Cerillas Garibaldi La patrulla canina
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La patrulla canina

Cansados de luchar sólo contra la borreliosis, la babesiosis y la artrosis, seis perros del vecindario del Valle Florido (que lleva una temporadita con poca flor) deciden crear una patrulla para proteger el valle y, más adelante, si se tercia, salvar el mundo.

Un perdiguero, Duque, es el bombero. Un yorkshire terrier , Michael, conduce el helicóptero transformable.

Un bull terrier llamado Bobby es el policía y tiene un megáfono que utiliza para convocar a sus colegas.

–¡Emergencia!

–¡No hay misión difícil para la patrulla del Valle Florido! –responden los otros cinco.

Ninfa, una labrador retriever , viste el anorak amarillo y naranja de la Protección Civil. Sandokán es un manitas, electricista y albañil. Bicho, el encargado del reciclaje, es un perro faldero, blanco y negro, de piel de vaca.

Desde cachorros han visto a sus padres y madres humanos perezosos y autocomplacientes, y no consideran que puedan salvar el valle, ni con la IA .

Por eso Duque y Sandokán se sueltan del guardaperros argentino que los pasea por la calle Mayor.

Ninfa se escapa de la guardería a donde va cada mañana en el Dog Bus y Bicho aprovecha que su amo teletrabaja y se larga al contenedor de Fomento de Construcciones y Contratas que utilizan como cuartel general.

Cada uno tiene su placa, un casco y gafas con cristales reforzados por si deben montar en moto o salir volando en helicóptero eléctrico, o por si tienen que deslizarse desde el contenedor hasta el coche que funciona con energía solar.

Su gran enemigo es Paco Malasombra, que, mientras fue alcalde del Valle Florido y presidente del Consejo Comarcal, dio permiso a una corporación privada de energía para construir seis parques eólicos, autorizó una planta de reciclaje de aluminio al aire libre y dejó abrir –con una pequeña comisión– dos embotelladoras.

¡Pero eso ahora no es importante! En lo alto de un molino eólico hay un gatito que ha trepado por el pie siguiendo a un pajarito, para darle un beso, y no sabe bajar.

Las palas del molino le pasan muy cerca y le han recortado el bigote.

–¡Emergencia! –grita Bobby.

–¡No hay misión difícil para la patrulla del Valle Florido! –le responden Duque, que regresa de extinguir un incendio de sexta generación; Michael, que ha rescatado a un excursionista de la cima del monte Azucarado, Ninfa, Sandokán y Bicho.

Michael pasa con el helicóptero entre los brazos del molino y carga al gatito, mientras Duque llena de un manguerazo el lago Rosa, que estaba en las últimas. Bicho aprovecha que no lo necesitan para el salvamento y coloca una etiqueta Eco en la planta de reciclaje de aluminio.

Cuando regresan a casa, fingen que han estado en la guardería y con el paseaperros argentino.

El padre y la madre humanos les acarician la cabeza y les alborotan el flequillo.

¡Un día más, la Patrulla del Valle Florido ha salvado el Valle Florido!

Agradecido por la caricia, Duque lame el muslo de su amo, con tanta saliva que atraviesa pantalón y calzoncillos.