Corona Cautiva (Corona Cautiva 12) Chapter 32
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Chapter 32

KAIA

Cuando alzo la vista hacia Flynn, el corazón me da un vuelco y, poco a poco, todo lo demás se desvanece.

Sus dedos se tensan sobre mi mandíbula y una pregunta calienta su mirada mientras nos observamos, así que, para responderle, me incorporo sobre las rodillas y apoyo ambas manos en sus muslos.

—Haré lo que sea —repito en voz baja, y la mandíbula de Flynn se tensa de lado por un instante.

Quiero lo que él quiera darme, aunque solo sea un beso.

En el fondo, sé que la confianza no se puede forzar, pero el hecho mismo de que Flynn esté considerando esto me hace pensar que la confianza no es el auténtico problema aquí y que algo más está ocurriendo.

¿No quiere que me vaya?

Después de lo que le hice a Angie, aunque mis razones tengan sentido, pensé que estaría deseando librarse de mí como fuera.

Pero duda, y eso reconforta mi corazón dolorido.

Sin embargo, es la única opción que nos queda. Yo lo sé y él también.

Si hay alguna manera de que consiga una última noche de sexo increíble antes de arrastrarme hacia lo que seguro será mi muerte, habrá merecido la pena.

Mi tiempo aquí, por breve que haya sido, me ha tratado mejor que todos mis años en casa, y fui demasiado ciega para verlo.

Dado lo negro que se presenta mi futuro con la mancha de Yudkin sobre mi nombre, esto es lo mejor que puedo hacer por todos los implicados.

—Kaia. —La voz de Flynn suena tensa al pronunciar mi nombre, como si siguiera debatiéndose internamente, así que le animo a rendirse y dejarse llevar deslizando lentamente mis manos por sus muslos.

—Flynn —susurro—. Las palabras no van a conseguir que confíes en mí y los hechos solo te hacen dudar. Déjame demostrártelo. Quiero hacerlo. Así que déjame.

Toda su indecisión se desvanece en cuanto mis manos se acercan a su entrepierna y él se deja caer hacia atrás en el sofá, mirándome con los ojos entrecerrados.

—De acuerdo —sus palabras caen lentas, como miel—. Enséñamelo.

Me impulso hacia delante, acomodo las manos en el pliegue de sus caderas y estiro el cuello hasta que mi boca choca contra la suya.

Y, de repente, algo se libera entre sus manos; me aferra el pelo con una fuerza abrasadora, mientras su lengua invade mi boca.

Mientras nos besamos, tiro de sus pantalones hasta que la piel del cinturón se desliza entre mis dedos, la cremallera se abre y el calor debajo de su ropa me atrae irremediablemente.

La polla de Flynn ha estado dentro de mí suficientes veces como para que mi centro palpite en cuanto la tengo en la mano, pero, de algún modo, ahora se siente más dura y gruesa en mi palma.

Gruñe en mi boca cuando le acaricio de la base a la punta, haciéndole estremecer bajo mi contacto en cuestión de segundos.

Es más excitante de lo que jamás admitiría ver cómo se pone duro en apenas unos toques.

Le muerdo el labio y él jadea justo cuando giro mis dedos alrededor de la base de su glande, y un gemido real y suave brota de él.

Me echo hacia atrás con una sonrisa burlona mientras él busca mis labios para otro beso, pero mi huida no dura demasiado.

Aprovecha su agarre en la nuca para atraerme de nuevo y besarme, chocando los dientes y nuestras lenguas en una guerra propia.

Estoy jadeando cuando me aparto, los dedos resbalan con el líquido preseminal que mana de la punta de su polla a cada caricia.

Su rostro enrojece y la vena de la mandíbula se resalta cuando cierra los dientes con fuerza y se reclina hacia atrás soltando un gruñido.

Se está desmoronando mucho más rápido de lo que esperaba.

¿Le pone que tome la iniciativa?

