31. Capítulo 31 #3
—Pero por supuesto. Tendré que ir trabajando un poco a la vez, pero no es que siempre haya clientes. Si quieres, podemos empezar con las clases de italiano mañana mismo.
—¡Sería fantástico! Te lo agradezco mucho.
Ornella miró a Mara fijamente con sus ojos oscuros, ahora con un tono más serio. —Pero hay una cosa que aún no entiendo del todo: ¿vas a vivir ahora aquí en Florencia, o son solo unas vacaciones largas, un tiempo sabático, o cómo te lo has planteado?
Sergio tragó saliva. Ornella había puesto el dedo en la llaga una vez más, planteando lo que a él le llevaba rondando la cabeza días enteros. Tampoco él tenía claro cómo se imaginaba Mara su futuro y no sabía si ella se había parado siquiera a pensar en qué pasaría después.
Mara miró de reojo a Sergio, como si no quisiera herirlo con su respuesta.
—Bueno, la verdad es que es una historia bastante larga y no es nada sencilla.
El caso es que perdí mi trabajo en Hamburgo y en aquel entonces me vine a Florencia por un impulso, sin poner orden en mi vida.
Me marché a la carrera, casi huyendo. Ahora no sé exactamente qué futuro me espera.
Le doy muchas vueltas, pero no sé cómo encajarlo todo.
Hay muchas cosas que considerar, tengo mucho que aclarar y, aun así, no consigo aclararme.
Entonces Sergio intervino en la conversación.
No habría mejor momento para presentarles su plan a ambas mujeres.
—Ornella, esperaba que tal vez pudieras ayudarnos.
Verás, en Alemania, Mara trabajaba en una boutique de moda exclusiva con clientas adineradas.
Y he pensado que quizá podrías preguntar por ahí si habría alguna posibilidad de un trabajo similar aquí en Florencia.
—¿No crees que primero deberías haberlo hablado con Mara? —Ornella había enarcado sus depiladas cejas, dándole a entender a Sergio muy claramente que no le parecía que su iniciativa hubiera sido precisamente delicada.
En ese instante, Sergio se dio cuenta de que se había pasado de la raya.
Le había dado tantas vueltas a cómo ayudar a Mara a establecerse en Florencia…
Y lo había hecho, principalmente, porque era la persona más egoísta del mundo.
No quería perderla, no quería tener que elegir entre Florencia y Mara.
Por eso se había adelantado y había decidido por su cuenta lo que sería mejor para ella.
Vio por el rabillo del ojo que Mara lo miraba sorprendida.
—Sí, quizá eso no habría estado de más.
Ambas mujeres se miraron primero entre ellas y luego a él. Sergio comprendió que ahora tenía que defenderse bien. Solo pretendía ayudar, en ningún caso quería decidir nada por Mara ni ponerla ante hechos consumados.
Ornella se levantó. —Mejor os dejo solos. Quizá prefiráis hablar de esto entre vosotros.
Sergio vio cómo la italiana se alejaba.
—Perdona, Mara. Ya sé que probablemente me he pasado de listo. Pero le he dado tantas vueltas y he pensado que, si tú…
—¿Sí? —Mara se había cruzado de brazos frente al pecho. Aquello no era buena señal.
—Esta mañana has dado a entender que no te imaginas seguir viviendo así, dejando pasar los días sin una ocupación, y yo quería hacer algo por ti.
He pensado que, si alguien podía ayudarte a echar raíces en Florencia, esa era Ornella.
Conoce a todo el mundo y seguro que puede apoyarte para encontrar un trabajo.
Si tú quieres, claro. Créeme, Mara, de verdad que no lo he hecho con mala intención.
—Lo sé. Aun así, me decepciona que tomes una decisión así por mí.
No puedes determinar así como así cómo debo llevar mi vida.
Sergio, aquí en Florencia por fin he aprendido a ser yo misma.
He comprendido que puedo y debo tomar mis propias decisiones y no tengo por qué estar siempre supeditada a los demás. He hecho eso durante demasiado tiempo.
Sergio agachó la cabeza. Lo había vuelto a estropear todo. Menudo idiota estaba hecho.
—Mara, por favor, perdóname. De verdad que no era esa mi intención. No quería disponer de ti ni nada parecido. Solo pretendía ayudar. ¿Es que acaso quieres quedarte en Florencia? ¿Conmigo?
La voz de Sergio se había vuelto cada vez más débil. Casi susurró las últimas palabras. Mara le levantó un poco la barbilla, obligándolo a mirarla. Su expresión severa se transformó en una sonrisa dulce. Tomó una de las manos de Sergio entre las suyas.
—Está bien. Sé que tu intención era buena y creo que es una idea excelente. Yo también he pensado mucho en cómo podría seguir mi vida, pero aún no había encontrado ninguna solución. Tienes razón, si alguien puede ayudar, esa es Ornella. Y sí, quiero quedarme contigo. No hay nada que desee más.
A Sergio se le quitó un gran peso de encima. Se quedaría con él. No iba a perder a Mara. La estrechó entre sus brazos y la besó. Puso todo su amor por aquella mujer en ese único beso que parecía no tener fin.
—Bueno, ya veo que habéis aclarado vuestras diferencias, qué bien. ¿Habéis decidido algo?
Mara asintió. —Sí, me quedaré aquí.
Ornella sonrió satisfecha. —Muy bien, hija, si quieres quedarte aquí en Florencia, te ayudaré encantada a buscar un trabajo.
Preguntaré por ahí; en las calles de al lado hay muchas boutiques pequeñas y me imagino que, con tus conocimientos de alemán, tienes muchísimas posibilidades de entrar en alguna.
Tenemos muchos turistas alemanes aquí en Florencia y no viene mal poder atenderlos en su idioma.
Si quieres, preguntaré. Pero solo si es tu deseo.
Los deseos de Sergio aquí son secundarios.
—Sería maravilloso, querida Ornella. Te lo agradezco mucho.
—Agradécemelo cuando consiga algo. ¡Y ahora contadme con todo detalle cómo os conocisteis! ¡Me encantan las historias de amor!