Conquistada Por El Tygrain (Lover Tygrain -Old Green- 1) CAPÍTULO 13 #3
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CAPÍTULO 13 #3

—Tus deseos son órdenes para mí, Maggie.

CAPÍTULO 13

Tumbado en la cama, con Maggie prácticamente encima de él, con el cuerpo tibio, relajado y completamente saciado, Ben sentía que al fin había ocupado su lugar en el mundo.

El aire olía a sexo y a mandarina, una combinación de lo más erótica, el silencio que los envolvía era cómodo, de esos que parecen llenarlo todo sin resultar asfixiantes…

En definitiva, estaba en el mismísimo cielo y no quería moverse.

La sensación de ella sobre él, su suave respiración, esos dedos trazando líneas distraídamente sobre su piel, como si quisiera memorizar su textura, eran un bálsamo en sí mismo para unos días demasiado estresantes.

Esa necesidad acuciante parecía haber remitido por fin en su interior, su gato estaba tranquilo, ronroneando incluso, con una satisfacción compartida por ambos; la de haber reclamado por fin a su compañera.

—Creo que… —murmuró Maggie contra su clavícula—, no voy a poder moverme en un buen rato.

Dejó escapar una risa baja, todavía algo ronca, al oírla.

—Eso es porque te has empeñado en competir conmigo.

—Claro que sí, guapo —replicó ella, levantando apenas la cabeza para mirarlo—. Porque esto era una competición, ¿no?

—No. —Deslizó la mano por su espalda, sin prisa, disfrutando del contacto de su piel—. Pero si lo hubiese sido, habría ganado yo.

—Qué ego tienes —bufó, con una delatora sonrisa curvándole ya los labios.

Correspondió a su sonrisa y se permitió mirarla unos segundos.

El pelo revuelto, los labios hinchados, la piel marcada aquí y allá por sus juegos y esos ojos…

Seguían siendo los mismos, con ese imposible color marrón, aunque había algo más en ellos, una suavidad y una ternura que lo desarmaban por completo.

Subió sus dedos por su piel, hasta el inicio de la columna en su cuello, notando la piel lastimada por sus dientes. La notó estremecerse al momento y sintió la imperiosa necesidad de resbalar una vez más la lengua por ese punto, aliviándola.

—Ben… —Su nombre salió a modo de pregunta, en un susurro, mientras esa tierna mirada se posaba en la de él.

—Dime.

La vio dudar un segundo, como si necesitase tiempo para elegir lo que iba a decir.

—¿Puedo pedirte que te quedes… aquí, conmigo?

Por primera vez desde que la conocía, la sintió frágil, insegura, y eso lo sorprendió y enterneció a partes iguales.

Su compañera era la mujer más decidida y obstinada que había conocido hasta ahora, pero también suave y comprensiva.

Esta inesperada brecha en ella, por otro lado, era inusual, aunque la hacía, si cabía, más perfecta a sus ojos.

—No tengo intención de irme a ningún sitio, Maggie. —Llevó la mano a su rostro, acariciándole la mejilla—. Ni esta noche, ni mañana… ni nunca. Incluso si me echas… no podría estar demasiado lejos de ti.

A juzgar por la manera en que sus dedos se detuvieron sobre su pecho y la forma en que su cuerpo volvió a acomodarse contra él, más cerca aún, había dicho justo lo que ella necesitaba oír.

—Bien —murmuró Maggie, apoyando la barbilla sobre él—. Es justo el sitio en el que quiero que estés.

Ben dejó escapar el aire muy despacio. Escucharla admitir aquello en voz alta era también lo que él necesitaba para que todo se asentase en su sitio. Si ella deseaba estar con él, todo iría bien. Encontraría la manera de que todo fuese bien a partir de ahora.

—Y en el que yo quiero estar —confesó, buscando su rostro, ya no con urgencia, ni con hambre, solo porque deseaba besarla, probarle con aquel beso que hablaba muy en serio.

La besó con suavidad, lentamente, saboreándola, imprimiendo en él todo lo que sentía por ella, lo que esa pequeña y traviesa hembra significaba para un tygrain como él.

— Um… —Gimió ella en su boca, sonriendo casi al instante—. No creo que vaya a decir esto, pero creo que mañana voy a tener agujetas hasta en sitios que no sabía que existían.

Soltó una carcajada, hundiendo la cara en su pelo, hociqueándole el cuello, para luego pasar la lengua sobre ese punto exacto, haciéndola estremecer.

—Te advertí que te estabas viniendo arriba con el trabajo de pintor.

Ella resopló, moviéndose contra él.

—No me refería a esa parte, listillo.

—Ya sé que no… —susurró, claramente divertido—. Aunque no pienso pedir perdón por lo otro.

—Ni se te ocurra —ronroneó ella—, porque cuando sienta que no se me licuan los huesos… pienso pedirte más.

Se rio entre dientes, lamiendo una vez más la marca de su reclamo.

—Y hablando de venirse arriba… —añadió ella, dejando escapar un suspiro—. ¿Qué hiciste? ¿Morderme?

—Me pudo el momento, lo siento… —volvió a lamerla, haciéndola estremecer—. Te prometo que no volverá a pasar.

No había necesidad, pues el reclamo ya estaba hecho y ella llevaba la marca de su compañero, es decir, él, sobre la piel.

—¿Tienes algún otro fetiche raro del que deba saber?

—Ninguno. —La atrajo contra él, abrazándola, queriendo tenerla más cerca.

Se quedaron así unos instantes más, tranquilos, cómodos, como si encajasen ahí de forma natural. Tal y como siempre debió ser.

—Ben… —Su voz era más suave ahora, bajaba de tono cuando necesitaba preguntarle algo que la preocupaba.

—¿Sí?

—Prométeme que seguirás a mi lado en la cama cuando me despierte.

Una petición, pero también una súplica y un deseo muy claro se unieron para formar esa frase.

No tuvo ni que pensar la respuesta, salió de manera automática.

—Te dije que no iba a irme a ningún sitio, Maggie —le acarició el costado—. Ni aunque me eches.

Asintió despacio, como si la confirmación fuese todo lo que quería. Luego se estiró sobre él, buscando una postura más cómoda.

—Vale… —murmuró, ya medio adormilada—, entonces… me voy a dormir aquí mismo.

Sonrió, sin dejar de acariciarla.

—Buena idea.

Dejó escapar un pequeño suspiro y añadió, en apenas un susurro.

—Si me despierto y no estás… te perseguiré.

Se inclinó sobre ella, sonriendo contra su pelo.

—No tendrás que hacerlo, amor.

El silencio volvió a inundar el dormitorio, pero esta vez no era solo la calma la que los envolvía en mitad de la noche, era algo más profundo, la seguridad de que este era un nuevo comienzo para los dos.

—Duerme, pequeña. No pienso moverme de tu lado.

Y con esa promesa, segundos después, él también se entregó a los brazos de Morfeo.