Cómo conquistar a un duque en diez pasos (y fracasar en nueve) 8-¡NO MENCIONAR A LAS VACAS!
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8-¡NO MENCIONAR A LAS VACAS!

Julian Trevelyan, duque de Redmoor, no sonrió. No se rió. No hizo sonido alguno. Simplemente guardó el papel doblado en su bolsillo con una expresión inescrutable.

Y cuando Eleanor entró al salón media hora después y notó que su carta no estaba, lo supo. Supo con el alma helada y la frente sudorosa que había dejado la lista equivocada.

—¿Estás bien? —le susurró Margaret, al verla pálida como una heroína trágica.

—He dejado mi alma sobre una mesa. Y él se la ha llevado —susurró Eleanor de vuelta, con expresión de mártir.

Margaret no entendió nada. Pero le ofreció un té.

Eleanor pasó el resto del día evitando al duque como si fuera una plaga aristocrática.

Lo que no sabía era que, esa noche, en su despacho, Julian volvió a desplegar el papel. Y lo leyó otra vez. Con el mismo rostro impasible de siempre. Pero esta vez, cuando llegó al punto 8…

Sonrió.