Jóvenes y modernos, con visión global
La firma catalana La Cabra Tira al Monte, líder en el sector de los videojuegos, acaba de lanzar dos nuevos productos que darán que hablar, especialmente en el mercado local.
El primero, Self-employed challenge , es un juego aparentemente simple, pero de una gran complejidad para el jugador.
Se inspira en los minijuegos Arcade de los años ochenta, imitados con una gran calidad de gráficos.
El elemento clave es la máquina de encargar trabajos en forma de brazo articulado que aparece en la parte superior de la pantalla.
El autónomo mueve horizontalmente la pinza y deja caer los paquetes de trabajo, que tocan el suelo o aterrizan sobre otros paquetes.
La habilidad del jugador consiste en acumular trabajos y liquidarlos antes de que la montañita llegue a ser tan grande que se desequilibre y se desmorone.
También debe evitar que crezca tanto que llegue al límite de trabajos, que es una raya roja en la parte superior de la pantalla.
Cuando la rebasa, el autónomo salta de alegría, pero a partir de ese momento tiene que trabajar los fines de semana.
También puede ser que los trabajos caigan fuera de la montañita y entonces el autónomo se pone triste.
De cuando en cuando, aparecen unas piezas irregulares que no encajan con las otras: los marrones.
Es un viaje largo y peligroso en el que el autónomo acaba sin aliento.
Jugar a Self-employed challenge es embarcarse en una serie de periplos en los límites que, para el jugador, representan una experiencia maratoniana: una oportunidad de demostrar resiliencia y capacidad de superación personal.
El otro juego de La Cabra Tira al Monte, Roundabout’s Dogma , nos invita a devorar los decorados al ritmo de una misión imposible.
Nunca en la historia de los videojuegos se habían conseguido unas reproducciones tan exactas de las esculturas de rotonda, pongos perfectos que absorben la luz diurna y brillan de noche.
Nos encontramos ante una joya del diseño de entornos, que construye a lo largo de una carretera, llena de rotondas, una red de bifurcaciones e itinerarios bis, anunciados con el cartel «Todas las direcciones»: una red sanguínea que alienta el latido creativo de La Cabra Tira al Monte.
El juego ofrece un viaje de proporciones odiseicas, fruto de una audacia típicamente catalana.
El jugador pasa de una rotonda a otra, escogiendo los caminos que indican «Todas las direcciones».
Al final de la ruta encuentra otra rotonda con señales de «Todas las direcciones» y «Otras direcciones».
Así infinitamente. Es una sensación de hipermobilidad y de libertad épica en un juego de acción-aventura en mundo abierto que acaba siendo cerrado.
El personaje –el Elegido– puede ir a todas partes –«Todas las direcciones»– pero no se mueve de sitio.
Un nuevo éxito de la industria catalana del videojuego, del que desde aquí nos congratulamos.