Contra todos (Becados y dioses 1) Capítulo 53
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Capítulo 53

A BBI

Nos dicen que han acabado las clases y nos esperan varios coches para llevarnos al aeropuerto. Recojo mis cosas y subo a la azotea, o esa era mi idea. Está cerrada con llave y han cambiado la puerta. Hay una cámara y sé que es cosa de Dorian.

Ha regresado, pero nadie lo ha visto. No sale de su cuarto. He esperado que me contactara. Pero no ha hecho nada. La angustia de que dijera la verdad no para de pasar por mi mente.

Voy hasta el coche nerviosa. Algo no va bien, lo intuyo.

Dafna me espera y cuando entramos al coche miro este lugar al que volveré en unas semanas, no me queda más remedio. Me cuesta irme. Como si sintiera que al alejarme cambiará todo. Siento que alguien me observa, pero no logro ubicar dónde.

Miro tras de mí cuando arrancan el coche. La sensación de angustia se expande. No puedo respirar.

—No sé si volveré —me dice Dafna, ya en el aeropuerto.

Nos abrazamos con fuerza. Y nos despedimos quedando en escribirnos. Si no vuelve, dudo que lo haga. Querrá seguir con su vida sin nada que le recuerde esta locura.

Voy hasta el avión y me siento tras guardar mi maleta. Saco el móvil y me llega un mensaje de Dorian. El texto no tiene sentido. Es un cuento sin pies ni cabeza.

Llega otro:

Eros: He encontrado tus cartas... y tus secretos.

No necesita decirme nada más. Leo el anterior mensaje cogiendo una de cada cuatro letras del texto y uniéndolas:

Sé la verdad y pienso destruirte. Voy a vengarme de ti.

Por suerte, de ti solo quería esto, saber quién eras.

¿De verdad creíste que me importabas? Solo era un plan para averiguar la verdad.

Desde el principio sentí que ocultabas algo...

y sé usar mis armas para lograr mis fines, ya sabes que el sexo para mí no es importante, me daba igual follar contigo que con otra...

Gracias por unos polvos de mierda..., se me da muy bien simular que algo me importa.

Hasta pronto, Abbi Nelson. Al fin puedo dejar de fingir que me importa alguien como tú. Nunca podrás estar a mi altura.

Me quedo helada y destrozada. Si le cuenta a alguien esto, estaré perdida. Hago el resto del viaje nerviosa. Y al llegar me espera mi abuelo Nelson dentro de un coche negro.

—Dorian Wilson sabe la verdad. No puedo volver...

—Vas a volver y vas a destruirlos. Y si cuenta la verdad..., tengo un plan.

—Pero...

—¿Quieres que la gente sepa que el gran Hadrian es famoso por robar?

—Lo hizo para dar de comer a su familia.

—Y yo hago esto para recuperar lo que es mío. —Se lleva la mano al corazón y toma aire—. No puedo estresarme..., eres mi última oportunidad y voy a jugar con todas las cartas. Te vienes a casa conmigo, tengo que prepararte.

Noto cómo tiemblo solo de pensarlo. Odio su casa, lo odio a él y odio todo lo que tiene que ver con esto.

Pienso en mi madre, en que esperaba que pasáramos tiempo juntas, en mi abuelo, y por ellos no salgo corriendo.

Luego pienso en Dorian y la rabia y el dolor me hacen hablar. Porque duele mucho saber que todo lo vivido fue mentira. Ahora entiendo por qué no me contó la verdad de sus motivos para no irse. O por qué nunca me puso en primer lugar. Ahora entiendo que solo quería saber quién era para destruirme.

El amor que sentía por él se transforma en odio. Un odio visceral y hablo movida por el dolor y la rabia. Y eso hace que todo lo vivido cobre otro color, otro más macabro y negro.

—Destruyámoslos a todos. Dime qué tengo que hacer.

—Así me gusta, Abbigail. Siempre serás una Nelson. Y cuando todo acabe te recompensaré muy bien.

No digo nada, no hago nada, solo uso todo lo que siento por Dorian para planear mi venganza. Y, aunque no se lo digo a mi abuelo, pienso descubrir qué pasó realmente. Pienso saber la verdad... caiga quien caiga.

Antes iba contra todos... Ahora voy contra él.