Lo quería, y ese era el problema
El autobús se detuvo frente a la calle donde vivía y, antes de levantarme de mi asiento, Jordan tomó mi mano y dijo:
—No tienes que decidir nada ahora. Solo quería que supieras cómo me siento por ti—.
Me quedé ahí, mirándolo. Sin moverme ni mostrar emoción alguna. Solo estaba ahí, deseando ser otra persona. Una persona que no dejaría que un futuro desconocido sea determinado por poca esperanza.
—Jordan, no quiero decepcionarte. Quiero hablar de esto, pero… ahora no. Lo siento—.
Me bajé del autobús y entré a la casa.
No sé por qué dije eso, pero ahora comenzaba a arrepentirme. Quería regresar, abrazarlo y decirle que yo sentía lo mismo… pero cuando me di la vuelta, el autobús ya se había ido.
De repente, todos esos pensamientos comenzaron a invadir mi mente.
¿Cuándo se dio cuenta de que le gustaba? ¿Por qué decidió decírmelo ahora? ¿Y por qué?
Subí a mi habitación y me dejé caer sobre la cama.
Le oré a Dios en mi mente pidiendo dirección.
Este chico me gustaba. Me gustaba demasiado.
No puedo dejarme ser consumida por un amor que puede ser irreal.
Estoy enferma. Puedo literalmente morir en cualquier momento si mi corazón lo decide.
¿Qué pasaría con mi familia? ¿Qué pasaría con mis amigos?
¿Y, qué pasaría con Jordan? No puedo tener esta ansiedad y estrés sobre esta situación y crear una relación que me haga creer que a lo mejor Dios realmente no ha terminado conmigo.
Me quedé mirando el techo toda la noche hasta quedarme dormida.
Al día siguiente vi a Jordan hablando con Carlos en el pasillo, pero cuando me acerqué para saludarlo, me ignoró y entró a un salón de clases. Carlos me miró confundido.
—¿Están peleados? —
—No… creo que solo dije algo que lo lastimó—.
Eso siguió pasando por más de una semana hasta que, un sábado por la noche, Oliver Davis me llamó mientras estudiaba en mi habitación.
—Ofelia, perdón por molestarte, pero Jordan está borracho y no deja de decir tu nombre. Rompió todas las botellas que tomó en casa de Chad. ¿Puedes venir, por favor? —
—Dios mío… sí, voy para allá—.
Bajé las escaleras corriendo, agarré mi abrigo y fui a la casa de Chad. Cuando llegué, todos estaban saliendo. Parecía que había habido una fiesta.
Oliver y Chad dijeron que Jordan seguía en la cocina tomando cerveza y rompiendo vasos cada vez que mencionaba mi nombre. Luego se fueron a comprar comida y yo entré sola para ver qué estaba pasando. Apenas entré a la cocina, pisé un pedazo de vidrio.
Cuando levanté la vista, vi el piso lleno de cristales rotos por toda la habitación.
Entonces vi a Jordan terminar otra botella y estrellarla contra el suelo.
Se giró hacia mí y abrió una botella de vino tinto.
Parecía carísima y sinceramente esperaba que no fuera una de las botellas del papá de Chad.
—¡Hola! Qué bueno que te uniste a la fiesta—, dijo mientras bebía casi media botella. —Ahora que llegaste, deberías ayudarme a terminar esto y ver cómo termina nuestra noche—.
Me ofreció la botella para ver si bebía de ella.
—Jordan, estás haciendo un desastre—. Le quité la botella y la guardé otra vez en el refrigerador. —Déjame llevarte a casa, por favor—.
Él me miró fijamente y tomó mi mejilla con una mano.
—¿Sabes? Esta noche te ves muy hermosa—, dijo mientras sujetaba mi cintura con la otra mano.
Sí… definitivamente esto no iba a pasar.
Aparté su mano de mi cintura. —Jordan, estás demasiado borracho y luego te vas a arrepentir de esto. Así que vámonos. Ahora—.
Entonces pareció marearse y apoyó la cabeza sobre mi hombro. Olía horrible, completamente a alcohol.
Lo ayudé a llegar al baño luego de hablar con Chad y decidir que era mejor que llevarlo a su casa. Lo sostuve mientras se metía bajo la ducha y abrí el agua para que pudiera reaccionar un poco. Su ropa comenzó a mojarse y eso hacía que sus músculos se marcaran aún más.
—¿Te gusta lo que ves? —, preguntó con una sonrisa arrogante.
—Eres un idiota—, respondí salpicándole más agua en la cara. Y sí… tal vez sí me gustaba lo que veía, pero él no necesitaba saber eso.
—Chad te prestó ropa. Está sobre el lavamanos. Te esperaré en la sala—.
Salí del baño furiosa por su comportamiento esa noche.
Fui a la sala, que estaba llena de trofeos de fútbol americano de Chad. Después de limpiar la cocina, me senté en el piso junto al fuego de la chimenea.
Unos minutos después, Jordan bajó usando un hoodie azul y pantalones deportivos grises.
—Entonces… ¿Ya estás lo suficientemente sobrio para explicarme por qué tuve que venir a la fiesta de Chad porque estabas haciendo un berrinche borracho? —, pregunté mientras observaba el fuego.
—Perdón por hacerte venir y limpiar todo mi desastre.
Y por verme así. Sentí que te falté el respeto solo por emborracharme y dejar que me vieras de esa manera—.
Miró hacia la cocina, notando que ya había limpiado todo.
—No debiste limpiar por mí—. Caminó hacia donde estaba y se sentó a mi lado en el suelo.
