Epílogo
Noa – Pretemporada de Florida
A las seis y media de la mañana, la piscina está vacía y el mar, detrás, todavía no tiene un color definido.
He bajado descalza, con un libro que no he abierto y sin el reloj con el que suelo salir a correr.
Me he despertado temprano. Nada más.
Jordan sigue dormida, con una mano debajo de la almohada. Anoche dijo que hoy quería levantarse pronto para pasear por la playa, pero cuando me moví, solo abrió un ojo y murmuró algo que no entendí. No insistí.
—Buah, Inglesa, buenos días, ¿eh?
Iris aparece en dirección al hotel. Tina camina detrás de ella, con los zapatos en la mano.
—¿Todavía no os habéis acostado? —pregunto sorprendida.
—Qué pregunta tan fea a estas horas —protesta. A continuación, coge mi taza sin pedir permiso, bebe y lo escupe—. Puag, cuánta leche. Tú y la bruja sois tal para cual —añade, haciendo un gesto de asco.
El desayuno empieza con nosotras tres y se va complicando poco a poco con las demás.
Jade llega con una bandeja y tiene que mover las sandalias de Tina para sentarse. Natalia y Holland aparecen con Lina, que ya ha desayunado, pero le gusta sentarse con el equipo. Después vienen Zoe y Tessa con Wesley.
—Noa Reeves —dice antes de abrazarme, siempre me llama por mi nombre completo, desde el primer día que le conocí—. Ya cumplí seis años —agrega, mostrándome los dedos para que me quede más claro.
—Y a mí me sigue llamando Idis, esto empieza a ser algo personal —se queja Iris mientras coge al crío por la cintura para que se siente junto a ella.
Hades llega poco más tarde, con su hija dormida contra el pecho. Mireya lleva una bolsa colgada del hombro y se sienta a mi lado, mirando mi plato.
—¿Te lo vas a comer? —pregunta, señalando hacia la tostada.
Alguien trae otra mesa y la junta con la nuestra. Cuando Jordan aparece por la terraza, ya somos tantas que tarda un momento en encontrarme.
Viene con el pelo suelto y las gafas un poco torcidas, con una camiseta mía que le queda algo grande, y se detiene detrás de mi silla para besarme.
—No me has despertado, pensaba que íbamos a dar un paseo por la playa.
—Lo intenté, pero me gruñiste como una osa —bromeo, dejándole un sitio a mi lado.
—¿Cabemos todas?
—Iris y Tina están a punto de irse a dormir —responde Hades sin dudar—. Os quiero puntuales en el entrenamiento. A las dos —agrega.
—Valeria nos cuida bien, ¿eh? No te preocupes por eso. Pero te echamos de menos —murmura Iris al levantarse.
Jordan deja la cucharilla sobre el plato con cuidado.
—Yo también os echo de menos —dice al fin.
Iris sonríe y desvía un poco la mirada, frotándose la nariz.
—Bueno. Eso. Me voy a dormir, que luego me dais conversación y al final no me acuesto.
Un rato más tarde salimos a dar un breve paseo descalzas por la playa.
Nos sentamos en la arena, mirando el horizonte. Desde aquí todavía se escucha a Wesley, que está explicándole algo a Lina a voces.
Jordan se limpia una mejilla antes de que pueda preguntarle.
—Joder, qué tontería ponerme a llorar ahora —suspira.
—No me parece ninguna tontería.
—Echo de menos trabajar con ellas. Supongo que lo seguiré echando de menos toda mi vida.
Mira hacia la terraza. Tessa está de pie con la niña en brazos y Hades ha conseguido sentarse a comer.
—No sabía muy bien cómo iba a encajar aquí, en la pretemporada, ahora que ya no trabajo en el club.
—Iris te ha dejado desayunar en paz, que ya es mucho.
Se ríe y después se le escapa otra lágrima. No se la limpio, le paso un brazo por la espalda y ella se acerca hasta apoyar la cabeza en mi hombro.
El agua nos alcanza los pies de vez en cuando. Jordan coloca las manos sobre el regazo y yo le acaricio el brazo, despacio, por encima de las letras del tatuaje.
De pequeña, después de cada partido, intentaba alargar cualquier cosa: la ducha, la despedida de mis compañeras, hasta el tiempo que tardaba en atarme los zapatos. Sabía que al subir al coche se acabaría lo bueno.
Ahora Jordan me coge la mano mientras las olas llegan a nuestros pies. Dentro de un rato volveremos con las demás; por la noche dormiremos juntas y, cuando se acaben estos días, regresaremos a Seattle. Ya no tengo que alargar nada por miedo a lo que viene después.