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T erminada la entrega de los Premios de la Academia, todos los hermanos abandonan el salón y se encierran en sus respectivas habitaciones.
Jack, que suele tener problemas para conciliar el sueño, esa noche se queda dormido al poco de meterse en la cama y tiene una pesadilla de lo más inquietante: Morgan le pide a Jack que la acompañe al estaque.
En el centro, flotando bocabajo, se encuentra el cuerpo de Christian, su hermano.
Pero cuando el cuerpo llega flotando hasta la orilla y le dan la vuelta, descubren que en realidad es el de Austin, con la cara azulada y los ojos completamente abiertos.
Se oye un grito. No sabe si está gritando él o si es Morgan.
Entonces, abre los ojos y descubre que todo ha sido un sueño.
Pero el grito no.
El grito ha sido de verdad y es lo que lo ha despertado.
Después de ese primer grito llegan otros nuevos. Cada uno de una voz distinta; la de sus hermanos.
Jack salta de la cama y baja corriendo por las escaleras. Cuando llega al salón, sus hermanos están de pie, dándole la espalda. Tienen la cabeza inclinada hacia abajo y miran algo que está en el suelo. Han dejado de gritar, pero tampoco hablan. Ninguno de los ocho dice nada.
Rubí, al sentir a alguien detrás de ella, se gira asustada y mira a Jack. Y Jack se da cuenta de que Rubí tiene la cara pálida y los ojos igual que los tenía Austin en su pesadilla, completamente abiertos, como si hubiera visto un fantasma.
Va a preguntar qué ha pasado, pero entonces lo ve él.
El Cisne Negro está en el suelo, bocarriba, con sus ojos azules abiertos y vacíos, mirando a la nada; los brazos doblados en una forma extraña, las piernas estiradas y su larga melena abierta como un abanico.
El vestido está agujereado como si alguien hubiera intentado arrancarle todas las plumas.
Y hay sangre, sangre por todas partes. Sangre en su cara, como una salpicadura.
Sangre en su hermoso vestido, cubriendo partes de la seda negra de un rojo brillante y viscoso.
Sangre en la palma de su mano y hasta en el Óscar que parece haber rodado por el suelo.
Morgan Brooks está muerta.
Jack da un paso atrás, horrorizado, sin que le salga la voz para gritar.
Sus hermanos, que forman una muralla, siguen sin moverse. No pueden dejar de contemplar el cuerpo sin vida de su madre. La sangre que emana de su pecho y de su vientre, donde ha sido apuñalada, se extiende cubriendo los cisnes blancos y negros del mosaico sobre el que yace.
Alguien ha matado al Cisne Negro.
Jack mira a sus hermanos uno a uno, desesperado, preguntándose quién ha sido.
El asesino está aquí.
Podría ser cualquiera de ellos.
Los ocho parecen afectados, los ocho tenían motivos para hacerlo, pero solo un hermano sostiene la navaja.
La sangre gotea desde el filo de la hoja, y quien la sostiene es Austin Brooks .