NUEVE
nate
Mi polla todavía palpita dentro de ella. Húmeda, gruesa y jodidamente dura otra vez.
Esa dureza a la que le da igual si ella ya ha tomado todo lo que yo tenía.
Salgo despacio, saboreando el roce húmedo de su coño y el sonido de mi polla al salir. Está empapada con la prueba de lo que hemos hecho.
Mi semen, el de Luca, el de ella. Todo.
Le tomo el rostro. Parpadea mirándome, aturdida y con los ojos muy abiertos, apenas aguantando. Pupilas dilatadas. Labios entreabiertos. Todavía tan jodidamente hermosa. Todavía intentando no perderse.
Me inclino, frente contra la suya, y con el pulgar le aparto un mechón húmedo de la mejilla.
—¿Sigues con nosotros?
Asiente.
—Buena chica —susurro—. Abre la boca.
Y joder... lo hace. Incluso ahora. Incluso así.
Destrozada y en carne viva, demasiado follada para hablar pero todavía obediente. Todavía mía. Abre de par en par, labios húmedos, lengua preparada.
Mi polla se sacude al verla tan obediente. Cambio de sitio con Luca, me muevo hacia la cabecera de la cama y me deslizo dentro de su boca, todavía cubierto de todo lo que le hemos hecho.
Gime a mi alrededor. Chupa hondo, como si fuera aire y lo necesitara para sobrevivir.
Echo la cabeza hacia atrás y un gemido me desgarra la garganta.
—Joder, nena. Me tomas como si hubieras nacido para esto.
—Nació para esto —dice Luca.
Entonces Luca está dentro de ella otra vez. Sin aviso. Sin delicadeza. Solo una embestida brutal.
Sus caderas golpean contra los muslos de ella y gime alrededor de mi polla, un sonido roto. Gemimos al unísono, ambos perdidos en diferentes partes de su cuerpo.
Luca empieza a follarla, más duro ahora, más bruto, porque ya no hay nada que fingir. Tiene que estar en carne viva, pero nada de eso importa.
No ahora. Hemos esperado demasiado para esto.
—Que lo oigan —gruñe Luca—. Que el puto mundo entero oiga lo bien que te follamos.
Le agarro el pelo con más fuerza y embisto en su boca, corto e implacable, al ritmo de Luca.
No puede moverse. Estirada entre dos pollas, sin escapatoria y sin alivio.
—¿Qué te parece, hermanita? —jadeo—. ¿Te gusta esto? ¿Te gusta que te usen? ¿Que te follemos los dos a la vez?
Llora otra vez, pero no es de dolor. Lo veo. Cómo tiembla. Cómo se le clavan los dedos en las sábanas, como si ya no supiera dónde agarrarse. Está temblando. Al borde del éxtasis.
Nos movemos como si ya lo hubiéramos hecho antes. Y lo hemos hecho.
Hemos compartido a muchas mujeres, pero esto no es como con las otras. Esto es Emma. La única que ha importado de verdad.
Es nuestra. Cada sonido, cada gemido, cada orgasmo. Nos lo da todo.
La voz de Luca irrumpe, baja y gutural.
—Vamos a destrozarte.
Sus embestidas se vuelven brutales. De castigo.
—Vamos a entrenarte para que te corras así. Solo así. Con los dos.
Entonces se atraganta con mi polla, sollozando a mi alrededor, el cuerpo sacudiéndose en espasmos duros e incontrolables.
Se está corriendo otra vez. Temblando como si el orgasmo la atravesara y le arrancara todo lo que le queda.
Y eso es lo que me acaba. Su boca. Sus lágrimas. Su cuerpo.
Cómo sigue chupando a pesar de todo, como si no supiera parar.
Como si esta fuera la única manera en que sabe existir ahora. Reclamada.
Gimo, las caderas temblándome mientras el calor me baja por la columna.
—Joder... joder, nena, voy a...—
Demasiado tarde.
Embisto una última vez, enterrado hasta el fondo en su garganta, la polla palpitando mientras me vacío dentro de ella.
La oigo tragar. Siento su boca trabajar a mi alrededor, los labios apretados, la lengua moviéndose para sacarme hasta la última gota.
—Buena chica. Eso es. Trágate todo el semen de tu hermano mayor.
Y lo hace.
Luca le folla hasta el último espasmo del orgasmo y no para.
Sigue embistiendo, el cabecero golpeando la pared, la voz desgarrada entre la adoración y la destrucción. Susurra su nombre como si fuera una puta oración y gime hondo mientras se hunde en ella una última vez, apretándose contra su cuerpo.
Cuando por fin nos apartamos —jadeando, agotados, chorreando sudor y semen—, ella no habla. No intenta levantarse.
Solo se hunde en las sábanas, la boca entreabierta, el pecho subiendo y bajando despacio, los ojos cerrados como si no fuera a abrirlos nunca más.
Desmayada. Usada. El coño lleno del semen de su hermano y de su mejor amigo.
Le aparto el pelo de la cara y le compruebo la respiración. Constante. Profunda. Está completamente inconsciente, el cuerpo por fin rendido al agotamiento.
Luca va al baño y vuelve con un paño húmedo y tibio. La limpiamos con delicadeza, borrando el desastre que hemos hecho, con cuidado de no despertarla.
Mis dedos recorren las marcas que le hemos dejado en la piel.
Huellas rojas de dedos en las caderas. Un moretón que empieza a formarse en la cara interna del muslo. Los labios hinchados y rosados de chuparnos las pollas.
Nos sentirá mañana. Nos recordará con cada paso, con cada movimiento de su cuerpo.
Bien.