Extracto
EL JEFE EQUIVOCADO
Elle
—Tengo una nueva aplicación para ti —dijo Chloe emocionada.
Gemí. Las únicas apps que Chloe compartía eran de citas. Para ella, las citas eran un deporte de competición. A fondo y sin descanso. Resistencia extrema.
—Seis meses, Elle. Seis meses desde tu último perdedor y has estado más célibe que una monja.
—He estado ocupada —protesté, señalando vagamente hacia la pila de informes de marketing que había traído a nuestro happy hour, porque por lo visto no podía ni beber sin pensar en el trabajo—. Algunas tenemos trabajos exigentes.
—Hablando de eso —Chloe por fin levantó la vista, con esa mirada azul afilada que indicaba que me esperaba un sermón—, ¿cuándo fue la última vez que hablaste de algo que no fuera lo mucho que odias a tu jefe?
Abrí la boca para replicar, pero volví a cerrarla.
No se equivocaba. Durante los últimos seis meses, desde que Jaxon Reed había asumido el cargo de director ejecutivo, mi vida se había convertido en un círculo especial del infierno corporativo.
El hombre era guapo como esos CEO depredadores de las series que te enganchan.
También era el jefe más exigente, perfeccionista e insoportablemente difícil para el que había tenido la desgracia de trabajar.
—No es para tanto —mentí por inercia.
Chloe resopló. —Elle, la semana pasada lo llamaste «Satanás con traje de Tom Ford» y luego te pasaste veinte minutos explicando cómo te gustaría atarlo a su propia mesa de reuniones.
—Vale, vale —levanté las manos en señal de rendición mientras el rubor me subía a las mejillas—. Puede que tenga algo de frustración laboral sin resolver.
—Frustración sexual sin resolver, querrás decir —Chloe giró el móvil hacia mí y me mostró la conocida interfaz de TruMatch—. Por eso vas a descargarte esta app y encontrar a alguien que te ayude a canalizar toda esa agresión reprimida.
Miré la pantalla, donde los posibles candidatos pasaban en un desfile interminable de selfis de gimnasio y sonrisas forzadas. —La verdad es que las apps de citas no son lo mío.
—No existe ningún «tipo». Así es como se conoce la gente normal —tocó algo en la pantalla—. Mira, te estoy creando un perfil ahora mismo. ¿Cuál es tu mejor rasgo?
—Chloe...
—Tus ojos. Sin duda, tus ojos. ¿Y quizás mencionar que trabajas en marketing? A los tíos les encantan las mujeres profesionales.
Antes de que pudiera protestar más, ya se había hecho con mi móvil y había descargado la app. —Listo. Todo configurado. Ahora solo necesitamos unas fotos.
Veinte minutos después, tenía un perfil de TruMatch que me hacía parecer alguien mucho más segura y arreglada de lo que realmente me sentía.
Chloe había elegido tres fotos: una de su fiesta de cumpleaños del mes pasado, donde la iluminación hacía que mis ojos marrones parecieran casi dorados; una foto espontánea de mí riéndome en algún evento del trabajo; y una de cuerpo entero de nuestro viaje de fin de semana a la playa, que hacía que mis curvas parecieran intencionadas y no el resultado de demasiadas pizzas nocturnas por culpa del estrés.
—La bio también está lista —anunció mientras me devolvía el móvil deslizándolo por la mesa—.
La dejé sencilla. «Profesional del marketing que cree que la vida es demasiado corta para conversaciones aburridas y jefes controladores.
Solo buen rollo. Busco a alguien que sepa llevar las riendas sin ser un obseso del control».
—¿Buen rollo?
Señaló mi vaso de Macallan.
Releí el perfil y me encogí un poco. —¿Llevar las riendas? Chloe, eso me hace parecer que busco a un cavernícola macho alfa.
—¿Y no es eso lo que quieres? —arqueó una ceja con expresión de saberlo todo—. He oído tus quejas, El. No quieres a un tío pasivo que te pida permiso para cogerte de la mano. Quieres a alguien que esté a la altura de ese temperamento tuyo, alguien que no se achante cuando te pones intensa con algo.
