Consecuencias de retar a un conde Desenlace
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Desenlace

—¿Cuántas probabilidades había de quedarnos preñadas casi al tiempo?

Rose sacude la cabeza mientras se acaricia el prominente vientre y reflexiona sobre la cuestión.

—Pues no lo sé, pero presumo que muy pocas.

—Tu barriga es más puntiaguda que la mía —aprecia Margot.

—Quizá es porque yo soy más estrecha de caderas.

—Tiene sentido.

—Lo que significa que mi parto será más doloroso.

—No saques conclusiones apresuradas. De momento, la apuesta versa sobre quién saldrá antes de cuentas.

—¿Cómo van las apuestas?

—Tres a cinco a tu favor —responde Margot—, pero yo creo que, como tu barriga es más protuberante, creen que estás a punto de parir.

El premio es una de las fabulosas tartas de Florence.

—¿Qué dicen las apuestas sobre el género de mi hijo?

—Hay un empate, cuatro a cuatro.

Tuerce el gesto y se encoge de hombros.

—¿Y las tuyas?

—Gana que tendré una niña, dos a seis.

—Mi papeleta es una de las seis, pero no sé qué has apostado tú en mi caso, creo que no me lo has dicho.

—Que parías una rana, si te asiste Molly en el parto, claro.

Rose la mira ceñuda conteniendo la risa.

—Creo que no queda una sola rana por los alrededores —repone—. Si sigue así la cosa, podemos exportarlas y hacer negocio.

Enfilan su paseo diario hacia la playa, como cada día. Y, de pronto, Rose se detiene y la mira agarrándose el vientre.

—¿Qué apostaste sobre quién pariría antes?

—Aposté a mi favor.

—Pues has perdido.

Señala hacia abajo, un rodal húmedo se extiende sobre la arena.