CONTRATO CON LA MAFIA EPÍLOGO
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EPÍLOGO

Daniel

Acabábamos de regresar de nuestra luna de miel en Grecia. Naomi estaba cada vez más ocupada con el holding y yo ocupaba un puesto a su lado, apoyándola en todo lo que fuera necesario.

A veces trabajábamos juntos en su despacho hasta altas horas de la noche, pero nunca me había sentido tan feliz en toda mi vida. Ella era una mujer excepcional; había conseguido desvincular al clan de cualquier actividad ilícita.

Yo todavía necesitaba que ella me orientara en algunas cuestiones, pero ya actuaba como asesor informal de seguridad corporativa para ella y para el holding.

Ya estaba físicamente recuperado. La pesadilla de haber estado a punto de morir había quedado atrás y ahora me veía prácticamente de vuelta a mi antigua forma física, después de una rigurosa rutina de entrenamiento.

Obasan Sumiko nos había enviado una carta para felicitarnos por nuestro matrimonio. Había encontrado a mi antiguo sensei, Musashi, y decía que estaban viviendo juntos en Tokio. Me sorprendió saber que él se había retirado de su vida como mercenario.

Jonás era una incógnita. Hacía algún tiempo que no tenía noticias suyas y, en la comisaría, me informaron de que había solicitado una licencia no remunerada para ocuparse de asuntos personales. Ya estaba preocupado, pues desde que yo había resultado herido todavía no había regresado.

Mi contacto en Japón no sabía nada de Yumi, salvo que la mafia italiana había puesto precio a su cabeza.

Me pregunté si existía la posibilidad de que ella tuviera algo que ver con la masacre de unos miembros de la 'Ndrangheta que se encontraban reunidos en un lujoso yate frente a la costa de la isla de Capri y que había sido noticia en los medios internacionales.

Observé a Naomi mientras se cambiaba de ropa; íbamos a asistir a un evento social patrocinado por el holding Asano.

De repente, sonó mi teléfono. Según el identificador de llamadas, era una llamada internacional.

—¿Daniel? —reconocí la voz al contestar.

—Jonás —respondí, sorprendido.

—Necesito tu ayuda —dijo sin darme tiempo a hacer ninguna pregunta y comenzó a contarme los detalles que necesitaba conocer.

Antes de responder, miré a Naomi, que me observaba atentamente con expresión preocupada. Comprendía el significado de aquella petición: Jonás estaba encontrando dificultades en su misión en solitario.

Conociendo a Yumi, si iba a ayudarlo, seguramente me vería involucrado en alguna situación de extremo riesgo. No podía llevar a Naomi conmigo, precisamente ahora que por fin había encontrado la felicidad a su lado y teníamos planes de ampliar nuestra familia.

Si decía que no, nadie podría culparme. Al fin y al cabo, mi antigua compañera era una asesina internacional que casi había matado a la mujer que amaba.

Pero Jonás había salvado la vida de Naomi; si no hubiera llegado en el momento en que yo estaba imposibilitado para defenderla, no tenía ninguna duda de que Yumi la habría ejecutado.

Naomi inclinó ligeramente la cabeza, como si nuestra conexión le permitiera saber lo que estaba ocurriendo.

—Cuenta conmigo —respondí finalmente.

Giri, pensé para mis adentros. Estaba ligado a una deuda de honor.

La historia de Yumi y Jonás continúa en LA CACERÍA.