—Y también perdón por lo que dije en el autobús hace una semana. ¿Puedes olvidarlo? —.
Jordan me miró y no sé qué fue lo que se apoderó de mí en ese momento.
—Tú no tienes que disculparte. La que debe hacerlo soy yo… por no decirte la verdad porque tenía miedo —.
—¿Miedo de qué? —
Miré sus labios… y lo besé.
Jordan cerró los ojos y sostuvo mi rostro con una mano. Sus labios eran suaves y cálidos. Se sentía como si nos hubiéramos necesitado desde siempre, aunque ninguno lo hubiera entendido hasta ahora.
Nos separamos lentamente y Jordan me miró directo a los ojos.
—Vaya… sí que sabes cómo volver loco a un chico—.
Antes de que pudiera volver a besarme, Chad y Oliver regresaron con comida de la cafetería del pueblo.
—¡Ya volvimos! —, gritó Chad entrando con dos bolsas. —¡Ofelia! Espero que no hayas estado haciendo cosas con Jordan mientras te compraba comida, porque soy un gran amigo y pensé que también tendrías hambre—.
Jordan puso los ojos en blanco y se levantó del suelo. Fue a la cocina para disculparse con Chad por el desastre que había hecho.
Cuando salió de la sala, me dejé caer de espaldas sobre el piso y suspiré.
No sabía cómo reaccionar ante la situación del primer beso con un chico.
Si, tengo que admitir que me dejé llevar por el momento, y creo que me gustó.
El fuego de la chimenea estaba en un sentido rústico romántico, nuestros ojos estaban conectados y simplemente pasó.
Pienso que lo que me gustó fue que era con la persona que quería que pasara mi primer beso, pero no era muy lindo ese sabor de alcohol tocando mis labios.
Unas semanas después de nuestro beso, las cosas ya no eran iguales. La víspera de Navidad estaba cerca y el señor Miller invitó a mi familia y a mí a una cena en su casa.
—¿Mi papá quiere hacer qué? —, preguntó Jordan mientras comía una hamburguesa en nuestros asientos en La cafetería de Nicki.
Cada uno de nosotros estábamos terminando nuestras papas fritas con las manos llenas de grasa y seguros que íbamos a salir oliendo a carne por todas las hamburguesas que nos han pasado por el lado.
—Sí. Preguntó si podíamos ir a una cena en tu casa en Nochebuena—, respondí mientras bebía mi batida de chocolate.
Entonces Carlos entró a la cafetería y se sentó junto a Jordan.
—Hola chicos. Perdón por interrumpir su cita. Ofelia, ¿el señor Miller también te invitó a la cena? —
—Espera… ¿mi papá te invitó también? —, preguntó Jordan terminando su hamburguesa.
Carlos asintió y justo después sonó su teléfono. —Perdón, es mi papá. Ya vuelvo—. Se levantó para contestar la llamada.
—Entonces…—, dijo Jordan acomodándose bien en el asiento. —Tenemos que hablar sobre… la fiesta de Chad—.
—Sí, lo sé—.
Nos quedamos callados varios minutos mirando la mesa. Sentía la voz de Pedro resonando en mi cabeza: —Díselo ahora o te arrepentirás después—.
—Jordan, hay algo que necesito decirte…—, pero Raquel Sanders me interrumpió.
Raquel era una persona problemática. Presidenta del Consejo Estudiantil, animadora y amonestadora profesional. Sí, sé que dije que en nuestra escuela no había chicas malas, pero Raquel era la excepción.
Llegó a nuestros asientos y se sentó inmediatamente al lado de Jordan, lo cual me molestó más de lo que quería admitir.
—¡Hola, Jordan! Oh… Hola, Olivia—.
—Es Ofelia—, respondí rodando los ojos.
Raquel era literalmente la única persona en el mundo que no soportaba. Me
irritaba demasiado. A veces hasta me daban ganas de golpear su carita perfecta. Incluso Pedro la odiaba, y él ni siquiera iba a nuestra escuela.
—Como sea. Mañana haré una fiesta después del partido de fútbol. Deberías ir—, dijo acomodándose el cabello castaño sedoso.
Aunque Raquel era horrible por dentro, también era una de las chicas más bonitas de la escuela. Tenía unos ojos azules profundos en los que casi todos los chicos caían y una piel perfecta. Era perfecta. Excepto por su personalidad asquerosa.
—Eh… claro, lo pensaré—, respondió Jordan quitando su brazo de encima con evidente incomodidad.
Yo podía notar perfectamente que Raquel estaba interesada en Jordan. Y también podía notar que Jordan no sentía absolutamente nada por ella.
Y eso, sinceramente, me parecía perfecto. Raquel sonrió y luego se fue a recoger su orden.
Carlos regresó después de la llamada y volvió a sentarse junto a Jordan.
—¿Quién era esa? —, preguntó robándole unas papas fritas del plato a Jordan.
—Esa era Raquel Sanders… o como yo le digo: "La gobernante suprema de todo lo malvado"—, respondí.
Jordan y Carlos se miraron sorprendidos por lo que acababa de salir de mi boca y comenzaron a reírse.
Había notado que Jordan y Carlos tenían una amistad increíble. Eran inseparables. Siempre estaban sincronizados cuando hablaban y siempre parecían divertirse juntos.
Si fueran hermanos, honestamente no me sorprendería.
—Eres una gran persona, Ofelia. No me sorprende que Jordan está prácticamente enamorado de ti—, confesó Carlos antes de cubrirse la boca.
—Ups… no debía decir eso—.