No podía llevarle la contraria. Mis últimos tres novios habían sido seguros, predecibles y, en definitiva, aburridos. El sexo había sido... correcto. Educado. El tipo de encuentros que me hacían preguntarme si me pasaba algo por querer más intensidad, más...
—Ahí lo tienes —dijo Chloe, interrumpiendo mis pensamientos—. Ya tienes tres matches.
Miré el móvil, sorprendida de ver las notificaciones con corazoncitos. El primer match era Brad, un bróker cuyo perfil gritaba «cocaína y problemas con papi». El segundo era David, que parecía bastante majo, pero tenía pinta de ser de los que se disculpan por correrse.
El tercero era Jake.
Sus fotos eran diferentes: nada de selfis de gimnasio ni fotos de grupo donde no sabías cuál era él.
Solo tres fotos sencillas: una de él en una cafetería, leyendo lo que parecía un libro de verdad; otra sonriendo a algo fuera de cámara, con una expresión genuina y no forzada; y una foto informal con vaqueros y una camiseta Henley que dejaba entrever un cuerpo cuidado sin gritar «mirad mis abdominales».
Su bio era igual de refrescante: «Ingeniero de software que cree en el buen café, la buena conversación y la idea radical de que el trabajo debería mejorar la vida, no consumirla. Busco a alguien auténtico en un mundo de filtros y fachadas».
—Este —dije, enseñándole la pantalla a Chloe.
Soltó un silbido. —Joder, está bueno. Y tiene curro. Y sabe leer —entrecerró los ojos mirando su perfil—. Aunque seguro que es uno de esos frikis de la tecnología que creen que están salvando el mundo con su startup.
—Mejor que los brókers que se creen George Soros —señalé.
—¿Quién?
—¿El padre de los fondos de cobertura? —agité la mano—. Da igual.
Como si lo hubiera invocado nuestra conversación, el móvil vibró con un mensaje. Jake había escrito primero.
Jake
Hola, Elle. Tengo que preguntarte: ¿de verdad existe un lugar sin jefes controladores, o es pura fantasía? Porque estoy bastante seguro de que el 90 % del mundo corporativo está dirigido por obsesos del control que creen que agobiar es lo mismo que liderar.
Me quedé mirando el mensaje, sorprendida por su franqueza. La mayoría de los chicos empezaban con «hola, guapa» o alguna frase igual de genérica. Esto parecía el comienzo de una conversación de verdad.
Elle
Por dolorosa experiencia, es pura ilusión.
Jake
Déjame adivinar lo de tu jefe: traje caro, despacho en la esquina, trata a los empleados como si debieran estar agradecidos solo por respirar su aire.
Elle
Actualmente trabajo para alguien que probablemente tiene mis pulsaciones de teclado monitorizadas y cronometra mis idas al baño. Te juro que el tío disfruta haciendo que la gente pase por el aro.
Me reí en voz alta y Chloe me miró con curiosidad.
—¿De qué te ríes?
—Lo pilla —dije mientras tecleaba a toda velocidad.
Elle
Y ni me hagas empezar con la obsesión por su estúpido bolígrafo caro. No para de hacerlo clic durante las reuniones como si fuera una demostración de poder. Clic, clic, clic. Te juro que lo hace solo para ver cómo la gente se retuerce.
Jake
Suena insufrible.
Elle
Añade «increíblemente guapo» a esa lista y tendrás mi pesadilla diaria. Aunque supongo que ser atractivo forma parte del pack: intimidación por superioridad genética.
Jake
¿Increíblemente guapo? ¿Debería ponerme celoso? ¿Es de esas situaciones en las que lo odias porque te atrae?
La respuesta de Jake me provocó un revoloteo en el estómago.
Me quedé quieta, con los dedos suspendidos sobre la pantalla.
¿Me atraía Jaxon Reed? La idea era absurda.
Sí, era objetivamente guapo: pómulos marcados, ojos verdes intensos y esa boca perfecta.
Pero también era arrogante, exigente y parecía disfrutar de verdad complicándome la vida.
Elle
Perdona, me he dejado llevar con la perorata. Es que es tan... autoritario con todo. Como si esperara que el mundo entero se reorganizase a su gusto.
Jake
Lo autoritario puede resultar atractivo en el contexto adecuado.
Elle
Cierto. Un hombre que sabe lo que quiere y no tiene miedo de ir a por ello tiene su punto.
