por protección, pero las leyes de la mafia se vuelven ceniza cuando dos voluntades tan inquebrantables colisionan.
Ninguno de los dos estaba preparado para el caos que se desataría cuando sus mundos chocaran, ni para el precio que tendrían que pagar para que esa mentira se convirtiera en la verdad más jodida de sus vidas.