Cinco cosas que veo (Seattle Emerals 5)
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Capítulo 1
Jordan
A las seis y media de la mañana, la piscina está vacía y el mar, detrás, todavía no tiene un color definido. Dentro de dos o tres horas tendremos treinta y dos grados, pero ahora mismo hace la temperatura perfecta.
Anoche, cuando Drummond mencionó en su discurso que vendría “una jugadora inglesa de la que se va a hablar mucho”, miré sin querer alrededor de la mesa.
Iris aplaudió y justo después silbó. Mireya sonrió y apretó la mano de Hades.
Es su banda la que viene a cubrir esa jugadora, todas lo sabemos, aunque nadie dijo nada.
Siempre me da pena abandonar la pretemporada de Florida, es la fecha que marca el comienzo de lo que será la realidad durante el resto del año. Aquí, los errores se permiten. En cuanto empiece la liga, los errores se pagan, el estrés de las jugadoras se acumula y mi trabajo también.
—Buah, bruja, no me juzgues, ¿eh? —dice Iris a modo de saludo mientras se sienta en la silla vacía a mi lado.
Viene de fiesta con Tina, con las gafas de sol puestas a pesar de que todavía no ha amanecido del todo y el pelo recogido en un moño que se ha hecho de cualquier manera. Se bebe mi café sin preguntar.
—Puag, ¿esto qué es? ¿Por qué le has echado tanta leche? Necesito un café solo o no llegaré viva al avión de vuelta a Seattle.
—Lleva leche de soja —le explico.
—¿Ves? Peor me lo pones —protesta, subiendo las gafas al pelo—. Lo de anoche fue histórico, te lo juro. Cada vez me gusta más Florida, creo que terminaré viviendo en este lugar. Si Hades pregunta, no me has visto llegar, ¿eh? Bueno, eso.
Le acerco el vaso de agua que pedí junto al café y se lo bebe de un trago, mirándome por encima del borde.
—¿Ves cómo eres medio bruja? Siempre sabes lo que necesito —dice antes de irse a su habitación.
***
Alex Drummond me llama a las diez, antes de salir hacia el aeropuerto.
—No la podemos cagar con la jugadora inglesa —suelta cuando todavía ni siquiera me he sentado frente a ella—.
Anunciaremos el fichaje la próxima semana.
Récord de la liga y eso traerá mucha atención.
Necesito que funcione, Jordan. El programa de adaptación para jugadoras nuevas que diseñaste el año pasado deja de ser una propuesta y pasa a ser obligatorio.
Quiero que tenga una sesión con Valeria dentro de la primera semana, que le des otra sesión a toda la plantilla y que haya un seguimiento si la jugadora lo necesita, pero a petición de ella, nunca de oficio.
—Entendido.
Prefiero no explicarle que el programa no está diseñado para proteger inversiones, sino para proteger a las personas, y a mí me da igual que sea la jugadora más cara del equipo o una chica con su primer contrato profesional.
Cuando estoy en la puerta, Drummond me detiene con el café en la mano.
—Buena temporada, Hayes —dice antes de que salga.
***
Iris me asalta en medio del pasillo y juraría que me estaba esperando. Al menos, ha tenido tiempo para ducharse y tiene mejor pinta que hace un rato.
—Oye —susurra, apoyándose en la pared con los brazos cruzados—.
Lo de la inglesa esta que viene al equipo.
Va a llegar sola del todo. Sin pretemporada y sin conocer a nadie.
Es su primer contrato en otro país, no como cuando vino Natalia el año pasado.
Cuando me ficharon a mí, el vestuario era ya una familia hecha, y el primer mes se me hizo larguísimo porque sabes que soy muy tímida y…
—Iris, deja de decir gilipolleces y ve al grano.
—Bueno, nada, que ya tenemos una fiesta organizada para cuando llegue. Al día siguiente no se entrena, no me mires así —explica—. Bueno, eso lo primero, la organizo yo, tú por eso no te preocupes.
—Se va a aplicar el programa de adaptación de jugadoras nuevas —le explico.
—No, no, no te hablo del programa —dice bajando más la voz—. Tú hazle de esas cosas que tú sabes, aunque sea de lejos; contrólala, que va a ser duro para ella.
—¿De esas cosas que yo sé?
—Sí, esas cosas que haces fuera de las sesiones de terapia. Preguntar qué tal, las pequeñas charlas que no son oficiales, pero casi. Ayudan mucho, yo lo veo todo —añade, encogiéndose de hombros y despegándose de la pared—. Bueno, eso, que la cuides y tan amigas.
Se va pasillo abajo sin esperar respuesta, como hace casi siempre, y a medio camino ya contesta a gritos a alguien que la llama desde las escaleras.