26. Capítulo 26 #3
—¡Dios mío, Sergio! ¿Podrías cocinar para mí mucho más a menudo? ¡Esto está riquísimo! No, es sencillamente celestial.
Sergio sonrió aliviado. —¿De verdad? Me alegra mucho. Debo admitir que hoy estaba un poco nervioso porque no sabía exactamente qué te gustaba, pero pensé que con este plato no podía equivocarme, incluso aunque fueras vegetariana. Todavía sé tan poco de ti y quería que todo saliera bien.
—Es verdad, sabemos muy poco el uno del otro. ¿Qué te parece si aprovechamos esta noche para conocernos mejor?
Sergio tragó saliva. ¿Había vuelto a malinterpretar sus palabras con un doble sentido?
Quizá tendría que trabajar en su forma de expresarse.
En realidad, quería proponerle que se hicieran preguntas mutuamente para conocerse mejor, pero la cosa no tenía por qué acabar ahí.
Cuanto más lo pensaba Mara, más atractiva le parecía esa opción.
—Yo también quiero conocerte mejor, Mara. No se me ocurre nada mejor.
—Bien, pues empiezo ya mismo con el interrogatorio. —Mara dejó los cubiertos a un lado un momento y miró a Sergio directamente a los ojos.
—¿Cantante favorito? O cantante favorita, da igual, músico o banda favorita.
—¿Tú qué crees?
—No estoy segura... ¿quizás algo clásico?
Sergio se echó a reír. —Realmente va siendo hora de que nos conozcamos mejor. Solo porque sea profesor y me guste dibujar no significa que escuche música clásica por defecto. No, mi banda favorita es Måneskin. ¿Los conoces?
—Claro, son los que ganaron el festival de Eurovisión, ¿no?
—Esos mismos. Pero yo ya era un gran fan suyo cuando no los conocía nadie. Me gusta la combinación de canciones cañeras y baladas sentimentales. Y me gusta que canten mucho en italiano. El idioma italiano hace que una canción sea mucho más emocional que el alemán o el inglés. ¿Y tú qué escuchas?
—La verdad es que suelo escuchar lo que esté en las listas de éxitos actuales.
—Ya, ¿pero qué grupo? No has respondido a tu propia pregunta.
—No sabría decirte uno ahora mismo, suelo escuchar de todo lo que ponen en la radio y sobre todo me gusta el dance. Pero debo decir que la actuación de Måneskin de aquel entonces me encantó. Si quieres, luego me pones algo de ellos.
—Claro, por supuesto.
—Vale, siguiente pregunta: película favorita.
—Ay, madre... ¿sabes cuánto tiempo hace que no voy al cine? —Sergio miró a Mara con tal cara de desesperación que ella no pudo evitar soltar una carcajada.
—Vaya, ¿así que no eres un gran cinéfilo?
—Bueno, sí que me gusta el cine. Lo que pasa es que no me gusta mucho ir a las salas; suelo ver series en Netflix.
—¿En serio? ¿Cuál es tu serie favorita?
—Esa te la puedo responder sin pensarlo: «Juego de Tronos», por supuesto.
—¡Dios mío, me encanta esa serie! Es una pena que no vaya a haber más temporadas. ¿Ves? Ya tenemos algo en común.
Mara le sonrió a Sergio con ánimo y una sensación cálida se extendió por su vientre. Sabía que tenían cosas en común. Solo tenían que descubrirlas.
Y así continuaron. Hacía rato que habían terminado de cenar y se divertían acribillándose a preguntas.
Mara descubrió que a Sergio le gustaba leer, dibujar y bucear.
Cuanto más hablaban, más relajado parecía él, y Mara se había cuidado de no soltar más indirectas de doble sentido.
Sin embargo, a medida que avanzaba la velada, aumentaba su necesidad de acercarse físicamente a Sergio.
Quería saber cómo se sentía su piel. Quería sentir cómo sus manos exploraban su cuerpo.
Habían pasado mucho tiempo juntos, se habían besado con timidez de vez en cuando, pero hasta ahora no habían pasado de ahí.
Mara deseaba que eso cambiara esta noche.
Pero no podía soltarlo así de golpe, y el comportamiento de Sergio, aunque amable y educado como siempre, no le daba ninguna pista de si él también sentía el deseo de acabar en la cama con ella y seducirla.
Poco a poco oscureció y Sergio encendió una pequeña vela sobre la mesa. Muy romántico. Habían tenido una conversación excelente y habían aprendido mucho el uno del otro. Mara era cada vez más consciente de que le había cogido mucho cariño a Sergio.
—¿Te apetece tomar postre?
—¿Qué? ¿También has hecho postre?
—Por supuesto. ¿No sabes que a los italianos nos encanta pasarnos horas comiendo? Esta vez lo he limitado a dos platos, pero la próxima podemos hacer cinco si quieres.
—Un postre siempre viene bien. Pero antes de nada, quería darte las gracias.
—¿Darme las gracias? ¿Por qué?
—Por esta noche tan maravillosa y por la comida tan rica. Por el tiempo tan agradable que me regalas y por lo bien que me haces sentir.
—Me alegra que te sientas a gusto.
Mara se había ido acercando a Sergio hasta quedarse justo frente a él. Podía oler su aroma fresco a limón y brisa marina, sentir su calor, y no deseaba nada más que abalanzarse sobre él.
—Debería ir a por el postre.
—Pero si aún no te he dado las gracias como es debido.
Mara miró fijamente a Sergio a los ojos.
Él volvió a subirse las gafas y la miró como un conejo asustado.
Tendría que esperar sentada si quería que Sergio tomara la iniciativa.
Así que no le quedaba más remedio que coger lo que quería.
Porque su idea de un postre era muy distinta en ese momento.
Dio el último paso hacia Sergio y atrajo su rostro hacia el suyo.
Esta vez no tuvo que esperar mucho para que Sergio correspondiera a su beso.
Él la estrechó contra sí e intensificó el beso.
Mientras se besaban, Mara fue guiando a Sergio hacia el interior del piso, hacia el sofá.
—¿Entonces no hay postre?
Mara le quitó las gafas a Sergio y las dejó sobre la mesa del salón. —Luego.
Volvió a besarlo, esta vez con más pasión.
Tenía muchísimas ganas de saber qué se sentía al estar con Sergio y ser acariciada por él.
Deslizó sus manos bajo la camiseta de él y sintió su abdomen plano y musculoso.
Las manos de Sergio también empezaron a explorar tras una breve vacilación.
Mara gimió. Nunca la habían acariciado con tanta ternura.
En sus relaciones anteriores, los tipos solían limitarse a estrujarle los pechos, pensando que eso le resultaría erótico de alguna manera.
Sergio, en cambio, era diferente, delicado, como si ella fuera de cristal y necesitara protección. Tomó su rostro con ternura entre sus manos y lo acarició suavemente.
—Eres tan hermosa.
Mara se limitó a sonreír. No hacía falta decir nada, las palabras sobraban en ese momento. Solo quería sentir a Sergio y olvidar todo lo que la rodeaba. Quería ser una sola con él.