CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO
—¡Idiota!
La voz de Adrijana rebotó en las paredes del aparcamiento subterráneo.
Zoric le agarró el brazo.
—Baja la voz.
—¿Qué clase de plan es este? —siseó entre dientes.
Los tres estaban junto a la furgoneta del canal que Petrovic había traído de vuelta al hotel. Ya les había contado cómo había conseguido hacerse con ella.
—Es una idea genial, pero eres demasiado estúpida para darte cuenta —se burló Petrovic.
—¿Estúpida?
Adrijana frunció el ceño y echó la cabeza hacia atrás con incredulidad.
—No llevamos ni un día aquí y ya has matado a alguien y le has robado la furgoneta. Y no una furgoneta cualquiera, sino una del canal de noticias. ¿Cuánto tardarán en darse cuenta de que falta?
—Ya te lo dije, tenemos hasta las nueve de la mañana. A esa hora dijo que recogería a la chica.
—Adrijana, sé que todo está yendo muy deprisa, pero es un buen plan —dijo Zoric—. Hacernos pasar por un equipo de televisión nos dará acceso a la agente.
No podía negarlo. Por lo general, ella se mantenía al margen de los tejemanejes de Zoric y Petrovic, así que no veía de primera mano a qué se dedicaban realmente.
—¿Y qué sabemos nosotros de ser un equipo de televisión?
—¿Qué hay que saber? Yo seré el productor, Branko será el cámara, y tú, preciosa —dijo Zoric, acariciándole suavemente la mejilla—, tú serás la reportera.
—No sé hacer entrevistas.
—No hace falta. Solo necesitamos acceder a ella, encontrar un sitio donde podamos quedarnos a solas. Y entonces la mataremos.
—¿Y después nos vamos tan tranquilos? —insistió Adrijana.
—Sí —respondió Zoric con una sonrisa, volviéndose hacia Petrovic para darle una palmada en la espalda.
Era evidente que ambos pensaban que el plan era infalible. Dado que Petrovic prácticamente los había comprometido a todos al matar al conductor y robarle la furgoneta, ella no tenía más remedio que seguirles el juego.
Mientras los tres volvían hacia el ascensor, Zoric le pasó el brazo por los hombros a Adrijana.
—Esta noche miras las noticias, apuntas algunas preguntas, observas cómo actúa una reportera. Lo harás bien.
—Dijiste que no tendría que entrevistarla.
—Es solo por si acaso.
Salieron del ascensor y recorrieron el corto pasillo hasta su habitación. Petrovic fue directo a la esquina, parándose a coger una cerveza de la nevera, y se dejó caer en el sillón. Zoric encendió la televisión y se acomodó en la cama. Adrijana se tumbó a su lado, apoyada en el cabecero.
—Vale, supongamos que conseguimos quedarnos a solas con ella y la matamos. ¿Cómo cumplimos con el juego?
—Ah, ya tengo la película perfecta: la última de Harry el Sucio.
La miró y esbozó una sonrisa.
—Trata de asesinatos de famosos. En la película, Harry el Sucio es una de las personas de la lista. En nuestra versión, será Kane la Sucia.