Cómo convivir con una tóxica (Amores imperfectos 4) CAPÍTULO 11 SALIR DEL GRUPO
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CAPÍTULO 11 SALIR DEL GRUPO

J ulia salió del grupo un domingo antes del mediodía, sentada al lado de Bruno en el sofá y sin haber levantado la voz.

La notificación apareció en la pantalla de él antes de que pudiera preguntar qué había pasado.

Julia salió del grupo.

Bruno miró el teléfono. Después la miró a ella.

—¿Qué hiciste?

—Nada.

—Acabás de salir del grupo de la mudanza de Camila.

—Eso no es hacer algo. Es dejar de participar.

—Una distinción muy tranquilizadora.

Julia bloqueó el teléfono y lo dejó sobre el almohadón entre los dos. Tenía el pelo suelto, todavía húmedo de la ducha, y una remera de Bruno que había dejado de reconocer como propia varias semanas atrás.

—Preguntaron a qué hora nos juntamos —dijo.

—Sí.

—Camila dijo a las diez.

—Sí.

—Después alguien puso “entre diez y once”.

Bruno esperó.

Julia lo miró como si la gravedad del asunto fuera evidente.

—Y después pusieron “vamos viendo”.

—Ah.

—Exacto.

El teléfono de Bruno vibró. Camila había escrito en el grupo.

Nadie la agregue. Siempre termina saliendo. Después se arrepiente y pide que la volvamos a meter.

Bruno tuvo que apretar los labios.

—No te rías.

—No me estoy riendo.

—Tenés la cara equivocada para mentir.

Él le mostró la pantalla.

Julia leyó el mensaje, agarró su teléfono y abrió el chat privado con Camila.

Agregame.

Bruno ya no intentó disimular.

—Nunca pido —dijo Julia.

—Claro.

—Doy una instrucción.

—Mucho mejor.

Camila tardó menos de un minuto en volver a incorporarla. El sistema anunció el regreso con la misma indiferencia con que había anunciado la salida.

Julia guardó el teléfono.

—Listo.

—¿Aprendiste algo?

—Sí. La próxima vez me voy a salir después de la mudanza.

Bruno se rió.

El sábado había sido otra cosa. El audio, el hermano, la frase del padre, todo seguía existiendo, pero no había ocupado cada minuto desde entonces.

Habían dormido una siesta. Habían pedido comida.

Julia había hecho una observación ofensiva sobre la barba de Bruno y él había decidido no explicarle que dos días sin afeitarse no constituían una crisis estética.

El domingo, por primera vez desde la pelea del jueves, el departamento volvía a parecer un lugar donde también podían pasar cosas inútiles.

Bruno miró la mesa del living. El prototipo estaba guardado en un extremo: sensor, soporte, cables y notebook. No necesitaba hacer mucho. Esa era, precisamente, la razón por la que quería hacerlo antes de que su cerebro inventara una tarea más importante.

—Voy a trabajar hasta la una —dijo.

Julia giró la cabeza.

—¿Eso es un aviso?

—Sí.

—¿Formal?

—No abuses.

—Necesito saber si puedo usarlo como precedente.

Bruno señaló los auriculares.

—Dos puestos. Hasta la una. Si cambia, te aviso.

Julia evaluó la propuesta.

—¿Y si se prende fuego algo?

—Me tocás.

—¿Humo sin llama?

—También.

—¿Sangre?

—Julia.

—Estoy definiendo excepciones.

—Fuego, humo, sangre o alguien gritando mi nombre.

—Perfecto.

Bruno se levantó.

—No pensé que esto fuera a requerir un reglamento de emergencias domésticas.

—Vivís conmigo. Planeá mejor.

Se instaló en la mesa y se puso los dos auriculares.

Julia pasó frente a él una vez con un marcador negro y un rollo de cinta. No dijo nada. Volvió unos minutos después con tres cajas plegadas debajo del brazo. Tampoco dijo nada.

A la tercera pasada, Bruno levantó la vista por reflejo.

Julia se detuvo.

Se señaló la boca.

Después señaló los auriculares de él.

Bruno negó con la cabeza.

Ella levantó ambos pulgares y siguió caminando.

Bruno volvió a la notebook.

La prueba que quería hacer era simple: verificar que el sensor siguiera leyendo estable con una carcasa distinta y confirmar que la fijación no volviera a introducir la holgura que había perseguido durante días. Corrió dos secuencias. Comparó resultados. La tercera no era necesaria.

La inició igual.

A mitad de la corrida miró la hora en una esquina de la pantalla.

La canceló.

Guardó los datos y cerró la notebook.

Cuando se quitó los auriculares, el departamento recuperó sonidos que habían estado ahí todo el tiempo: un colectivo frenando en la esquina, una puerta en el pasillo, Julia arrastrando cinta adhesiva sobre cartón.

La encontró en el dormitorio rodeada de cajas vacías.

—Abrí la ventanilla —dijo.