Jake
¿Qué harías si tuvieras el control total de la situación?
Algo en cómo lo había dicho hizo que se me acelerara el pulso. Di otro sorbo a mi whisky; el alcohol me estaba volviendo más atrevida de lo normal.
Elle
¿Sinceramente? Me encantaría verle bajar los humos. Que experimente lo que es que otro lleve la voz cantante, para variar.
Aparecieron los tres puntos y desaparecieron, como si estuviera escribiendo y borrando su respuesta.
Jake
Esa es una fantasía interesante. Cuéntame más sobre qué querrías hacer con todo ese control.
Se me encendieron las mejillas al darme cuenta de que la conversación había tomado un giro decididamente poco profesional. Miré a Chloe, que fingía con mucho empeño no estar leyendo por encima de mi hombro mientras, obviamente, leía por encima de mi hombro.
Elle
Probablemente debería mantener esta conversación apta para todos los públicos. Estoy en un bar con una amiga.
Jake
Dile a tu amiga que se largue.
El mensaje me provocó otro revoloteo en el estómago. Había algo en su tono mandón, en la seguridad que transmitía, que sugería que Jake podría ser el tipo de hombre capaz de ofrecerme la intensidad que llevaba tiempo anhelando. Esa que los tíos anteriores ni se habían acercado a darme.
Elle
¿Y tú qué? ¿Qué harías si te encontraras en una posición de autoridad sobre alguien que te hubiera estado dando guerra?
Jake
Me aseguraría de que entendiera exactamente quién manda. De forma clara, exhaustiva, y de un modo que no olvidaría fácilmente.
Dejé el teléfono con manos temblorosas, la cara claramente sonrojada.
—Vale, eso se ha ido de las manos muy rápido.
Chloe sonrió.
—¿Para bien o para mal?
—Aún no lo tengo claro —murmuré, aunque el calor que se acumulaba en mi bajo vientre sugería que ya sabía la respuesta.
Mi teléfono vibró de nuevo.
Jake
¿Demasiado? Tengo tendencia a ser directo y eso no siempre queda bien por mensaje.
Elle
No, no es demasiado. Solo... inesperado. La mayoría de los chicos empiezan con frases sobre mis ojos o preguntando cómo me gusta el café.
Jake
No soy como la mayoría de los hombres. Me interesa más lo que hay detrás de esos ojos que cómo quedan con buena iluminación.
¿Cuándo fue la última vez que alguien se había interesado por mis pensamientos y no solo por mi aspecto?
Elle
Cuidado. Sigue hablando así y puede que empiece a pensar que merece la pena conocerte en persona.
Jake
¿Es una invitación o un desafío?
Elle
Quizá un poco de ambas cosas.
Jake
¿Qué haces mañana por la noche?
Me quedé mirando el mensaje, nerviosa de repente.
Esto iba rápido, incluso para lo que se estila en las apps de citas.
Pero había algo en Jake que me hacía querer tirarme a la piscina.
Quizá Chloe tenía razón: tal vez seis meses de celibato y frustración laboral me habían dejado lista para alguien que pudiera igualar mi intensidad.
Elle
Mañana hay que madrugar.
Jake
Haría que mereciera la pena.
Elle
Qué seguro. Tendrás que demostrarlo.
Jake
Se me da muy bien demostrar cosas. Aunque prefiero tomarme mi tiempo cuando hay que hacer una demostración como es debido.
Elle
Seguro de ti mismo. Me gusta eso en un hombre. Pero quizá deberíamos seguir escribiéndonos por ahora. Conocernos mejor antes de precipitarnos.
Jake
Me gusta cómo suena eso.
Elle
Buenas noches, Jake. Ha sido un cambio agradable.
Jake
Disfruta con tu amiga. Dulces sueños. E intenta que tu jefe no se cuele en ellos.
Elle
No prometo nada. Tiene la costumbre de quedarse rondando.
Mientras guardaba el teléfono en el bolso, ignorando a Chloe, que exigía detalles sobre mi repentina sonrisa, estaba realmente ilusionada con una cita por primera vez en meses.
Jake parecía ser todo lo que había estado buscando: seguro de sí mismo, directo, interesado en algo más que conversaciones superficiales.
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