CAPÍTULO 23 — LA EVACUACIÓN AÉREA Y EL EXTINTOR TERMOBÁRICO
El calor residual acumulado en los mantos de turba subterránea y los restos de acelerante químico arrojados por la red de sabotaje antes de su caída entraron en autocombustión debido al repentino aumento de temperatura diurna y a rachas de viento de ladera de más de cincuenta kilómetros por hora.
Una cortina de llamas de quince metros de altura avanzaba con voracidad hacia el hayedo centenario y la histórica ermita de San Sebastián y San Roque, joya del patrimonio medieval de Las Encartaciones.
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El helicóptero estaba equipado con un torno de rescate eléctrico Goodrich de noventa metros de cable, gancho de carga de mil cuatrocientos kilos, cámara termográfica infrarroja FLIR UltraMedia HD y helibalde plegable Bambi Bucket con válvula de descarga selectiva.
Leire embarcó con mochilas estancas de Soporte Vital Avanzado, monitores desfibriladores Corpuls3 , férulas de inmovilización espinal y sueros de rehidratación isotónica preenfriados para golpe de calor extremo.
—La cresta del Kolitza genera turbulencias de rotor severas por el viento térmico —advirtió el comandante de vuelo mientras ajustaba los colectivos de potencia—. El izado con grúa tendrá que ejecutarse en estacionario a más de cuarenta metros sobre las copas de las hayas.
Korta ajustó su arnés de rescate Petzl Falcon , conectando el descensor de ocho y el doble mosquetón de seguridad de titanio a la línea del torno.
A las 06:40 horas, el rugido ensordecedor de los dos aviones anfibios pesados Canadair CL-415 del Grupo 43 del Ejército del Aire resonó sobre el valle del Kadagua.
Procedentes del pantano de Ullibarri-Gamboa, donde habían cargado seis mil litros de agua cada uno en doce segundos sobre la superficie del embalse, los hidroaviones realizaron pasadas rasantes a sesenta metros de altitud.
Descargaron doce mil litros de solución de agua con retardante químico de alta viscosidad Phos-Chek MVP-Fx teñido de rojo óxido sobre el flanco izquierdo del incendio.
El líquido extintor formó una barrera ignífuga impenetrable que frenó el avance de las llamas a menos de treinta metros de los muros de piedra de la ermita medieval.
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— «Flanco oeste contenido con dos descargas efectivas» —comunicó el piloto líder del Canadair por la frecuencia aire-tierra—. «El helicóptero de rescate tiene ventana libre para extraer a los forestales» .
A las 07:05 horas, el Airbus H135 se posicionó en vuelo estacionario sobre la cresta escarpada del Kolitza.
A través de la puerta lateral abierta, con el calor abrasador del fuego ascendente golpeándole la cara, Korta fue descolgado mediante el torno de rescate.
El viento racheado sacudía el cable de acero, pero la pericia del operador de grúa y la estabilidad corporal de Jon Ander permitieron que sus botas tocaran la roca viva a un metro de los dos forestales.
Mikel y Unai estaban agazapados tras un saliente de caliza, con los equipos de respiración al límite y signos evidentes de deshidratación y quemaduras de primer grado en manos y cuello.
—¡Bomberos de Bilbao! ¡Vamos a subirlos de uno en uno con triángulo de evacuación! —gritó Korta conectando el primer arnés rápido Petzl Bermude al torso de Mikel.
— «¡Listo para izado número uno!» —ordenó Korta por el micro de casco.
El torno recuperó cable suavemente a una velocidad de un metro por segundo, elevando a Mikel hacia la cabina del helicóptero, donde Leire y el rescatador de apoyo lo introdujeron al interior.
Leire administró de inmediato oxígeno medicinal al cien por cien y colocó compresas frías con hidrogel Burnshield sobre las quemaduras dérmicas.
Korta aseguró al segundo forestal, Unai, enganchándose con él en el mismo mosquetón de suspensión para guiar la subida y evitar que el péndulo del viento lo estrellara contra la pared rocosa.
A las 07:22 horas, ambos guardas y Korta se encontraban a salvo en la cabina del helicóptero.
— «Rescate vertical completado con éxito. Ambos pacientes estables y en tratamiento» —informó Leire al puesto de mando de SOS Deiak.
Mientras el helicóptero medicalizado trasladaba a los heridos al helipuerto del Hospital de Cruces, un segundo helicóptero Bell 412 de la Diputación inició descargas de precisión con el helibalde Bambi Bucket sobre los focos residuales de la cresta.
Ocho descargas consecutivas de mil doscientos litros de agua con espuma extintora Silv-Ex Plus sofocaron las últimas brasas en el hayedo.
A las 09:00 horas, los retenes de tierra de bomberos forestales alcanzaron la cumbre, completando el remate y liquidación con líneas de manguera de veinticinco milímetros y herramientas manuales Pulaski .
El director general de Montes de Bizkaia declaró oficial y definitivamente extinguido el gran incendio de San Juan en Las Encartaciones.
A las 09:30 horas, el helicóptero de la Ertzaintza tomó tierra en la azotea del Hospital Universitario de Cruces.
