Corazón de León (Los Cambiantes Kinkaid nº 1) 11 #3
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Probablemente ella pensaría que estaba siendo sobreprotector, pero los Venifucus podrían ir a por ella simplemente porque vivía en la zona y se llevaba bien con las ancianas. No quería asustarla, pero tendría que hacerla consciente de la amenaza durante el camino de vuelta.

La mantuvo al teléfono hasta que se detuvo frente a donde ella estaba sentada.

Ambos terminaron la llamada y ella sonrió mientras se levantaba y subía de un salto a la camioneta.

Él se habría bajado para abrirle la puerta, pero estaban en la zona de carga y descarga de urgencias y no podían entretenerse.

—Gracias por venir a buscarme —dijo ella mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.

—Es un placer —dijo él, maniobrando para esquivar una ambulancia que llegaba mientras se dirigía de nuevo a la calle.

Sintió la veracidad de sus propias palabras. Realmente era un placer volver a verla y hacer cosas para ayudarla. Cuanto más la conocía, más deseaba estar cerca de ella. Su gato interior quería estirarse y frotar su melena contra ella en una caricia prolongada.

Tranquilo, gatito.

—Hay algo que debes saber —empezó a decir, no muy convencido de lo que tenía que contarle, pero sabiendo que ella necesitaba saberlo todo para mantenerse a salvo—.

Esa gente que tiene como objetivo a tus ancianas amigas también podría estar vigilándote a ti, simplemente porque se sabe que te llevas bien con ellas.

Podrían incluso pensar que eres una especie de aprendiz de bruja o algo así. No lo eres, ¿verdad?

Ella estalló en carcajadas. Él la miró con curiosidad, pero ella controló rápidamente su risa y se giró para mirarle mientras conducía.

—No soy bruja ni tengo aspiraciones en esa dirección.

Me dijeron que sentían algún tipo de magia a mi alrededor, pero no saben qué es —admitió ella—.

Me dejaron entrar en su círculo solo para ver si podían resolver el enigma que yo representaba.

Pero también me obligaron a prestar un juramento para guardar sus secretos, a menos que se me diera permiso específico para hablar con alguien de ellos o si la magia que utilizaban reconocía una amenaza para el aquelarre.

No sé cómo funciona, pero nunca he sido capaz de hablar de ellas excepto contigo.

—Me siento halagado. Creo —le dijo, lanzándole un pequeño guiño.

El sol se había puesto hacía horas, pero la camioneta tenía ajustes de luz ambiental en la cabina que él había regulado solo para ella. Podía ver lo suficientemente bien en la oscuridad como para conocer cada una de sus expresiones.

Ella se estaba sonrojando un poco, y él se preguntó por qué.

Deseó ser mejor flirteando con mujeres humanas, pero había estado demasiado preocupado por su trabajo la última década como para involucrarse en alguna relación seria.

Su león interior simplemente no se había interesado en nada a largo plazo con ninguna de las mujeres con las que se había acostado.

Cuando el león eligiera a su pareja, sería para toda la vida.

Era una cosa de cambiapieles. Casi todos los cambiapieles se emparejaban de por vida, salvo raras excepciones. Algo en la forma en que se mezclaban los espíritus humano y animal creaba una necesidad muy especial de una pareja para siempre, no solo una serie de aventuras de una noche.

No era una garantía que cada cambiapieles fuera a encontrar a su pareja, pero la mayoría creía que la Madre de Todos intervenía en tales asuntos y que, para cada cambiapieles, existía una pareja única, especial y perfecta.

Rich había pensado en encontrar a la suya en algún momento en el futuro, pero no sabía cómo ni cuándo, ni siquiera si llegaría a ocurrir.

No todo el mundo tenía la suerte de descubrir a su pareja perfecta.

Pero algo en Meg había hecho que su león se irguiera y se fijara en ella.

Podía sentir a su león observándola a través de sus ojos humanos, considerando lo que ella podría significar para ambas mitades de su alma en el futuro.

Si es que significaba algo. Lo único que sabía era que quería —no, necesitaba— ver a dónde podía conducir aquello.

Lo cual significaba que tenía que acercarse más a ella de la manera que ella le permitiera.

Iría despacio para no asustarla, pero haría que su relación avanzara paso a paso, de forma agónica y tentadora.

Eso empezaba ahora. No iba a esperar a que terminara este operativo.

No iba a seguir dejando su vida y su posible felicidad futura en suspenso porque hubiera amenazas en el mundo a las que tuviera que enfrentarse.

—Entonces, ¿el aquelarre llegó a averiguar de qué iba tu magia? —preguntó él cuando el silencio se prolongó un poco.

—No. —Ella sacudió la cabeza—. Lo más parecido que pudieron deducir fue que tal vez tenía un ADN mágico latente, a falta de una descripción mejor, pero que no se había manifestado realmente.

Se especula que pudo haber una bruja o algún otro tipo de ser mágico en mi ascendencia en alguna parte, y que heredé solo un rastro de su magia, pero no lo suficiente como para que nadie en el aquelarre pudiera averiguar exactamente de qué tipo podría ser.

—Tal vez tengas sangre de sirena —reflexionó él, bromeando.