EXTRACTO - DEEP 6 #4
Tyler me da un plato antes de coger el suyo y los llenamos de ensaladas, fiambres, quesos deliciosos y pan tierno.
Todo tiene un aspecto y un olor increíbles.
Hay mesas alrededor de la sala y nos acercamos a una que está libre.
Tyler me pasa los cubiertos y espera a que yo esté lista para empezar a comer él.
Entre tanta tristeza, había olvidado lo caballeroso que es.
Lo primero que se ve es su tamaño y su fuerza, su masculinidad y su rudeza, pero debajo de esa apariencia hay todo un mundo.
—¿A qué te dedicas ahora? —me pregunta, y levanta la mirada hacia mí como si temiera no saber qué decir.
—Soy profesora de Literatura —respondo—. En un instituto de la zona.
—Vaya… qué bien.
—Sí.
Asiento mientras mastico un bocado del hojaldre salado más delicioso del mundo.
—Los chicos son geniales y mis compañeros me apoyan. He tenido suerte de encontrar un instituto tan fantástico.
No le cuento que el director ha conseguido despedirme por un tecnicismo del contrato después de que intentara meterme mano en la sala de profesores y yo lo apartara.
Eso me lo voy a guardar, junto con el detalle deprimente de que voy a tener que dejar el piso y volver al sótano de mi hermana Suzanne.
Al menos podré pasar más tiempo de calidad con Sophie.
Es, sin duda, lo único bueno de toda esta situación.
—Entonces, ¿ahora estás de vacaciones?
—Sí. Es una de las ventajas. ¿Y tú… trabajas en Deep Repairs?
—Soy socio de los otros chicos que conociste. Somos seis.
—¡Seis! ¿Y esa es vuestra casa?
—Vivimos todos allí —dice Tyler—. Compañeros de trabajo y de piso.
—¿No acabáis hartos unos de otros?
Tyler niega con la cabeza.
—Nunca. Son como mis hermanos.
Sonrío al oír la seguridad con la que lo dice. Siempre he pensado que las amistades entre hombres son mucho menos complicadas que las de las mujeres.
—¿Y tu familia? ¿Cómo están Luna y Jake?
El cambio en el rostro de Tyler hace que se me hiele todo el cuerpo.
Se le abre la boca y abre mucho los ojos; aprieta los cubiertos en los puños como si fueran armas listas para usar en cualquier momento.
El silencio se alarga entre nosotros, viscoso y agrio, hasta que alguien, entre la gente, empieza a hacer tintinear una copa.
—¡DISCURSO! —Un hombre que claramente ha bebido demasiado se sube a una silla para ver por encima de la multitud—. Kane, Karter, Holden, Harris, moved el culo y venid aquí.
La sala estalla en vítores y me vuelvo hacia la gente, donde empiezo a ver movimiento. Lo que sea que haya dicho para asustar así a Tyler, mejor dejarlo estar, por el bien de los dos.
Los maridos de Connie empiezan a cruzar la sala, sonrientes y avergonzados. El hombre que ha gritado le ha sacado un micrófono al DJ y lo agita como si fuera un arma. Kane es el primero en llegar hasta él y se lo quita enseguida, como si temiera que le hiciera daño a alguien.
Kane espera a que sus hermanos lo rodeen y se lleva el micrófono a los labios.
—Connie, ¿dónde estás, cariño?
Recorre la multitud con la mirada mientras Karter se acomoda al pequeño Brett en la cadera; el pequeño Brett, que la verdad es que ha crecido muchísimo.
—¡Estoy aquí! —grita Connie, saludando con la mano mientras se abre paso hasta el centro del corro. Holden la estrecha entre sus brazos y Harris se le une por el otro lado. Ella sonríe de oreja a oreja y mira a sus maridos, todos altísimos y guapísimos.
—Ahí está —dice Kane con suavidad—. No hemos preparado nada. Se supone que esto iba a ser una celebración informal, pero supongo que algunas tradiciones no hay quien las quite, por mucho que uno intente hacer las cosas de otra manera.
Un murmullo de risas recorre a los invitados y Kane espera a que se apague.
—Lo que queremos decir es que no podemos estar más contentos de que este día haya llegado por fin. Queríamos casarnos con Connie desde hace mucho tiempo, pero ella nos ha hecho esperar.
—Se hacía la difícil —grita Harris, y la gente se ríe.
—Pero entonces fuimos a la boda de Carmella y Derek, y algo hizo clic.
Me vuelvo a buscar a Carmella entre la gente y la encuentro radiante.
Derek le echa el brazo por encima de los hombros y la atrae hacia sí.
Son la viva imagen de la pareja feliz, algo que debería inspirarme sólo buenos pensamientos y que, en cambio, me recorre con un escalofrío de celos que detesto.
Es mi mejor amiga y me alegro muchísimo de que haya encontrado a su media naranja, pero yo no merezco menos que ella, ¿no?
—Y aquí estamos —continúa Kane—. Hoy Connie nos ha convertido en los hombres más felices del mundo.
Es la persona más fuerte que conocemos: pelea por nuestra familia y planta cara a quienes juzgan nuestro amor.
Sabemos que no siempre es fácil llevar una vida distinta a la de la mayoría, pero te prometemos que estaremos a tu lado en todo…
mientras nos quede aliento, seremos tuyos.
Connie se tapa la boca con la mano y se le llenan los ojos de lágrimas.
Holden le besa la coronilla y los Banbury se agrupan alrededor de su novia y la abrazan y la besan por turnos.
Son la imagen de la unión, la viva estampa de la felicidad y la plenitud, y entre ellos, Brett, su hijo, chilla de alegría.
Odio la etiqueta, pero son de verdad «la pareja perfecta», salvo que no son una pareja. ¡Ni siquiera son una trieja! ¿Qué demonios son? ¿Una quinteja? No creo que eso exista. De hecho, ¡creo que me acabo de inventar una palabra!
La gente rompe a vitorear, el DJ vuelve a poner música y, en un abrir y cerrar de ojos, todo el mundo está bailando.
Tyler vuelve a centrarse en su plato. La expresión atormentada casi ha desaparecido de su cara, pero yo no puedo olvidarla.
Algo malo pasó en su familia. Algo que hizo que Tyler me mirara como si le hubiera arrancado el corazón y lo hubiera reducido a cenizas con solo mencionar a su hermano y a su hermana.
No me lo va a contar. Conozco lo suficiente a este hombre para saber que guarda sus puntos débiles bajo una coraza blindada. Así que, si él no me lo cuenta, tendré que averiguarlo por otro camino.
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