Deseosa de no decepcionarle, me arrodillo de nuevo y apoyo los glúteos en los talones.

Respiro hondo, me inclino hacia delante y paso la lengua plana sobre el glande de su polla.

El gemido que se le escapa a Flynn es tan diferente y dulce que no puedo resistirme a hacerlo una vez más.

Y otra.

Se está deshaciendo debajo de mí, y el orgullo me llena el pecho mientras abro los labios y me lo llevo a la boca.

El sabor terroso se apodera de mi lengua mientras su peso se posa con fuerza sobre ella, y me centro por completo en mantener la respiración acompasada mientras intento tragarlo lo más profundo posible.

Flynn aprovecha el agarre en mi pelo para empujarme un poco más abajo, obligándome a atragantarme ligeramente.

Dejo que mi mano resbale de su miembro de vuelta a su muslo y, mientras presiono la lengua contra el lado inferior de su polla, siento cómo mi centro se contrae.

Nunca le había escuchado hacer sonidos así.

Cuando se me escapa un gemido de puro deseo, sacar más y más sonidos de él se convierte en mi única meta.

Subo y bajo la cabeza, aplano la lengua, tarareo cada vez que bajo y ahueco las mejillas cuando subo.

Flynn se desmorona. Sus muslos tiemblan bajo mis manos, sus caderas se impulsan hacia arriba con esfuerzo contenido y sus manos se aferran a mi pelo como si estuviese luchando contra el deseo irrefrenable de sujetarme y follarme la garganta como si el mundo fuera a acabarse.

Parte de mí quiere que él simplemente me demuestre que hablaba en serio, y haría cualquier cosa para probarle que puede confiar en mí.

Justo cuando lo estoy pensando, Flynn se desmorona por completo y de repente se corre con un gemido, descargando una y otra vez en mi garganta, sin darme opción más que tragar con lo profundo que tiene su polla dentro de mí.

Ahí me sostiene, atrapándome momentáneamente mientras cada espasmo tembloroso de su polla hace que sus caderas se eleven y empuje aún más dentro de mi boca.

El reflejo me obliga a tragar alrededor de su polla y un sonido herido se escapa de Flynn, haciendo que sus huevos tiemblen contra mi barbilla.

No puedo respirar, pero justo cuando pienso en apartarme, Flynn de repente me saca de su polla y respiro hondo, desesperada por aire.

Apenas tengo un segundo para reubicarme y él me levanta, me lanza sobre el sofá y Flynn se coloca sobre mí, jadeando sin aliento.

—Voy a follarte como si fueras mía —gruñe sobre mí, sus manos desgarrando mi ropa mientras yo yago allí luchando por recuperar el aliento—. Y si te atreves a correrte antes de que te dé permiso, te azotaré tan fuerte que no vas a poder caminar.

—Es tentador —suspiro, y la palabra se pierde entre nosotros cuando Flynn vuelve a aplastar su boca contra la mía.

Entonces ya está dentro de mí. Vete tú a saber dónde han acabado mis bragas en medio del caos frenético de la ropa rasgada. Pero su polla se abre paso dentro de mí, una mezcla de dolor punzante y placer fulgurante, y entonces me folla como si quisiera destrozarme.

Mi mente se queda completamente en blanco.

No importa nada más que el peso brutal de su polla hundiéndose dentro de mí mientras me folla con embestidas cortas y frenéticas.

El calor recorre mis brazos y piernas, convirtiendo mi piel en un mar de escalofríos conforme cada parte de mi cuerpo se enciende de pura emoción.

Mis labios se entreabren y cada embestida arranca un sonido de mi garganta, gemidos y jadeos escapando de mis labios y Flynn los bebe como si estuviera completamente sediento.

Cuando no está besando mis labios hinchados, recorre mi mandíbula a mordisquitos y deja besos húmedos y abiertos por mi cuello hasta el hombro, donde muerde y va subiendo de nuevo a besos.

