Capítulo 19Grant
GRANT
John me despertó de un zarandeo la mañana siguiente a la inmersión en la cueva.
—Tienes que ver esto —fue lo único que dijo.
Me incorporé en el catre, con la mano izquierda rígida y dolorida, mientras la luz de la mañana se colaba por las ventanas de la nave. Dixon estaba de pie junto al portátil, con una taza de café y la expresión que ponía cuando estaba procesando algo importante.
—¿Qué ha pasado? —pregunté.
—Lee esto —dijo John, y me tendió una carpeta.
Dentro había un Informe de Información de Inteligencia (IIR). Un documento que se genera cuando una agencia recibe información relevante para las operaciones o los intereses en curso de otra. El asunto decía:
ACTIVACIÓN DE BALIZA DE EMERGENCIA POR SATÉLITE, QUINTANA ROO, MÉXICO, POSIBLE RELACIÓN CON INCIDENTE NOTIFICADO DE EMBARCACIÓN DE BUCEO.
Leí el resumen.
Referencia: cable MC-2024-04892 del LEGAT del FBI en Ciudad de México
Hundimiento notificado de embarcación comercial de buceo, Xcalak, Quintana Roo, México.
A las 08:47 hora local (13:47Z), un comunicador por satélite Garmin inReach Explorer, número de serie 4GJ-7729841, registrado a nombre de Harry Miller, de Mount Olive, Nueva Jersey, Estados Unidos, transmitió una señal de emergencia SOS a través de la red de satélites Iridium.
Las coordenadas incluidas en la transmisión situaban el dispositivo en 18,2614° N y 87,8281° O, posición compatible con la zona costera al sur de Xcalak, Quintana Roo, México, y dentro del área aproximada de operación de la embarcación de buceo desaparecida antes referida.
La alerta SOS se remitió al contacto de emergencia designado por el titular, Jeremy Miller, de Florence, Montana, Estados Unidos.
Jeremy Miller se puso en contacto posteriormente con la agente especial al mando Susan Anderson, del FBI en Salt Lake City, quien trasladó los siguientes datos al agregado jurídico (LEGAT) del FBI en Ciudad de México, Ricardo J.
Delgado. Jeremy Miller informó de que su padre, Harold Miller, y su madre, Linda Miller, viajaban como pasajeros a bordo de una embarcación de buceo recreativo que operaba en aguas de la península de Yucatán.
Jeremy Miller declaró que el matrimonio lleva aproximadamente cuatro días sin dar señales tras la conclusión prevista de su excursión de buceo.
El LEGAT de Ciudad de México valora que esta activación de baliza puede guardar relación con el incidente de la embarcación de buceo antes referido. Se remitirá información adicional a medida que esté disponible.
Releí las coordenadas, fui hasta el mapa de la pared, busqué el complejo que llevábamos días vigilando y las comparé. Los números coincidían. No más o menos. No casi. Exactamente. Las coordenadas GPS del inReach de Harry Miller estaban a menos de cincuenta metros del centro del complejo del CBA.
—Andi marcó el IIR en cuanto llegó al centro de operaciones —dijo Dixon—. Reconoció las coordenadas y me llamó al teléfono por satélite antes de que el informe terminara de circular por el sistema.
La cabeza me iba a mil. Las firmas térmicas agrupadas que Andi había localizado, y el edificio vigilado, eran compatibles con la presencia de los rehenes en el lugar, pero no eran concluyentes.
Ahora, cada dato que llevábamos dos días mirando quedaba confirmado por un comunicador por satélite de trescientos dólares y por alguien con la sangre fría suficiente para activarlo.
Me quedé un buen rato delante del mapa, mirando el complejo. Mi hijo y los demás estaban a unos metros de donde nosotros habíamos estado apenas unas horas antes. Había estado así de cerca y no lo había sabido con certeza. Ahora lo sabía.
Salí de la nave y llamé a Stephanie Gage. Contestó en un susurro, seguramente de servicio, un metro por detrás del vicepresidente en algún acto.
—Soy Grant. Tenemos confirmación. Los rehenes están en la ubicación objetivo.
La oí soltar el aire.
—¿Hasta qué punto es sólida la información?
—Una posición GPS de un dispositivo que está dentro del complejo. Corroborada por la vigilancia con dron. Es el sitio.
—¿Cuándo entráis? —preguntó.
—Pronto. Estoy colocando las últimas piezas. Dile al vicepresidente que estamos avanzando. No necesita detalles. Solo necesita saberlo.
—Se lo diré. Él aguanta, pero por los pelos. El jefe de gabinete está haciendo preguntas sobre por qué lleva días distraído.
—Necesito entre cuarenta y ocho y setenta y dos horas más. Después ya dará igual.
