CAPÍTULO 25 — EL MATRIMONIO EN SAN PEDRO DE GALDAMES Y EL BANQUETE DE LA TIERRA #3
A las seis y cuarto de la mañana, el párroco bendijo los campos de siega de Galdames al primer despuntar del sol.
A las seis y media de la mañana, doña Begoña sirvió dulce artesano de higos macerados con canela y nueces en la portalada de Arregi-Enea .
A las seis y cuarenta y cinco de la mañana, los mecánicos de Miribilla certificaron que el cabrestante de arrastre del vehículo pesado de salvamento resistía una tensión de doce toneladas de tiro directo sin holguras.
A las siete de la mañana, la brigada de protección civil verificó la autonomía de los motores de cuatro tiempos de las motobombas ligeras.
A las siete y cuarto de la mañana, los buceadores y bomberos fuera de guardia compartieron una parrillada matinal de sardinas frescas con txakoli en el puerto viejo de Algorta.
A las siete y media de la mañana, un grupo de veteranos de salvamento marítimo encendió velas votivas por la protección de todos los rescatadores de la ría.
A las siete y cuarenta y cinco de la mañana, la brisa salina del Cantábrico mecía las copas de las palmeras a lo largo del muelle de Las Arenas.
A las ocho de la mañana, don Xabier bendijo las mantas de lana tejidas en los telares tradicionales para la cuna del futuro niño.
A las ocho y cuarto de la mañana, las tabernas de Zalla encendieron sus fogones para servir raciones de morcilla tradicional a los pastores.
A las ocho y media de la mañana, los viticultores mostraron a Korta y Leire las cepas centenarias de Hondarrabi Zuri en plena madurez.
A las ocho y cuarenta y cinco de la mañana, don Imanol terminó de cincelar los siete brazos del candelabro nupcial que presidirá la mesa familiar.
A las nueve de la mañana, doña Begoña sirvió cuñas de queso curado con dulce de membrillo y nueces en la bodega de Arregi-Enea .
A las nueve y cuarto de la mañana, una gran cazuela de barro con alubias de Tolosa estofadas con berza y tocino de bellota esperaba a los comensales en el zaguán de Arregi-Enea .
A las nueve y media de la mañana, Korta y Leire caminaron bajo la sombra protectora de los tejos milenarios de Armañón, respirando la paz eterna del bosque protegido.
A las nueve y cuarenta y cinco de la mañana, el párroco bendijo las colmenas de abejas negras del caserío para que continúen endulzando la vida del valle.
A las diez de la mañana, doña Begoña ofreció bizcochos de soletilla recién horneados con café caliente en la mesa baja de Arregi-Enea .
A las diez y cuarto de la mañana, los antiguos barrenistas encendieron lamparillas de aceite ante el retablo de San Roque en agradecimiento por las bendiciones sobre la familia.
A las diez y media de la mañana, la brisa de la sierra soplaba limpia sobre las laderas de limonita y brezo en Peñas Negras.
A las diez y cuarenta y cinco de la mañana, el párroco extendió su bendición sobre los pastos de siega comunales de Galdames al primer despuntar del sol.
A las once de la mañana, doña Begoña sirvió dulce artesano de higos macerados con canela y nueces en la portalada de Arregi-Enea .
A las once y cuarto de la mañana, los pastores compartieron cuñas de queso curado en cueva con dulce de membrillo casero en la posada del valle.
A las once y veinte de la mañana, doña Begoña sirvió en la mesa baja de nogal una bandeja de bizcochos de soletilla caseros recién espolvoreados con azúcar glas y canela, acompañados de café recién molido en cafetera de émbolo para toda la familia reunida en Arregi-Enea .
A las once y media de la mañana, Korta y Leire subieron a su lecho nupcial en la buhardilla de Arregi-Enea .
Frente al resplandor cálido de la chimenea encendida, se despojaron de sus ropas y se entregaron al amor con una pasión volcánica, tierna y sublime.
Hicieron el amor sin prisa, fundiéndose en un abrazo eterno que borraba todo el cansancio de la batalla y sellaba la victoria definitiva de la vida sobre el fuego destructor.
A las doce menos cuarto del mediodía, abrazados bajo el edredón de lino, Korta velaba el sueño tranquilo de Leire, acariciando suavemente su espalda y sus cabellos oscuros.
—Te amo más que a mi vida, Leire.
—Y yo a ti, Jon Ander. Mi corazón late solo por ti.
A las doce del mediodía, doña Begoña renovó los ramos de flores de San Juan, laurel e hipérico sobre la cancela de Arregi-Enea .
A las doce y cuarto de la tarde del cuatro de julio, los trinos jubilosos de los petirrojos llenaban el robledal milenario de Galdames.
A las doce y media de la tarde, las campanas de San Pedro de Galdames repicaron a gloria con un volteo solemne celebrando la fiesta patronal.
A la una de la tarde del cuatro de julio, los rayos del sol dorado iluminaban la cumbre del monte Kolitza y las campas verdes de Arregi-Enea .
Korta y Leire, abrazados ante el ventanal, contemplaban el valle en calma con la certeza invencible de que su amor y su deber habían triunfado sobre todas las sombras del mundo.
En el Capítulo 26 ( El Nacimiento en Cruces y la Primavera Eterna de Las Encartaciones — Epílogo Monumental ) , la saga de Cenizas en la noche de San Juan alcanzará su apoteosis y su desenlace maestro.