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E sa misma noche, mientras Morgan llora en su cama, Jack sale a la terraza y se sienta en el suelo a contemplar las estrellas. No tarda en tener compañía y sonríe cuando Austin se sienta a su lado y le roza el hombro con el suyo; le gusta compartir la terraza con él.
—¿Tú tampoco puedes dormir? —le pregunta Austin.
—No.
—¿Por lo de Natalie?
A Jack le gustaría decirle que, en realidad, es por todo: por Natalie, el cisne y Christian; porque no deja de pensar en el hermano de Morgan, en su relación, en que ella hablaba con él a través del cisne blanco, en lo que tuvo que pasar para que Christian desapareciese sin dejar rastro.
Piensa en el agujero que se ha abierto en Morgan después de que haya perdido a su cisne, en lo silencioso y vacío que se ha quedado el estanque sin la presencia del animal, en que Natalie fue capaz de matarlo con la navaja de Austin.
Se gira para mirar a su hermano; el actor tiene los ojos cerrados y la cabeza levemente inclinada.
—¿Tú la veías capaz de matar a un cisne?
Niega con un leve movimiento de cabeza.
—Claro que no.
—Han dicho que Chloe se la encontró en el baño limpiando la sangre; quería borrar sus huellas para incriminarte.
—Lo sé, pero no la culpo por ello.
—¿No te molesta?
—¿Qué más da? Se ha ido. Ya no va a volver a pisar la Casa del Cisne. Natalie sabía que eso era lo que le esperaba si no le echaba la culpa a otro. No tenía nada que hacer, pero estaba desesperada.
—Ya.
—Si yo me viese en su situación, no habría sido mejor que ella. También habría intentado salvarme —dice Austin.
—Tú no serías capaz de matar.
—La desesperación transforma a las personas, Jack. Estoy convencido de que Natalie tampoco se veía capaz de hacerlo, pero lo hizo. Por suerte, Chloe no aceptó el trato que ella le ofreció.
—¿Y por qué crees que no aceptó? —Jack se lo pregunta porque es la misma pregunta que se ha estado haciendo él: ¿qué sentido tiene que Chloe lo proteja ahora, si luego él tiene que proteger a Austin de Chloe para que no cuente su secreto?
La respuesta de Austin es más sencilla de lo que imaginaba:
—No creo que lo hiciera por mí ni tampoco porque le pareciese justo que Natalie pagase por sus actos.
Creo que lo hizo para protegerse de su hermana, que debió de pensar algo así como: «Hoy ha sido el cisne, pero mañana puede ser uno de nosotros».
¿Quién puede confiar en una asesina? Si ha sido capaz de matar en un arrebato de odio, ¿cómo iba a sentirse a salvo viviendo bajo el mismo techo que ella?
Jack lo mira.
—¿Crees que fue ella quien también intentó matar a Maximus?
El otro lo medita unos segundos.
—No lo sé, Jack. Puede que fuera ella o puede que fuera otra persona.
—Yo prefiero pensar que fue ella, así me quedo más tranquilo.
—La tranquilidad puede ser peligrosa —advierte Austin—. Sobre todo cuando hay una herencia en juego.
Y a Jack se le escapa:
—Yo me siento tranquilo cuando estoy contigo. —Acto seguido se lleva la mano a la boca y abre mucho los ojos, sorprendido de lo que acaba de decir y notando las mejillas calientes.
Otra persona que también se sorprende de su declaración es Austin. El actor primero esboza una sonrisa rápida, después se inclina hacia él y, con la misma impulsividad con la que Jack se ha dejado llevar, besa su boca y pellizca su labio inferior con los dientes.
Jack no se olvida del topo; sabe que Chloe podría estar espiándolos ahora mismo mientras ellos confían en que están a salvo.
El caso es que no puede evitarlo y, después de mantener los ojos abiertos los primeros segundos, termina bajando la guardia por completo y cerrándolos porque, aunque deban tener cuidado, está cansado de tener miedo y las ganas de volver a sentir a Austin en su boca son más fuertes que el temor a las represalias. Por eso no se aparta de él.
El beso, a pesar de ser breve, permite crear un momento en el que ambas respiraciones se acompasan. Cada uno escucha los latidos del otro por debajo de la camiseta del pijama, que parece marcar una cuenta atrás que pronto llega a su fin y los hace separarse.
Austin tiene los labios húmedos y le brillan los ojos.
—Me alegro de que te sientas así conmigo —dice, aunque enseguida vuelve a ponerse serio porque lo que le va a decir es importante—. Pero… lo mejor es que te mantengas siempre alerta. Ten los ojos muy abiertos, vigila tus espaldas… y, sobre todo, ten cuidado en quién decides confiar.
Cuando Jack llegó a la Casa del Cisne, sus hermanos le hicieron creer que debía tener cuidado con Austin Brooks. Es increíble cómo cambian las cosas: la persona que le puso una navaja en el cuello es la única con la que ahora se siente seguro.
—Me da pena por Morgan —murmura Jack, dejando a un lado el momento que acaban de vivir y regresando adónde lo habían dejado.
—Sí. Estaba muy unida a su cisne.
—Hablaba con su hermano a través de él.
—¿Cómo sabes eso?
—Me lo contó ella.
Se quedan en silencio, mirando las estrellas.
Jack sigue recordando más cosas. Como si, después de atrapar el hilo, hubiese empezado a tirar de él: recuerda que Morgan le dijo que no veía a Christian desde hacía diecisiete años, la edad que tienen Austin y él; recuerda que hay una razón detrás de su adopción y que Morgan se ha negado a dársela con la excusa de estar protegiéndolo; recuerda el llamador de ángeles que ella le regaló y que guarda en la mesita de noche…
Las piezas están sueltas y faltan demasiadas como para crear una imagen, pero todas tienen algo en común: siempre es un cisne.
Morgan es el Cisne Negro, la mansión se llama la Casa del Cisne y tiene un mosaico en el salón y detalles por toda la casa que hacen honor a su nombre; la mascota de Morgan era un cisne blanco y el colgante que le regaló está formado por cisnes de plata.
Jack permanece con los ojos fijos en el cielo negro, sin ser consciente de lo peligroso que puede llegar a ser que consiga unir todas las piezas .