Chinara. El tren pasa tres veces 32. DIARIO
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32. DIARIO

Camino

Ha pasado un tiempo desde el reencuentro con Lorenzo.

Me decido a escribir en este diario para fijar pensamientos.

Cuando una lee algo, lo ve más claro. Además, así, las ideas volátiles toman peso.

Hay veces que con el boli en la mano me paro antes de plasmar aquello que dudo, porque si lo tatúo en la hoja me parece que ya es una realidad.

Como iba diciendo, han pasado ya varias semanas desde mi reencuentro con Lorenzo y creo que no puedo hablar de avances notables. Me encanta estar con él, me gusta la sensación que tengo de ser importante para él. Y aun así… hay peros.

Es verdad que me trata bien, que cuando estamos juntos el tiempo pasa volando, y eso es buena señal.

El otro día, sin ir más lejos, nos fuimos a desayunar a una churrería con nuestros atuendos de treking y enseguida nos vimos dando un paseo por una ruta verde a las afueras de la ciudad.

No había nada premeditado, y las largas charlas en las que yo hablo y él escucha mirándome atontado hacían que no nos diésemos cuenta del paso del tiempo.

Terminamos tumbados en mi fular, bajo un olivo, en el que recreamos momentos pasados.

Me sentía muy afortunada y, a la vez, la sensación de que es algo temporal no deja de planearme. Me incomoda, no me gusta nada.

La parte menos decorosa de esta «relación» es cuando no estamos juntos.

Eso también cuenta. Nuestros encuentros siempre terminan de forma abierta; quiero decir, nunca sale de una cita otra programada.

Ha habido semanas que hemos quedado tres veces y también ha habido alguna en la que no nos hemos visto.

Reconozco que he fantaseado con la idea de ver su cepillo de dientes en mi aseo, pero así mismo pienso que me gustaría ver el del Lorenzo de los noventa.

Al Lorenzo de 2025 no lo conozco bien del todo.

Solo sé que no puedo negarme a cualquier cosa que él propone, y que siempre espero más.

¿Y si lo consigo y luego no es lo que creo?

¿Y si la química desaparece con la llegada de la cotidianidad?

¿Y si mi adorado mito se desvanece con la costumbre?

No quiero pensar que sea del estilo de la redonda Carmela y su marido.

Me daría mucha pena, la verdad. En la intimidad no lo es, os lo juro.

Me gustaría conocer cómo es fuera de nuestros momentos.

Las chicas ven esto como un misterio. Montse dice que para qué quiero más, que es el sueño de toda mujer: citas agradables de vez en cuando, pero sin amarrar nada.

En contrapartida, Claudia opina que estamos haciendo el tonto, que deberíamos tener una conversación adulta para averiguar hacia dónde van las cosas, y que no estamos en edad de andar jugando a los adolescentes.

Lo de Fran es la pera limonera. Se monta cada culebrón…

el último fue sublime. Fue en una ocasión que le conté que notaba a Lorenzo distante, entonces va y me dice que por qué no le doy celos con algún compañero de las clases de baile.

La verdad que yo, a mi edad, no quiero andar con esos juegos y artimañas, pero he de confesar que no me habría importado que se sintiera celoso.

A todas nos gusta, aunque no voy a propiciarlo aposta.

QUERO ENTENDER A ESE HOMbrE.

Acabo de escribirlo, porque es verdad, creo que quiero que ocurra.

Hasta ahora, todo lo que he subrayado en este diario se ha cumplido.

No soy infantil, si eso es lo que estáis pensando.

O sí, sí lo soy, ¿y qué? En un diario personal cada uno escribe lo que le da la gana, porque no hay nadie para juzgarlo que no sea la página siguiente.

Falta poquísimo para Navidad, y llevo unos días pensando en darle una oportunidad a la buhardilla.

La imagino con una mesa grande en el centro en la que entre toda la gente que quiero y una decoración inspirada en la foto de alguna casa americana de Pinterest, añadiéndole mi toque personal, por supuesto.

Creo que hoy no voy a esperar a que la divina providencia teja una situación que me apetece vivir: la voy a propiciar yo misma.

Voy a convocar una cena de Navidad como anfitriona.

Martina y Valentín, Fran y las chicas, Lorenzo y Princesa, Serrat y yo.

No será en un día clave, por el tema de las reuniones familiares y otros compromisos que uno no se puede saltar en esta época del año, pero la Navidad es muy larga.

Lo voy a proponer como algo divertido, con dress code incluido: todo el mundo con alguna prenda roja y complemento navideño.

Por ahora me despido, porque, no lo he dicho antes, es sábado y tengo la gala de Navidad de las clases de baile.

Vamos a tomar un picoteo en la sala de ensayos, y después un simulacro de Año Nuevo.

Debemos ir arreglados con nuestras mejores prendas, tendremos después un baile en el que pondremos en práctica lo aprendido en la temporada.

Fran viene a hacerme el pelo y a supervisar mi estilismo. Dice que, cuando se entra en una edad, el filo entre la modernidad y la choniedad (palabra suya, os lo juro) es muy fino.