Cicatrices de Amor un viaje a travez del dolor (Cicatrices de amor un viaje a trabez del dolor nº 1)
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Las heridas que no se ven
Hay heridas que nadie puede ver.
No sangran. No llevan vendas. No aparecen en una radiografía. Y, sin embargo, duelen. Duelen en silencio, especialmente cuando llega la noche y ya no queda nadie a quien convencer de que estamos bien.
Aprendí que algunas de las heridas más profundas nacen precisamente de aquello que alguna vez nos hizo sentir amados. De las palabras que creímos para siempre, de los abrazos que pensamos que nunca terminarían, de las promesas que construyeron dentro de nosotros un futuro que, al final, no llegó.
Por fuera, uno puede continuar con su vida. Sonreír. Trabajar. Hablar con los demás. Decir “estoy bien” cuando alguien pregunta.Pero por dentro puede estar librándose de una batalla que nadie conoce.Y esa fue mi batalla.
No comenzó el día en que todo terminó. Mucho antes ya había pequeñas grietas, silencios que pesaban demasiado, preguntas que quedaron sin respuesta y momentos en los que empecé a perderme mientras intentaba no perder a alguien más.
Durante mucho tiempo confundí amar con aguantar. Pensé que si amaba lo suficiente, podía reparar aquello que se estaba rompiendo. Que podía dar un poco más de mí, comprender un poco más, perdonar una vez más.
No sabía que, mientras intentaba salvar una historia, estaba dejando partes de mí en el camino.Esta es la historia de esas partes.De las heridas que no se ven.De las noches en las que lloré sin hacer ruido.De las veces que tuve que sonreír mientras por dentro me estaba desmoronando.Pero también es la historia de lo que ocurrió después.Porque algunas cicatrices no llegan para recordarnos solamente dónde nos hicieron daño.
A veces llegan para recordarnos que sobrevivimos.