CAPÍTULO 26 — EL NACIMIENTO EN CRUCES Y LA PRIMAVERA ETERNA DE LAS ENCARTACIONES (EPÍLOGO MONUMENTAL) #2
El fuego de la chimenea crepitaba alegremente, alumbrando una vida de amor, coraje y servicio que perdurará para siempre en la memoria de todo un pueblo.
A las once y media de la noche, los técnicos de equipos autónomos cargaron las botellas de composite a trescientos bares en el furgón taller del refugio.
A las doce de la noche, los guías de montaña de la Ertzaintza comprobaron las fijaciones y las puntas de acero de los crampones tácticos.
A las doce y media de la noche, un perol de sidra caliente con canela y castañas asadas a la leña reconfortó a los rescatadores en la posada del pueblo.
A la una de la madrugada, los artesanos mostraron la losa de caliza conmemorativa con los nombres de todos los miembros del operativo de rescate en la nieve.
A la una y media de la madrugada, se compartieron tarrinas de cuajada de leche de oveja latxa con miel virgen de brezo en una taberna encartada.
A las dos de la madrugada, el párroco derramó agua bendita sobre el brocal del pozo de Arregi-Enea , pidiendo salud y bienestar para la familia.
A las dos y media de la madrugada, las tabernas de la villa medieval sirvieron raciones de morcilla frita con pimientos asados a la leña.
A las tres de la madrugada, los viticultores recorrieron las laderas soleadas de Hondarrabi Zuri bajo la quietud de la noche estival.
A las tres y media de la madrugada, don Imanol dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura de madera de fresno del hacha ceremonial.
A las cuatro de la madrugada, una bandeja de queso Idiazábal curado con miel de brezo cerró la tertulia familiar en el caserío.
A las cuatro y media de la madrugada, los instructores del GRT comprobaron la elasticidad residual de las cuerdas semiestáticas en el foso de maniobras.
A las cinco de la mañana, los patrones de la base marítima completaron el lavado con agua dulce de las turbinas de las lanchas semirrígidas.
A las cinco y media de la mañana, los mandos del operativo compartieron raciones de merluza fresca del Cantábrico con pimientos en el muelle de Portugalete.
A las seis de la mañana, un retén de bomberos fuera de servicio subió las escalinatas del peñón para hacer sonar la campana en señal de gratitud.
A las seis y media de la mañana, la brisa marina soplaba fresca sobre los estratos geológicos del flysch costero.
A las siete de la mañana, don Xabier bendijo las mantas de lana virgen tejidas con esmero para los hijos del caserío.
A las siete y media de la mañana, las tabernas de Zalla sirvieron raciones de morcilla tradicional con sidra a los pastores que bajaban del monte.
A las ocho de la mañana, los agricultores de Gordexola inspeccionaron las hileras de viñas bañadas por el sol de la mañana.
A las ocho y media de la mañana, don Imanol terminó de cincelar los brazos de hierro forjado del candelabro que presidirá la mesa familiar.
A las nueve de la mañana, una tabla de dulce de manzana reineta con nueces esperaba en el aparador de la cocina baja.
A las nueve y media de la mañana, el sargento Beldarrain anotó en el registro de guardia que todo el material de rescate táctico se encontraba operativo y listo para salir.
A las diez de la mañana, el campanero mayor aseguró los cables de tracción del campanario parroquial para las fiestas patronales.
A las diez y media de la mañana, los técnicos del GRT ensayaron el freno dinámico del cabrestante mural, certificando una retención instantánea de mil doscientos kilos.
A las once de la mañana, la brigada comarcal comprobó el caudal de descarga de las motobombas ligeras en el parque comarcal.
A las once y media de la mañana, los bomberos fuera de servicio disfrutaron de sardinas asadas al sarmiento en el muelle viejo de Algorta.
A las doce del mediodía, las familias de los rescatadores encendieron cirios por la protección de todas las tripulaciones de salvamento.
A las doce y media de la tarde, las olas rompían suaves contra los espigones del puerto bajo una brisa marina reconfortante.
A la una de la tarde, don Xabier bendijo las mantas de lana virgen para el ajuar familiar de Leire y Jon Ander.
A la una y media de la tarde, las tabernas de Zalla sirvieron raciones de morcilla frita y sidra de kupela a los vecinos.
A las dos de la tarde, los bodegueros examinaron las cepas de uva blanca en las laderas soleadas de Gordexola.
A las dos y media de la tarde, don Imanol terminó de pulir los brazos de hierro forjado del candelabro nupcial.
A las tres de la tarde, una tabla de queso curado con dulce de manzana reineta acompañó la sobremesa de los pastores.
A las tres y media de la tarde, los mecánicos de Miribilla certificaron que el cabrestante de arrastre del vehículo pesado resistía doce toneladas sin deformación.
A las cuatro de la tarde, la brigada comarcal comprobó el encendido y caudal de las motobombas ligeras de intervención.
A las cuatro y media de la tarde, los sanitarios y bomberos disfrutaron de sardinas asadas a la brasa con txakoli en las campas de Algorta.
A las cinco de la tarde, las familias de los buceadores encendieron cirios por la protección de las tripulaciones de rescate.
A las cinco y media de la tarde, la brisa marina del Cantábrico mecía las copas de los árboles frente al Abra de Bilbao.
A las seis de la tarde, don Xabier bendijo las mantas de lana virgen tejidas para el ajuar familiar en la sala noble de Arregi-Enea .
A las seis y media de la tarde, las tabernas de Zalla sirvieron raciones de morcilla frita y sidra natural a los vecinos del valle.
A las siete de la tarde, los viticultores mostraron a Korta y Leire las cepas de uva blanca en plena maduración.