Una mano se apoya en los cojines del sofá junto a mí, mientras la otra recorre mi cuerpo, masajeando mis pechos, bajando por mis curvas y terminando por agarrar mi muslo y subirlo contra su cadera.

Desde ahí, Flynn empuja mi pierna contra mi cuerpo y la usa como apoyo para follarme más duro y rápido que antes.

Todo es un borrón.

El placer recorre mi cuerpo como un fuego arrasador que me barre de arriba abajo para finalmente instalarse bajo vientre, donde arde y crece.

Mi coño se aprieta alrededor de su polla mientras el orgasmo se acerca sin freno y sus palabras resuenan en mis oídos.

No te corras.

Intento distraerme pensando en cualquier otra cosa, pero sus ojos están clavados en los míos y me besa con tanta pasión que resulta fácil creer que de verdad soy su amante y esto no es solo sexo.

Se cuela con la lengua en mi boca, gime contra mí y sus dedos se clavan en lo más profundo de mi muslo para no soltarme.

Nada de eso me distrae de verdad.

Ni el sofá bajo mí pegándose a las zonas desnudas de mi espalda donde la ropa se ha subido, ni el cojín detrás de mi cabeza que no es tan suave como el sofá, ni las luces tras la cabeza de Flynn.

Nada.

Estoy completamente obsesionada y enredo mis dedos en su pelo mientras él me besa hasta borrar cualquier pensamiento y el aire de mis pulmones.

—No puedo —jadeo débilmente cuando se rompe el beso—. No puedo⁠⁠—.

—Sí que puedes —gruñe Flynn, hundiendo sus caderas en mí—. Puedes.

Cada negativa mía le hace follarme aún más fuerte mientras él recita que, de hecho, sí puedo.

Y, de alguna manera, lo hago.

Me folla hasta que estoy al límite, hasta que siento que ya no tengo forma y todo el placer arremolinándose en mi vientre es intenso y desesperado.

—Córrete para mí, Kaia —susurra Flynn en mi oído, y sus palabras abren el cerrojo.

Jamás me he corrido tan fuerte en mi vida. Por un instante, no puedo ni respirar.

Me quedo suspendida en el silencio, con el coño apretando y palpitando rítmicamente, masajeando la polla de Flynn y haciéndome caer de cabeza en un éxtasis absoluto y total.

No es hasta que me besa de nuevo que recuerdo respirar y lo hago con un fuerte suspiro, desplomándome de nuevo en el sofá.

Oleada tras oleada de placer me deja débil y sin fuerzas, incluso mientras las embestidas de Flynn se ralentizan y él sale suavemente de mí, besándome la frente con una ternura casi engañosa.

Creo que él también se ha corrido.

Hay tanto calor y humedad dentro de mí y no me queda energía para moverme.

Flynn se pone en pie, su polla reluce entre sus piernas y se dirige al mueble bar, regresando con dos vasos de whisky.

No tengo ni idea de dónde ha sacado una manta, pero me la coloca por encima.

Después de limpiarse y volver a guardarse la polla en los boxers, se sienta junto a mí y bebe.

Llevo mi vaso a los labios y lo imito mientras me incorporo, aún jadeando por recuperar el aliento.—Así que —suspiro suavemente—, ¿ahora confías en mí?

Flynn baja su vaso y me mira, los ojos convertidos en una tormenta de demasiadas emociones para que mi cerebro nublado por el placer sea capaz de descifrar.

—Aceptaré tu plan —dice tras un instante de silencio—. Pero quiero que sepas algo. Si le pasa algo a Eva por tu culpa, si juegas conmigo o me haces daño, que sepas que pasarás el resto de tu vida sufriendo, ¿me entiendes?

Su amenaza parece casi teatral, como si pudiera ver la preocupación en sus ojos. Tomo su mano y sus ojos bajan a mirar mis dedos.

—La traeré de vuelta —digo en voz baja—. Lo prometo, Flynn.