Corktown (Thriller del FBI de Abby Kane 1) CAPÍTULO CUARENTA Y SIETE
42%

CAPÍTULO CUARENTA Y SIETE

Un rato antes, cuando Preston subió al Explorer, Archie Becker ya lucía una sonrisa juguetona.

—Te he echado de menos —dijo—. No me devuelves las llamadas.

Preston se acercó y estuvieron besándose un rato, hasta que él se apartó.

—Lo siento. He estado muy liado. Ya sabes, época de exámenes.

—Siempre el profesor.

—Desperdiciar una mente es algo terrible. ¿No es eso lo que dicen?

—¿Y qué pasa con una erección? —Becker le guiñó un ojo mientras alargaba la mano y le agarraba la entrepierna—. Parece que al profesor le pone el alumno.

Lo acarició por encima del pantalón mientras se besaban con ganas.

—Qué bien —murmuró Preston. Después se bajó la cremallera y se la sacó para Becker, que lo acarició un poco más antes de agachar la cabeza.

El profesor cerró los ojos y se echó hacia atrás, imaginando que era su hermosa esposa Katherine quien estaba entre sus piernas.

A Preston no le iban los tíos, pero sí le iba matarlos.

Lo que hiciera falta. Era lo suyo. Además, Becker la chupaba sorprendentemente bien.

Katherine sabía que la policía vigilaba la casa de Becker: un inconveniente menor, nada preocupante.

Tendrían que encerrarlo bajo llave si querían mantenerlo a salvo.

E incluso entonces, se había jurado a sí misma que encontraría la manera de llegar hasta él.

Nada la apartaría del plan, ni siquiera un par de agentes federales. Seguía llevando las de ganar.

No le costó mucho convencer a su marido de que pasara tiempo con Becker. Tenía un apetito insaciable que necesitaba saciar. Por eso sería capaz de dejar que otro hombre se la chupara. Una boca es una boca, le había dicho ella.

Preston ya se había visto antes con Becker, siempre como ensayo.

El ingeniero era un manojo de nervios, y Katherine había sentido la necesidad de practicar para que todo saliera bien.

Siempre seguía a su marido en otro coche y aparcaba en el lado opuesto del parque.

Desde allí lo observaba escondida entre los arbustos.

Los ensayos habían pulido cualquier fallo del plan, y había llegado el momento de que Becker descubriera lo que era ver cómo la vida se le escapaba a borbotones.

Cuando aparecieron los agentes, Katherine no se sorprendió.

Se había preparado para que metieran las narices.

Cuando vio que la bajita se separaba del grupo, pensó que las cosas no podían ir mejor.

«Nunca abandones a tu compañero. ¿No es eso lo primero que enseñan en el FBI?

». Le envió un mensaje a Preston: «Están aquí. Hazlo ya».

Lástima que el alto se quedara atrás , pensó mientras se dirigía hacia él. «Cuánto me habría gustado que fuera la bajita».