Capítulo 6
CAPÍTULO SEIS
Cara las llevó en coche a un pequeño club algo apartado del centro de la ciudad.
No era tan glamuroso como había sido el Parade, ni tan nuevo ni tan moderno.
La fachada era de un negro desvaído, y en el escaparate delantero había un pequeño letrero de neón que hacía juego con el cartel de fuera, que decía Inclusio.
En este sitio había un portero comprobando los carnés.
Los dejó pasar a Cara y a Izzy sin pensárselo dos veces, y Cara las guio hacia la pequeña barra que había a un lado.
Las dos se sentaron y Cara pidió las copas, un JB con Coca-Cola para ella y un mojito para Izzy.
—Te has acordado —dijo Izzy con una risa, mientras el camarero se alejaba a preparar las bebidas.
—Tengo buena memoria. —Sonrió.
—Sobre lo de hoy…
—No hablemos de eso esta noche —dijo Cara, girándose en el taburete para mirarla—. Esta noche, solo vamos a beber y a pasarlo bien. Mañana y todos los días que vengan, si necesitas desahogarte con alguien por lo que ha pasado, ahí estaré. No te hará ningún bien darle vueltas esta noche.
¿Entendía Cara lo difícil que iba a ser eso?
Había sido lo único en la cabeza de Izzy desde que ocurrió.
Todos sus pensamientos giraban de algún modo en torno a lo sucedido.
¿Cómo iba a mejorar las cosas beber? Iba a ser un desastre, pero podía intentarlo a la manera de Cara.
Ella tenía más experiencia en esta clase de situaciones que Izzy.
—Está bien —accedió—. Acepto el trato.
—Bien. —Cara sonrió, y sus copas llegaron a los pocos segundos de que hubiera hablado.
No tardaron mucho las dos en despachar la primera copa y luego la segunda, para pasar a la tercera.
En ese tiempo, Izzy había averiguado que Cara era la única chica en una familia llena de chicos.
Averiguó que, antes de ser sanitaria, Cara había trabajado en el cuerpo de bomberos.
Le había gustado la parte de primera intervención del trabajo.
Era donde se sentía más útil, así que volvió a estudiar para sacarse el título de sanitaria.
Adoraba su trabajo. La mantenía ocupada; tenía un horario estable, y oía tantísimas historias interesantes de gente distinta.
Los hombros de Izzy se hundieron un poco.
Ella no tenía ninguna historia asombrosa, ni siquiera interesante, que contar.
Su experiencia vital era, desde luego, menor.
Sabía que iba a ser cirujana desde niña.
Al principio quería ser cirujana de urgencias, pero sus padres dejaron claro que la querían cirujana cardiotorácica como su padre.
Así que se pasó a lo segundo. Los últimos años de su vida los había pasado estudiando y quedando la primera de su promoción, solo para poder ganarse su puesto en el City General.
—¿De verdad quieres ser cirujana cardiotorácica? —preguntó Cara cuando iban por la tercera copa.
La pregunta era la misma que Izzy se hacía cada día.
¿De verdad quería dedicarse a la cirugía cardiotorácica?
Después de lo de hoy, la respuesta era que no estaba segura.
Nunca había sido su pasión, ni siquiera sentía que fuera una decisión que hubiera tomado ella, más bien una decisión que habían tomado por ella.
La idea de ser cirujana de urgencias parecía más emocionante, menos rutinaria.
Podían pasar tantas cosas distintas en esa situación.
Los problemas de corazón eran repetitivos.
Dando un sorbo a su copa, Izzy se encogió de hombros.
—No lo sé, pero ya estoy aquí. No quiero tener que empezar de cero, ¿sabes?
—¿Así que prefieres vivir tu vida infeliz antes que volver a empezar?
Izzy se encogió de hombros otra vez.
—No voy a ser infeliz. No odio lo que hago ahora. O sea, seguro que siempre tendré la curiosidad de si hay algo más ahí fuera. Pero estaría a gusto —dijo Izzy, dando otro trago.
—Bueno, lo que te haga feliz. Yo iría a por lo que te hiciera feliz.
No siempre puedes hacer lo que tu familia quiere que hagas.
—Suspiró—. Créeme, la mía desearía que sentara la cabeza y tuviera hijos, pero soy demasiado joven para eso ahora mismo.
Quiero a mi familia, pero quiero estar a gusto conmigo misma.
Izzy sintió la tentación de hacer preguntas.
Sobre todo sobre eso de que Cara sentara la cabeza.
Sabía que no era asunto suyo, pero le interesaba.
Izzy apenas sabía nada de Cara, pero no parecía la clase de persona que fuera a sentar la cabeza jamás.
Daba una impresión de ser muy salvaje y libre.
Mantuvo la boca cerrada, bebiendo de su copa.
Otra copa más y las dos se habían alejado de los temas más profundos. Cara se terminó lo que le quedaba en el vaso e Izzy la imitó. Antes de que Izzy pudiera decidir si pedía otra o no, Cara le estaba tomando la mano.
—Vamos a bailar —dijo.
¿Cómo iba a decir que no?
Izzy se dejó arrastrar a la pista de baile.
Sus cuerpos se pegaron igual que la primera noche.