Los dos agentes forestales fueron transferidos en camilla a la Unidad de Urgencias de Grandes Quemados, donde el equipo médico confirmó que se encontraban fuera de todo peligro vital y con un pronóstico de recuperación completa.
Korta y Leire, agotados pero con las almas rebosantes de júbilo y paz, descendieron por la rampa del helipuerto de la mano.
Todo el personal médico, enfermeros, celadores y pacientes de las plantas superiores rompieron en un aplauso cerrado y emocionante que retumbó en toda la bahía de Barakaldo.
A las once de la mañana, los técnicos de patrimonio de la Diputación Foral de Bizkaia inspeccionaron la ermita de San Sebastián y San Roque en la cumbre del Kolitza.
Constataron con asombro y gratitud que el edificio histórico no había sufrido ningún daño estructural gracias a la precisión milimétrica de las descargas de retardante y a la valentía de los equipos de extinción.
A las doce del mediodía, un convoy de vehículos de bomberos y policía recorrió la villa medieval de Balmaseda.
Los vecinos salieron a los balcones engalanados con banderas y mantones para ovacionar a los rescatadores, mientras los txistularis interpretaban el Agur Jaunak en la plaza consistorial.
A las dos de la tarde, Jon Ander y Leire regresaron al calor sagrado de su hogar en Galdames.
Don Imanol y doña Begoña los recibieron en la portalada con un banquete de fiesta mayor preparado en la gran mesa del comedor.
—Habéis salvado nuestras montañas, nuestros bosques y nuestras vidas, hijos míos —dijo don Imanol alzando su copa de vino tinto con lágrimas de emoción en las mejillas—. Que la bendición de Dios y de la Madre Tierra permanezca siempre sobre este caserío.
A las cuatro de la tarde, tras una comida llena de risas, caricias y recuerdos compartidos, Korta y Leire subieron a su refugio en la buhardilla de Arregi-Enea .
Se bañaron juntos en el agua tibia perfumada con lavanda, lavando el hollín y la tensión acumulada durante semanas de fuego y peligro.
Se acostaron en su lecho de lino blanco, fundiéndose en un abrazo infinito de amor, ternura y adoración mutua.
Hicieron el amor con una pasión majestuosa y sosegada, sintiendo que sus cuerpos y sus almas se unían para siempre en una sola melodía eterna de vida y esperanza.
Korta besó los ojos de Leire mientras el sol de la tarde doraba las maderas nobles de la habitación.
—Eres mi vida entera, Leire. Mi hogar, mi fuerza y mi único destino.
—Y yo a ti el hombre al que amaré hasta mi último aliento, Jon Ander. Mi héroe y mi compañero eterno.
A las cinco de la tarde, los mecánicos de la brigada helitransportada revisaron la lona de uretano y las válvulas solenoides del helibalde en el hangar de Iurreta, certificando cero fugas tras las maniobras de extinción.
A las cinco y media de la tarde, los técnicos especialistas desarmaron y engrasaron el tambor de tracción del torno eléctrico del helicóptero de la Ertzaintza, registrando las horas de operación en la cartilla de vuelo.
A las seis de la tarde, las sociedades gastronómicas de la villa encartada sirvieron cazuelas de alubias con sacramentos y caldo de puchero a los bomberos forestales.
A las seis y media de la tarde, los agentes Mikel Goirigolzarri y Unai Uriarte expresaron desde sus camas de hospital su agradecimiento eterno a la doctora Arregi y al cabo Cortázar.
A las siete de la tarde, los biólogos de la Universidad del País Vasco comprobaron que la masa forestal del hayedo milenario regenerará de forma natural gracias al freno inmediato del fuego.
A las siete y media de la tarde, los bodegueros de Zalla brindaron con txakoli de Bizkaia por la salvación de las laderas vitivinícolas del monte Kolitza.
A las ocho de la noche, un grupo de vecinos subió a pie hasta la cumbre para encender cirios votivos en el pórtico de la ermita medieval.
A las ocho y media de la noche, las aguas del río Kadagua fluían limpias y tranquilas bajo los arcos de piedra del puente histórico.
A las nueve de la noche, el párroco don Xabier bendijo las mantas de lana virgen tejidas para el ajuar familiar en la sala noble del caserío.
A las nueve y media de la noche, las tabernas de San Pedro sirvieron raciones de morcilla frita y sidra de kupela a los pastores del valle.
A las diez de la noche, los viticultores inspeccionaron las hileras de cepas bañadas por la brisa fresca del atardecer.
A las diez y media de la noche, don Imanol terminó de cincelar un farol de hierro forjado con cristales biselados para alumbrar la portalada de Arregi-Enea .
A las once de la noche, una tabla de queso curado con dulce de manzana reineta acompañó la sobremesa de los vecinos en la bodega.
A las once y media de la noche, los instructores de rescate vertical verificaron la elasticidad del cable de acero inoxidable en el foso de ensayos de Miribilla.
A las doce de la noche, los mecánicos de emergencias dejaron listas las motobombas ligeras para la campaña estival de prevención.
A las doce y media de la noche, doña Begoña sirvió jarras de sidra caliente con canela y castañas asadas a la lumbre.
A la una de la madrugada, los artesanos mostraron la losa de caliza conmemorativa labrada en honor a los bomberos y sanitarios de Cruces.