Come, bebe y sé bruja
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Prólogo
Los merrow oscuros deambulaban por la playa, tres en fila y embozados en sus túnicas, y observaban el complejo turístico desde lejos.
Formaban una comitiva tan extraña que a plena luz del día habrían atraído todas las miradas, pero a esas horas la playa estaba desierta.
Hacía rato que había caído la noche, de modo que los bañistas se habían retirado ya a los bares o a la cama.
Eso permitía a los merrow oscuros moverse a su antojo… que era exactamente como lo preferían.
—Hablaste con ellos —dijo el más pequeño de los tres, dirigiéndose al anciano—. Te presentaste.
El anciano alzó un hombro a modo de encogimiento. Cierto que había hablado con ellos —la bruja y el cambiaformas—, pero no estaba seguro de tener gran cosa que aportar a sus compañeros en materia de información.
—No van a hacer las cosas como nos gustaría —dijo al fin.
—¿Qué quieres decir?
—Que nos plantarán cara si intentamos tomar el control.
El tercer merrow se agitó.
—No me importa que quieran pelear con nosotros —dijo—. Ya nos hemos enfrentado a brujas antes. Me preocupa más que siembren el caos entre los que intentemos reclutar. ¿Lo harán?
—Harán lo que haga falta para detenernos.
El anciano nunca se había parado a pensar en su edad, pero de pronto se sintió cansado.
—Por separado seguramente podamos con ellos. La bruja se distrae con facilidad y el cambiaformas no tiene manada. Pero si se unen…
Dejó la frase en el aire y frunció el ceño. Desde donde estaban apenas alcanzaba a ver las lucecitas que perfilaban el bar tiki de la bruja. Estaban demasiado lejos para distinguir caras, pero sabía que ella andaba allí. La bruja. Siempre estaba allí.
—Entonces, ¿qué hacemos? —preguntó el merrow más joven.
Tenía cien años y aun así seguía siendo un ingenuo.
—¿Cómo los vencemos?
—No lo sé.
El anciano se cruzó de brazos.
—Pero voy a averiguarlo. No hemos llegado tan lejos como para perder ahora. Tenemos que eliminarlos… y cuanto antes, mejor.
—Podríamos ir a por ella ahora mismo —sugirió el tercer merrow—. No se lo esperaría.
—No.
El anciano no sabía gran cosa, pero sí sabía que exponerse a que los descubrieran era un error.
—Esperaremos. Observaremos. Y… buscaremos la mejor manera de acabar con ella.
—¿Y si el cambiaformas mete las narices en nuestros asuntos?
—Acabaremos con él también.
El tercer merrow no parecía convencido, pero asintió de todos modos.
—Está bien. Tú mandas. Pero si se llega a eso, no dudaré en acabar con los dos a mi manera.
—No dudo de que lo dices en serio. Por ahora, esperaremos. Ya se presentará una solución. Siempre pasa así.
—Si tú lo dices.
—Lo sé.