Epílogo
I rlanda, Cork. Un año después
—¿A dónde vas? —preguntó Kieran, estirando su brazo para atraparla de la mano y atraerla de nuevo hacia el calor de la cama.
Brianna se regodeó un instante, vistiendo únicamente la camisa de él, que le quedaba grande y evocaba el aroma a turba y hogar. Con un movimiento ágil, Kieran la atrapó y la situó bajo su cuerpo. Ella entreabrió los labios, sintiendo cómo, una vez más, él la colmaba con su presencia indómita.
Se habían casado bajo el rito irlandés tres meses después de su llegada a Cork.
El consenso con la familia de él no había sido sencillo, pero la madre de Kieran terminó rindiéndose ante la inglesa que le había robado el juicio a su hijo, un hombre que siempre se había mostrado arisco a las cadenas del matrimonio hasta que encontró a su igual en el bosque de Burford.
—Cielos... tenías razón con lo del peligro de cruzar la línea. —Jadeó Brianna, presa de una pasión que la embargaba por completo.
Kieran sonrió, moviéndose con una fuerza que le arrancó un suspiro profundo, mientras ella le clavaba las uñas en los fuertes glúteos, incitándolo a perder el control.
—Te advertí que era una frontera muy peligrosa —se regodeó él.
Con un movimiento fluido, la hizo girar, provocándole una sonrisa escandalosa que pronto se transformó en un gemido de puro placer cuando él la arrastró consigo al clímax.
Kieran volvió a acomodarse, esta vez dejándola a ella encima, rodeándola con sus grandes brazos en los que la pequeñez de Brianna parecía encontrar su refugio perfecto.
Aún unida a él, Brianna alargó la mano hacia la mesilla y tomó el libro que antaño le resultara indescifrable.
—¿Qué quieres saber hoy? —le preguntó Kieran, acariciándole el cabello con una ternura que solo ella conocía.
—Háblame de los Tuatha Dé Danann —respondió ella con los ojos iluminados por la ilusión.
—Entonces, muévete —le ordenó él con un rastro de travesura, dándole una nalgada que le hizo arrugar el gesto con diversión.
Brianna se incorporó y, siguiendo su gesto, se sentó frente a él, acomodándose en su regazo. Kieran, con su voz grave y seductora, comenzó a leer sobre la quinta invasión de Irlanda, la dedicada al pueblo de la diosa Danu.
Le habló de aquella raza de seres divinos y mágicos que derrotaron a los Fir Bolg , y Brianna escuchó atenta, feliz de saber que su propia historia, al igual que la de los antiguos dioses, acababa de empezar en aquellas tierras de leyenda.
Fin