Nota final de la Autora
La mujer que queda en pie
Después de todo...Mi vida no ha sido fácil. Ha sido dura. Muy dura. Marcada por muchas cosas. Demasiadas. Pero hoy... también puedo decir algo más.
Se puede salir. Se puede volver a empezar. Se puede ser feliz. Incluso después de haber vivido abuso, maltrato, traiciones... incluso después de haber tocado fondo. Y da igual la edad.
Para decirles:
Que no están solas. Que si se puede. Que nunca es tarde. Que siempre hay una salida.
Y que la vida... aunque a veces golpee fuerte... también puede sorprenderte.
Yo... Me considero una guerrera. Porque he tenido que luchar desde niña. Contra la vida. Contra las circunstancias. Contra todo. Y si... ha sido duro.
Y hoy después de todo lo vivido, puedo mirar atrás. Y entender.
Llevamos casi siete años juntos. Más de cuatro de casados. Y puedo decir... que soy feliz. Muy feliz.
Él ha sido... un regalo en mi vida. Todo lo que siempre estuve esperando... lo encontré en él.
El cariño. El amor. El apoyo. El compañerismo. Ese caminar juntos. Literalmente. De la mano. En la vida. En lo bueno. Y en lo malo.
Haciendo cosas juntos. Viajando. Compartiendo. Como una pareja normal... pero con algo que para mí lo cambia todo:
Respeto, mucho respeto. Y amor de verdad. Del que no duele. Del que no rompe. Del que suma.
Pero también siento, que, de alguna manera, la vida me lo ha compensado. No con una vida perfecta. Porque eso no existe. Pero si con algo muy valioso: paz, amor.
Y alguien a mi lado... como siempre soñé.
Quizás no llegó cuando yo quería. Pero llegó cuando tenía que llegar.
Porque dicen... que cada uno tiene su destino. Y el mío... era pasar por todo aquello... Para poder hoy estar aquí.
La mujer que soy
Soy de esas mujeres que sonríen. Aunque la vida... me ha golpeado más de una vez. Dulce. Sensible. Tranquila por fuera.
Pero con una historia detrás... que no todo el mundo conoce.
Quien me conoce de verdad, sabe que soy una guerrera.
Que he pasado tormentas... que me rompieron. Que me hicieron caer.
Y aun así... me levanté. Sola. Sin hacer ruido. Sin buscar compasión. Sin necesidad de explicarle a nadie... todo lo que llevaba dentro.
No me victimizo. No presumo de lo que he aguantado. Simplemente sigo.
Porque aprendí algo muy importante: a salvarme sola. A reconstruirme. A seguir adelante... cuando parecía que no podía más. Y eso... me hizo fuerte.
Camino distinto. Porque me perdí una vez. Y supe volver.
Y aunque no lleve corona, la vida me enseñó algo importante: el valor no se presume, se demuestra.
Hay momentos en la vida... en los que una se detiene. Mira atrás. Y no puede evitar preguntarse:
¿Cómo he llegado hasta aquí?
Y entonces llegan los recuerdos.
Los buenos. Y los que duelen. Las caídas. Las heridas. las veces que pensé que no podía más. Las veces que me rompí. Y aun así... seguí.
Porque esa he sido yo siempre. Una mujer que ha aprendido a vivir... a base de golpes. A base de pérdidas. A base de decepciones.
Pero también... una mujer que no se rindió. Que, aunque se equivocó... aunque confió en quien no debía... aunque amó donde no era... nunca dejó de levantarse.
Y hoy... cuando miro mi vida... no veo solo dolor. Veo el camino. Veo todo lo que he superado. Veo la mujer en la que me he convertido. Y entiendo... que todo tenía un sentido.
Que cada caída... cada lágrima... cada error... me fué trayendo hasta aquí. Hasta esta paz. Hasta esta vida. No ha sido fácil. Nunca lo fue. Pero ha sido mía.
Y si algo tengo claro... es que volvería a levantarme. Una y mil veces.
Porque ahora sé quién soy. Porque ahora sé lo que valgo. Y porque después de todo... he aprendido lo más importante: a no abandonarme nunca más.
A vosotras... mis hijas.
Si algún día leéis estas palabras... quiero que sepáis algo. Puede que no haya sido la madre perfecta. Y sé, que, en algunos momentos importantes, no estuve como debería. Hay cosas que todavía hoy me duelen. Y que me hacen sentir culpable.
Pero también quiero que entendáis algo: Siempre lo hice lo mejor que supe. Con lo que tenía. Con la vida que me tocó vivir.
Fui madre muy joven. Y también fui padre. Porque tuve que serlo.
Y hubo momentos... en los que no estuve. Pero no fue porque no os quisiera. Fue porque yo también estaba rota. Porque yo también estaba intentando reconstruirme. Intentando aprender a vivir. Intentando no caerme del todo.
Porque a veces... para sostener a otros... primero tienes que aprender a sostenerte a tí misma. Y yo estaba en ese proceso.
Puede que me equivocara. Puede que os fallara. Pero todo lo hice desde el amor, desde un amor inmenso que nunca ha dejado de estar ahí.
Y si hoy miro vuestras vidas, no puedo sentir otra cosa que orgullo. Orgullo de las mujeres en las que os habéis convertido. Entonces entiendo que, a pesar de todo, algo hice bien.
Y después de todo lo vivido, de cada caída, de cada herida y de cada vez que tuve que empezar de nuevo, aquí estoy.
No soy la misma mujer que un día se rompió, soy la que aprendió a reconstruirme sola, la que siguió adelante incluso cuando no podía más, la que nunca dejó de creer, aunque la vida le doliera.
Hoy sé que no fue una vida fácil... pero fue mía. Y con todo lo que me quitó, también me dio algo que nadie podrá quitarme jamás.
La fuerza de saber quién soy.