No resultó lo más mínimo incómodo ni extraño; al contrario, casi se sintió natural.
Los brazos de Izzy rodearon el cuello de Cara y Cara le pasó los suyos por el cuerpo, asegurándose de que quedaran bien pegadas.
No supo si era el alcohol o lo cerca que estaban las dos, pero Izzy no pudo evitar recordar la noche que habían pasado juntas. Estar así de cerca le mandaba un cosquilleo por todo el cuerpo, y a juzgar por las manos errantes de Cara, ella sentía lo mismo.
—¿Nos vamos juntas a algún sitio? —preguntó, plenamente consciente de que había una posibilidad de quedar como una idiota.
Esa no había sido su intención al aceptar salir con Cara esa noche, pero era tan magnética como cuando se conocieron. Izzy se sentía incapaz de controlar cuánto la deseaba.
Esperó la respuesta de Cara, y se le formó un nudo en la garganta cuando tardó más de lo que le pareció necesario. Hasta ese momento, nada de aquel día parecía estar bajo su control. Cuando Cara por fin le sonrió y dijo «Sí», a Izzy no la inundó otra cosa que alivio.
No esperaba que Cara la atrajera para un beso, allí mismo, en mitad de la pista de baile, pero cuando lo hizo, Izzy se lo devolvió. Se puso de puntillas para poder inclinarse hacia el beso mientras Cara la sostenía.
Cuando se separaron, Cara volvió a hablar.
—¿A mi casa esta vez? Está más cerca.
Izzy asintió con ganas. Mientras se dirigían a la puerta, Cara pidió un Uber. Era como la última noche que habían estado juntas, repetida. Se sentaron atrás juntas, lo más cerca posible, con los cuerpos vibrando de emoción. A Izzy le costó todo lo que tenía no inclinarse y besarla.
El edificio no era tan nuevo como el de Izzy.
No era tan lujoso, pero seguía estando bien y en una zona decente de la ciudad.
Subieron prácticamente corriendo los tres tramos de escaleras y recorrieron el pasillo hasta la puerta de Cara, con ella abriendo camino.
Una vez abierta la puerta y las dos dentro, fue de nuevo una repetición de la última vez que habían estado juntas.
Esta vez no hubo el menor titubeo. Sabían lo que hacían.
Sabían lo que le gustaba a la otra. Cara apretó a Izzy contra la puerta, con las manos en su cintura, mientras sus labios se movían juntos.
Sus labios se separaron, las lenguas enredándose.
Cara seguía sabiendo a JB con Coca-Cola, e Izzy supo que nunca podría beberse uno sin pensar en ella.
Cuando el beso se rompió, Cara cambió las cosas. Le llevó las manos al trasero a Izzy y la levantó. Izzy le rodeó la cintura con las piernas y Cara la sostuvo ahí con facilidad. Sus labios volvieron a encontrarse mientras Cara la llevaba en brazos, tomando el control absoluto de la situación.
Cara la dejó caer de espaldas sobre la cama sin hacer.
Era justo lo contrario del apartamento ordenado de Izzy, pero a Izzy le dio igual.
Lo único que le importaba en ese momento era tocar el cuerpo de Cara y tener las manos de Cara sobre el suyo.
No tenían ninguna definición de qué era aquello ni de qué eran ellas…
¿Amigas? ¿Amigas con derecho a roce? ¿Algo más?
¿A quién coño le importa cuando se está tan bien?
El beso se ahondó a medida que las manos de Cara empezaban a recorrer el cuerpo de Izzy.
Le desabrochó los vaqueros y se los bajó por las caderas hasta el suelo del dormitorio.
Los vaqueros de Cara siguieron el mismo camino, igual que su camiseta, y luego la de Izzy.
Apenas conseguían quitarse las manos o los labios de encima, con el deseo guiando cada gesto.
Por primera vez, la mano de Cara subió al pecho de Izzy, ahuecándolo y frotando el pulgar sobre el encaje y el pezón endurecido que había debajo.
Izzy recordó la desesperación que había sentido la última vez, sin desear otra cosa que Cara la tocara.
Ahora por fin lo hacía. Arqueó el pecho hacia la mano de Cara, instándola en silencio a seguir con lo que hacía.
Sin perder tiempo, Cara le quitó el sujetador, lo que le permitió succionar y morder sus pezones.
Los gimoteos de Izzy se convirtieron en gemidos quedos, y la propia Cara se excitaba cada vez más.
Le encantaba ver a Izzy así: los ojos entornados, los labios llenos entreabiertos en suspiros de placer, la piel encendida.
Los sonidos que hacía le mandaban una contracción aguda por el cuerpo.
Cuando dejó de tocarla, Izzy hizo un puchero.
Se incorporó sobre los codos, y sus ojos castaño oscuro se clavaron en los de Cara con una pregunta.
Antes de que pudiera decir nada, Cara le sonrió.
—¿Qué te parecen los juguetes?
—Eh… ¿como un vibrador?
—Estaba pensando más bien en un arnés. —Cara se quedó suspendida sobre Izzy un momento, y una expresión de vacilación le cruzó la cara. ¿Estaba forzando demasiado, demasiado pronto?
La sonrisa de Izzy se ensanchó.
—Me encantaría.