Julia levantó la vista.

—¿Qué?

—Estoy disponible.

Ella miró hacia el living.

—Faltan tres minutos.

Bruno se quedó quieto.

—No puedo creer que hayas mirado.

—No estaba controlando. Tengo hora.

—Claro.

—Además, no te hablé.

—Lo noté.

Julia dejó el marcador.

—¿Y?

Bruno se apoyó en el marco de la puerta.

—Funcionó.

—No te voy a premiar por avisar antes de ponerte de mal humor.

—No esperaba premio.

—Bien.

Bruno siguió apoyado en el marco.

Julia lo miró.

—¿Qué?

—Nada.

—Bruno.

—Estoy esperando a que me premies.

Ella abrió la boca.

Después se rió y le tiró el rollo de cinta.

Bruno lo atrapó contra el pecho.

—Eso cuenta como contacto físico.

—No del tipo que querías.

—Todavía.

Julia se levantó.

Lo agarró de la remera y lo hizo entrar al dormitorio.

La diferencia entre discutir y no discutir no había arreglado nada por sí sola.

Bruno seguía sabiendo lo que Julia había contado el día anterior.

Julia seguía sabiendo que él podía querer una noche entera sin responder una pregunta.

Ninguna de esas cosas desapareció cuando ella le besó el cuello ni cuando Bruno le pasó una mano por la cintura.

Pero tampoco desapareció el resto.

Julia seguía siendo la mujer que le decía exactamente dónde poner las manos y después se reía cuando él obedecía demasiado rápido. Bruno seguía disfrutando que, al menos ahí, ninguna instrucción escondiera otra cosa.

Más tarde quedaron acostados de costado, con la sábana enredada entre las piernas y el teléfono de Bruno vibrando en el piso.

—Si es Camila —dijo Julia—, no estoy disponible.

—¿Dos auriculares imaginarios?

—Bloqueo administrativo.

Bruno estiró el brazo y levantó el teléfono.

Era Nico.

GERMÁN CONSIGUIÓ QUE TE DEJEN PROBAR EL COSO EL SÁBADO. UNA HORA EN EL TALLER. COMPRESOR. SI NO ROMPÉS NADA, HABLAN DE DEJARLO MÁS TIEMPO.

Bruno se incorporó.

Julia abrió un ojo.

—Esa cara es proyecto.

—Germán habló con el taller.

—¿Qué taller?

—Uno chico en Pompeya. Metalúrgica. Tienen un compresor que trabaja todos los días. Me dejan hacer una prueba de campo el sábado.

—¿Prueba de campo es piloto?

—No. Todavía no. Quiero ver si puedo montar el sensor, leer vibración y temperatura sin que el entorno me ensucie los datos y sacar una base útil. Si funciona, recién ahí tendría sentido dejarlo varios días y comparar el equipo contra sí mismo.

Julia apoyó la cabeza en la almohada.

—¿Y si el compresor ya funciona mal?

—No voy a diagnosticarlo en una hora.

—Bien.

—Gracias por la confianza.

—Soy enfermera. Desconfío de cualquiera que quiera diagnosticar algo en una hora.

Bruno miró otra vez el mensaje.

—Nico dice que Germán puede estar.

—¿Lo conocés?

—De la facultad. No éramos amigos, pero sí. Trabaja con mantenimiento ahí.

Julia lo observó unos segundos.

—Estás contento.

—No.

—Tenés cara de haberle ganado una discusión a un tornillo.

Bruno dejó el teléfono sobre el colchón.

—Eso fue una sola vez.

—Fue esta semana.

—No arruines la estadística.

Julia le apoyó un pie en la pierna.

—¿Vas a volver a la mesa?

Bruno miró hacia la puerta.

La respuesta automática era sí. Había cosas que podía revisar. Podía pensar cómo montar el sensor, qué llevar, qué quería medir primero.

Después miró a Julia.

—No.

Ella levantó una ceja.

—¿Seguro?

—Hasta mañana, el compresor puede sobrevivir sin mí.

—Crecimiento personal.

—No exageres.

Bruno volvió a acostarse.

* * *

Más tarde abrió la nota bloqueada.

CÓMO CONVIVIR CON UNA TÓXICA

Bajó hasta la Regla 5.

Regla 5: compartir ambiente no significa compartir disponibilidad. Si estoy trabajando, el novio puede estar físicamente presente y administrativamente cerrado.

Debajo seguía la nota sobre el auricular.

Bruno apoyó el pulgar sobre el texto y corrigió.

Regla 5 — revisión: compartir ambiente no significa compartir disponibilidad. Si uno va a estar administrativamente cerrado, conviene avisarlo antes de bajar la persiana.

Nota: dos auriculares constituyen señal reglamentaria.

Agregó una línea más.

Segunda nota: al parecer, avisar antes evita discusiones enteras. Molesto, pero útil.

La leyó una vez.

Después bloqueó el teléfono.