Epílogo
A BBI
Doy un doble giro y caigo al suelo... de culo.
—¡¿Por qué nunca me sale bien la salida?! —Mi madre se ríe y mi hermano se me tira encima. Defin no se separa de mí siempre que nos vemos. Y eso me encanta.
—Porque te precipitas.
—Pero a mí me gustan tus culadas —me dice Defin divertido.
—Pues como no la clave esta noche, la gente se va a reír.
—Dudo que te miren a ti. Lo siento, Abbi, pero la gente solo tiene ojos para Dorian vestido de Eros.
—Vestido por decir algo, solo lleva un bóxer —apunta mi hermano y se va a coger su consola.
Han pasado cinco años desde que todo acabó. Dorian y yo acabamos la carrera. Y ninguno de los dos tuvo tregua con el otro. Me ganó por una décima y estuve enfadada con él una semana, aunque se encargó de que se me pasara el cabreo cada noche. Su lengua recorrió todo mi cuerpo.
Trabajamos en la universidad. Dando clases y haciendo que otros amen la mitología como nosotros. Claro que a Dorian le cuesta menos porque tiene un índice de asistencia alto. Sobre todo, de mujeres.
Mi abuelo volvió a actuar, pero solo en verano. En invierno quiere estar con su familia; mi madre vive con Defin y su marido cerca de donde vivimos Dorian y yo. Y la madre de Dorian, igual. Lo bonito es que mi madre y ella se han hecho amigas y comparten muchas cosas.
Mi abuelo es feliz cerca de su hija y le encanta su barrio. La gente lo adula, pero al llegar la noche regresa a su casa. A su hogar cerca de la gente que más quiere.
Necesitaba esto, parar, tener un hogar. Vivir siempre viajando al final cansa.
Y un verano se me ocurrió la idea de actuar como Eros y Psique.
Dorian no hace nada, solo se queda quieto mientras yo me muevo y bailo contra Afrodita y unos seres de rojo que simbolizan el infierno.
Él solo me busca y me besa bajando con sus alas.
La gente aplaude emocionada.
Sobre todo, por verlo medio en pelotas, algo que a mi novio le encanta.
Nos preparamos para la actuación y voy a buscar a Dorian. Con los años, su atractivo no ha hecho más que aumentar. Se gira al verme llegar y cruza su mano con la mía haciendo que los tatuajes que nos hicimos, un hilo rojo, se junten. Me dijo:
—Tú me has hecho creer en el destino.
Pero me dolió tanto que no me hice más tatuajes. Dorian me mira cuando nos dan la señal.
—¿Lista?
—Siempre.
Sale y su madre, Afrodita, le pide que me mate.
Yo salgo cuando me señala y le da una flecha dorada para que me la clave en el corazón.
Entonces Eros viene hacia mí y me lleva hasta la oscuridad.
Las luces se apagan y a mi lado solo hay gente vestida de negro que me hacen danzar de un lado a otro y me ponen en los ojos una venda negra.
Bailo a oscuras hasta llegar hasta Dorian, que me abraza y me deja un beso en la mejilla.
Entonces me giro y busco un cirio. Al encenderlo le quema la mejilla. Eros entra en cólera y desaparece, entonces lo busco por todo el mundo. Hasta que llego a los infiernos y caigo muerta. Los demonios bailan a mi alrededor hasta que Eros baja a buscarme.
Escucho el «oh» de la gente mientras lo graban. Entonces Dorian busca mi boca y me besa trayéndome de vuelta a la vida.
Al final cae sobre mí un polvo dorado que simboliza mi inmortalidad y nos abrazamos.
La gente no para de aplaudir mientras Dorian y yo nos miramos. Entonces, ante mí aparece un anillo.
—¿Lista para una nueva aventura conmigo?
Los ojos se me llenan de lágrimas y le echo los brazos al cuello tras decirle que sí.
Cenamos con el resto de los feriantes contando anécdotas.
Mi abuelo lo hace feliz y la madre de Dorian da un trago a su cerveza.
Ha encontrado el amor. Uno de sus vecinos.
Hoy no está aquí, pero no paran de mandarse mensajes.
Me gusta para ella. Es buen hombre. Ella merecía vivir su vida también lejos del dolor.
Mi hermano Defin está cerca de mi madre jugando a la consola.
Pero al notar que lo miro, alza la cabeza y me sonríe con cariño, hasta que la hija de Kiefer le quita la consola y le dice que le toca jugar a ella.
Defin corre tras la pequeña de cinco años.
Mi hermano mayor los mira divertido al lado de su mujer.
Al final hablamos de todo y lo perdoné tanto a él como a Dafna, que estaba liada con Robin, era su novio, de ahí sus miradas.
Al final todo encajaba. Tengo muchas cosas en común con Kiefer, sobre todo querer hacer justicia.
—Yo digo que la boda debería ser en el circo —apunta mi madre con la boca llena.
—Y vestido con un taparrabos —bromea mi padrastro.
—¿Y por qué no en pelotas? Así habría más público —los pica Dorian.
Nos reímos felices y tranquilos. No tenemos prisa por dormir ni por hacer nada.
Hace tiempo que me olvidé de todo el horror y saber que todos los culpables, excepto Uriel, están en la cárcel por una larga temporada ayuda.
—Yo creo que deberían casarse por todo lo alto —dice mi hermano Kiefer cogiendo en brazos a su hijo pequeño de dos años.
—Yo creo que deberían fugarse. —Dafna sonríe y toca su tripa de embarazada. Robin nos mira divertido.
—Lo de fugarse no es mala idea —añado.
—No, pequeña. Quiero llevarte al altar. Quiero vivir ese momento con una de las mujeres que más quiero —dice mi abuelo.
—Entonces, hazlo aquí —dice Dorian—. Haz tu mejor función. La boda de Psique y Eros... Llevemos el mito a otro nivel.
—Y todo por pasearse en pelotas —añade Kiefer picando a su cuñado.
—Me debo a mi público —bromea Dorian y su madre lo mira sonriente.
—De verdad, por una vez, a ver si puedes llevar algo más de ropa —apunta esta.
—Es por todas las veces que no pudiste verme los huevos de niño.
—¡Dorian! —le regaña ella mientras yo sonrío feliz. Me gusta este lado de Dorian, juguetón y divertido.
Y me encanta que en verano, cuando actuamos, toda la familia y los amigos vengan al circo y luego cenemos juntos a la luz de la hoguera que encendemos. Es mejor de lo que siempre soñé.
—Pues le estoy dando vueltas —añade Hadrian—. Tengo una idea.
Mi abuelo se lo toma como un reto y lo hace. Dorian y yo nos casamos entre magia y espectáculo. Sabiendo que la realidad siempre supera cualquier circo. Lo hacemos junto a nuestros amigos y familia. Una familia que Dorian siempre añoró y que al fin ha encontrado.
Miro el atardecer dando vueltas a mi anillo de casada. Dorian se pone tras de mí y me abraza.
—¿En qué piensas?
—En nada —respondo—. Mi mente ha dejado de girar. Estoy donde tengo que estar.
—Te entiendo.
Me abraza fuerte y yo a él y entre él y yo sobran las palabras, o las promesas, porque nunca nadie me ha sabido leer tan bien como mi Eros. Mi gran amor.
Esa persona con quien sientes que el mundo puede girar con fuerza mientras tú lo pones todo en pausa entre sus brazos.
Él es mi calma en la tormenta y mi hogar vaya donde vaya.
Dos almas destinadas no se separan por mucho que la vida lo intente. Al final siempre encuentran la forma de salir de los infiernos y vivir libres.