Corazones frágiles Y entonces me lo dijo #2
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Y entonces me lo dijo #2

—Pedro… no quiero que él sepa sobre mi condición del corazón y pase su primer amor de escuela superior preocupado de que pueda morir en cualquier momento—.

Pedro se quedó en silencio. Los dos lo hicimos. Él odiaba cuando decía cosas así.

—Ofelia, sé que piensas que vas a morir, pero tienes que dejar de permitir que esos pensamientos definan la manera en que quieres vivir tu vida. Si sigues dejando que controlen todo, después te vas a arrepentir—, dijo.

Tomé una respiración profunda y me puse a pensar.

Siempre he tenido miedo de lo que la vida pueda traerme.

A veces incluso elijo olvidar ciertas cosas y seguir adelante.

Pero el hecho de que podría morir en cualquier momento era algo que jamás podía ignorar.

Jordan no merecía cargar con más dolor del que ya había sufrido con perder a alguien en su vida.

Así que traté de no provocar de nuevo lo que pasó durante la película.

Han pasado días desde lo que ocurrió entre Jordan y yo, y las cosas se han vuelto un poco incómodas. Jordan seguía yendo a mi casa para las lecciones bíblicas, pero durante las últimas semanas había sido mi papá quien nos las daba en vez de dejarnos solos a Jordan y a mí.

Todos habían notado que, aunque todavía pasábamos tiempo juntos, algo se sentía extraño. Incluso almorzar en la cafetería era raro. Yo ya estaba cansada de eso, pero tampoco quería volver a hablar del tema.

Un día caminaba por los pasillos dibujando en mi libreta cuando accidentalmente choqué con alguien. Él se dio la vuelta y me ayudó a recoger mis cosas. Era alto, de cabello oscuro, ojos misteriosos y bastante guapo, aunque también parecía tímido y amable. Nunca lo había visto antes en la escuela.

—Lo siento mucho por hacer este desastre—, se disculpó.

—Está bien—, respondí levantándome. —¿Eres nuevo aquí? ¿Cómo te llamas? —

—Carlos Everdeen. Me mudé ayer al pueblo. ¿Cuál es tu nombre? —, preguntó extendiendo la mano para saludarme.

—Ofelia Jackson, mucho gusto—, dije estrechando su mano.

Su rostro mostró sorpresa por un instante. Como si algo lo hubiera impresionado.

—¿Quieres que te enseñe la escuela? —

—Sí, por favor. Estoy un poco perdido y el estudiante que debía enseñarme nunca apareció—, respondió.

Entonces comenzamos a recorrer los pasillos. Le mostré los pasillos donde dedicaban los trofeos de logros estudiantiles de todos los años académicos de la escuela. Había casilleros pintados por las clases graduandas de los que son de tercer año en la escuela superior.

Mientras caminábamos hacia la cafetería, me contó que su papá era el CEO de una gran compañía y que él había vivido aquí cuando era niño, pero tuvo que mudarse por el trabajo de su padre.

Carlos regresó porque a su mamá le ofrecieron ser la dueña de un restaurante muy conocido del pueblo, y él estaba realmente feliz por eso.

Llegó la hora del almuerzo y le dije que se sentara conmigo para que no estuviera solo. Nos sentamos cerca de la ventana porque quería ver caer la nieve. También le advertí sobre la señora Thomas y lo cruel que podía llegar a ser.

Fue entonces cuando Jordan apareció caminando hacia nosotros.

—Carlos, él es…—

—¿Jordan?—, dijo Carlos interrumpiendo mientras se levantaba.

Entonces Jordan abrazó a Carlos como si lo conociera toda la vida.

Yo no entendía qué estaba pasando, pero ver a Jordan tan feliz me hizo sonreír.

—¿Qué haces aquí, hermano? —, preguntó Jordan sentándose junto a Carlos.

Carlos comenzó a contarle sobre su mamá y la oferta del restaurante. Jordan se veía demasiado feliz cuando Carlos le dijo que ya no tendría que volver a mudarse y que estaba contento de reencontrarse con su amigo de la infancia.

Al parecer hablaban en línea todo el tiempo, y por eso Carlos se sorprendió cuando me vio. Creo que Jordan me lo debió mencionar algunas veces, porque por la expresión de su rostro parecía un poco avergonzado.

Después de clases, Carlos quiso que fuéramos a su casa a tomar una taza de café. Llamé a mi mamá para decirle que llegaría un poco tarde y luego nos subimos a su automóvil, que era exageradamente lujoso. Sabía que era rico, pero no imaginaba que tanto.

Llegamos a su casa y era enorme. Por fuera tenía paredes de madera marrón, ventanas negras y un hermoso columpio en el balcón.

El interior también era precioso y extenso.

Había fotos de Carlos y su familia desde que él era pequeño hasta ahora.

La cocina era espaciosa y la sala tenía una televisión de pantalla enorme, casi de un cine.

Fuimos a su habitación, y estaba increíblemente ordenada. Su cama estaba entre dos estanterías llenas de libros fascinantes, y había pósteres de diferentes bandas cubriendo las paredes.

—¡Tu habitación es increíble! —, dije mientras observaba los libros.

—Gracias. Me encanta leer y le pedí a mi papá que hiciera mi habitación así—, respondió sentándose al borde de la cama.

Entonces alguien tocó la puerta. Era la mamá de Carlos. Tenía una piel morena perfecta y unos rizos hermosos. Ni siquiera habían pasado cinco minutos y ya estaba celosa de ella. Era demasiado bonita.

—Bueno, hola, chicos. ¿Ese es Jordan Miller? —, dijo la señora Everdeen mientras abrazaba a Jordan y le llenaba el rostro de besos. —¡Has crecido muchísimo! Y también te has puesto muy guapo—.

Luego me miró y sonrió.

—¿Y cómo te llamas tú, cariño? —

—Ofelia Jackson. Mucho gusto, señora Everdeen—, respondí.

Ella me abrazó inmediatamente. Creo que era el tipo de persona que abrazaba a todo el mundo.

Nos dijo que bajáramos a la cocina porque nos prepararía algunos bocadillos y café. Todo estaba delicioso.

Después llegó el señor Everdeen y conversó un rato con nosotros sobre su compañía. También dijo que le alegraba que Carlos ya tuviera buenos amigos.

Jordan y yo salimos de la casa de Carlos y tomamos el autobús. No había nadie más aparte de nosotros y el conductor.

Nos sentamos uno al lado del otro, y todo se sentía extraño porque no hablamos en absoluto.

Entonces Jordan tocó suavemente mi hombro.

—Tenemos que hablar sobre lo que pasó—, me dijo.

Claro. Fue directo al punto.

—¿Sobre lo que estuvo a punto de pasar? —

—Preferiría olvidarlo y seguir adelante—, respondí mirando mis pies para evitar hacer contacto visual.

—Pero yo no—, dijo Jordan.

Por favor… no lo digas.

—Me gustas, Ofelia. Mucho—.