Chinara. El tren pasa tres veces 23. PREMIO
57%

23. PREMIO

Camino

Desconocido:

Eres la chica más lista que he conocido. ¿Cómo lo has sabido?

(FOTO)

Su cuaderno, idéntico al mío, muestra el trocito de papel craft con su propia dirección. O nos cambiamos el cuaderno en su día o se equivocó de cuaderno al guardar el papel.

Yo:

Premio.

Desconocido:

No sé qué decir. Mi nivel de estupidez es preocupante.

Yo:

No seas tan duro contigo mismo, no se ha terminado el mundo.

Desconocido:

Hoy no, pero el mío se murió de pena hace unos treinta años esperando que este papel viajase a Barcelona, y ha estado siempre en mi estantería.

Sonrío como una colegiala al leer a Lorenzo porque, de verdad, son las mejores noticias que me podían dar.

Me pongo a divagar y caigo en la cuenta de que, realmente, si me hubiera tocado la lotería no me habría hecho más ilusión que lo que estoy leyendo.

Me siento la mujer más afortunada del mundo en este instante, aunque sea por algo que no llegó a suceder…

Es más bien porque me invade la certeza de que, lo que tantas veces he pensado que podría haber muerto, siempre estuvo vivo.

Guardo su teléfono como Lorenzo y el emoji de un sol. Sí, ya sé que es algo infantil, pero, aparte de que todos los soles de los cuentos se llamen Lorenzo, es porque ahora su nombre, al leerlo, me produce luz y calor (no quiero cachondeos, que os veo venir).

Decido ponerme el pijama y esta vez lo hago de manera conjuntada.

Me peino para ir a la cama a repasar la noche, y hasta me pongo Nenuco (él lo hacía, lo recuerdo bien).

Me sorprendo a mí misma poniendo más interés de lo habitual incluso al prepararme para ir a dormir.

Es como si en cualquier momento él pudiese entrar por la puerta.

El tenerlo cerca, y más después de nuestra velada de hoy, me lleva a comportarme con ilusión, andar con musicalidad…

me hace ponerle más chispa a los pequeños actos y sentirme viva de nuevo, más aún.

Como es natural, me meto en la cama, pero de dormirme ni hablar.

Mientras repaso la conversación y revivo las sensaciones experimentadas esta noche, caigo en la cuenta de que él sí que se casó, con Fernanda, su novia antes de mí.

Vamos, que volvió a su vida. ¿Fui yo un entretenimiento por despecho?

¿Se acordaba de ella aun cuando estaba conmigo?

No sé… todo apunta a que sí, en lo que a teoría o a razón se refiere, teniendo en consideración los hechos…

También puede ser que haya pensado en mí estando con ella.

Yo, en su día, sentí de verdad a ese hombre.

Aquello nuestro no pudo ser mentira. Es imposible.

Me he encontrado con algún que otro aguililla en la vida y creo que no se parecen en nada a Lorenzo.

No os voy a negar que en estos momentos siento celos, pero no tengo derecho alguno.

Comienzo a compararme con la mujer a la que nunca conocí, a preguntarme que tendría ella que no tuviese yo.

Es un error que cometemos las personas muy a menudo, y no nos damos cuenta de que nadie tiene más que nadie y son los demás los que ven cualidades en nosotros, o en contrapartida no saben verlas.

¿Estoy poniéndome intensa?

No tiene ningún sentido el rumbo que están tomando mis pensamientos, por lo que decido cortar, me vuelvo a levantar de la cama y bajo a la nevera a dar un trago de leche fría, del tetra brick directamente (un lujazo de la vida que, de verdad, si no soléis practicarlo, deberíais probar.

Una lo hace sin miedo a que nadie la reprenda y sienta…

de cine). Si mi padre me viese me habría regañado, pero yo opino que algo tan bueno no puede ser malo.

Cojo el móvil y me salgo al patio, a mi puf de confianza, y empiezo a ver Pinterest. Es una bendición, paso horas viendo pinturas, cuadros, decoración, color… en cualquiera de sus formas. Sin querer, reparo en el icono de WhatsApp, una notificación sin ver, o como queramos llamarlo.

Es él.

La verdad es que la noche se ha quedado algo incompleta, y espero que me pida vernos de nuevo. Ojalá sea eso. Abro la notificación:

Fran:

¿Qué tal la cena? Siento no haber aparecido. [guiño con lengua]

Yo:

Contenta me tienes. ¿Cómo puedes ser tan capullo?

Fran:

Tú no eres Camino Ferrán, ella nunca diría la palabra CAPULLO. ¿Dónde está mi amiga y qué has hecho con ella?

Yo:

GRACIAS, TORMENTO.

Fran:

Cuéntame algo, o dime si bien o mal… me tienes en vilo.

Yo:

[pulgar hacia arriba]

Fran:

Camino, no seas estúpida. No me dejes así…

Yo:

Buenas noches, Fran. Que descanses.

Fran:

No te atrevas a dejarme así.

No me hagas ghosting.

No me dejes en visto.

[corte de mangas]

Sigo viendo Pinterest cuando, ahora sí, entra un mensaje de Lorenzo:

Lorenzo:

Que descanses, Chinara, las charlas mejor en persona. ¿Hablaste con Fran?

Me dispongo a responder a Fran, para que Lorenzo no vea que tardo solo un segundo en contestar; quiero hacerle esperar…

Yo:

Eres un poco infantil, te vas a aguantar y no voy a decirte nada hasta mañana. Y sí, te digo CAPULLO, ¿Qué pasa? Así aprendes a no meter las narices en mis asuntos.

Ahora sí, le contesto a él:

Yo:

Igualmente, que descanses, Lorenzo. Lo he pasado muy bien esta noche, pero me he quedado con ganas de hablar más contigo.

Espero nerviosa a que me responda, como una quinceañera comprobando cada minuto el teléfono. Mi mensaje estaba pensado como un allanamiento del camino para que él propusiera la siguiente cita. Ha sido él quien ha dicho que «las charlas mejor en persona». Seguro que sugiere algún plan.

Diez minutos… no contesta.