—Se lo haré saber. —Hizo una pausa—. Y, Grant, tened cuidado, John y tú.
—Siempre lo tenemos.
—No, no lo tenéis. Por eso lo digo.
Colgó. Marqué el número de Andi en el GRC.
—Spectre One-Five —contestó.
—Soy Grant. He leído el IIR.
—Entonces ya tienes la confirmación. —Hizo una pausa—. Grant, hay algo más. Dos cosas, en realidad, y ninguna te va a gustar.
—Adelante.
—Primero: la NSA ha interceptado comunicaciones desde dentro del complejo y las ha derivado al GRC. Un sujeto no identificado en un teléfono por satélite, hablando del traslado de activos a una ubicación secundaria. Se ha usado la palabra huéspedes tres veces.
Huéspedes . El eufemismo que usaban los cárteles para los rehenes.
—Van a moverlos —dije.
—Esa es mi valoración. La NSA no ha podido determinar la fecha concreta, pero el lenguaje sugiere días, no semanas.
Se me encogió el estómago. La ruta por la cueva, el cenote: todo giraba en torno a aquel complejo. Si el CBA trasladaba a los rehenes a otro sitio, o peor, los repartía entre varios, todo lo que habíamos montado se vendría abajo.
—¿Cuánta confianza tienes en la interceptación? —pregunté.
—Confianza alta en el contenido. Confianza moderada en la interpretación. Podrían estar hablando de mover producto, no personas. Pero huéspedes es específico. Y el tono era urgente.
—¿Cuál es la segunda cosa?
—Estoy viendo más actividad en la carretera de la costa. Convoyes inusuales de hombres armados entrando en la zona. Parece que otro cártel está desplegando fuerzas.
—¿Alguna idea de quién? —pregunté.
—Nuestra mejor estimación es Los Jaguares Rojos. Las zonas de concentración coinciden con los patrones operativos del LJR en el corredor de Bacalar.
Miré a Rafa, que escuchaba la conversación sentado a la mesa de mapas con una taza de café. Asintió.
—¿A qué distancia están del complejo? —pregunté.
—La zona de concentración más cercana está a unos treinta kilómetros al sur, junto a la carretera, cerca de Bacalar. Si avanzaran en masa, podrían llegar al complejo en menos de una hora. Mi valoración es que están planeando un golpe contra el CBA.
Lo pensé un momento, con una idea que empezaba a formarse en el fondo de la cabeza.
Antes de que colgara, Andi añadió una cosa más.
—También estoy vigilando los canales policiales y la información de fuentes abiertas.
A día de hoy, el secuestro no es de dominio público.
Ninguna cobertura mediática, ninguna denuncia de desaparición presentada en Estados Unidos, ningún familiar haciendo ruido en las redes sociales. Pero eso no va a durar mucho más.
—Entendido —dije—. Trident Actual, corto.
—Bien, ya tenemos la confirmación —les dije a los demás—. ¿Qué os parece que Spectre One-Five crea que el LJR va a golpear al CBA?
—Tiene sentido —dijo Rafa—. A estas alturas, los cárteles rivales tienen que conocer la situación de los rehenes del CBA.
Algo tan sonado crea incertidumbre sobre cómo va a reaccionar el Gobierno, cómo van a reaccionar los americanos.
Los pone nerviosos. Si a eso se le suma algo de envidia porque el CBA tenga unos rehenes tan valiosos, la incertidumbre crea oportunidad. El LJR puede oler la sangre.
—Un ataque del LJR contra el complejo nos daría la distracción que necesitamos para colarnos y sacar a los rehenes —dije—. Pero solo si conseguimos provocarlo en el momento justo.
—Más fácil decirlo que hacerlo —dijo Dixon.
—Rafa dice que el LJR huele la sangre. Pero oler sangre y atacar son cosas distintas. El LJR necesita un motivo para comprometer sus fuerzas. Una provocación que no pueda ignorar. Nosotros vamos a darle ese motivo —dije.
John se echó hacia atrás en la silla.
—¿Cómo?
No respondí enseguida. Tenía un plan, pero ponerlo en marcha iba a obligarme a cruzar líneas de las que no se podía volver.
—Removiendo el avispero con la fuerza suficiente para provocar una distracción en la puerta principal del CBA mientras nosotros entramos por la trasera —dije.
Antes de darles los detalles, tenía que llamar a la única persona que conocía cuya familia llevaba cien años provocando conflictos transfronterizos y sacando provecho de ellos.
—Jerry —dije cuando contestó—. Necesito que empieces una guerra.
Coyle respondió con una risa suave, como si llevara todo el día esperando a que alguien dijera algo interesante.
—Vaya —dijo—. Por fin hablas mi idioma.