CAPÍTULO 22 — LA CONFRONTACIÓN CON EL PIRÓMANO DE LA SIDERURGIA Y EL CERCO EN LOS ALTOS HORNOS #3
A las siete y media de la tarde, los bomberos fuera de servicio disfrutaron de sardinas asadas al sarmiento en el muelle viejo de Algorta.
A las ocho de la tarde, las familias de los rescatadores encendieron cirios por la protección de todas las tripulaciones de salvamento.
A las ocho y media de la tarde, las olas rompían suaves contra los espigones del puerto bajo una brisa marina reconfortante.
A las nueve de la noche, don Xabier bendijo las mantas de lana virgen para el ajuar nupcial de Leire y Jon Ander.
A las nueve y media de la noche, las tabernas de Zalla sirvieron raciones de morcilla frita y sidra de kupela a los vecinos.
A las diez de la noche, los bodegueros examinaron las cepas de uva blanca en las laderas soleadas de Gordexola.
A las diez y media de la noche, don Imanol terminó de pulir los brazos de hierro forjado del candelabro nupcial.
A las once de la noche, una tabla de queso curado con dulce de manzana reineta acompañó la sobremesa de los pastores.
A las once y media de la noche, los mecánicos verificaron la tensión del cable de acero trenzado en el banco de tracción de Miribilla.
A las doce de la noche, los bomberos comarcales revisaron los niveles de aceite y filtros de las bombas auxiliares de achique.
A las doce y media de la noche, doña Begoña sirvió jarras de sidra caliente con canela y castañas asadas a la lumbre.
A la una de la madrugada, los maestros canteros finalizaron el pulido del escudo de armas para la entrada del caserío.
A la una y media de la madrugada, los vecinos de Galdames compartieron tarrinas de cuajada de leche de oveja con miel pura de romero.
A las dos de la madrugada, el párroco derramó agua bendita sobre el brocal del pozo de Arregi-Enea , orando por la salud de toda la casa.
A las dos y media de la madrugada, las tabernas históricas de Balmaseda sirvieron raciones de morcilla con pimientos asados a la leña.
A las tres de la madrugada, los bodegueros recorrieron las laderas de viñedos bajo la calma de la noche encartada.
A las tres y media de la madrugada, don Imanol dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura de madera de fresno.
A las cuatro de la madrugada, una bandeja de queso Idiazábal curado con miel de brezo cerró la tertulia familiar.
A las cuatro y media de la madrugada, la familia guardó unos minutos de recogimiento pidiendo bienestar para todo el valle.
A las cinco de la mañana, don Imanol alzó su jarra de barro brindando por el honor, la valentía y la paz recobrada.
A las cinco y cuarto de la mañana, los bomberos de la margen izquierda completaron la prueba de caudal en los hidrantes del polígono industrial de Sestao.
A las cinco y media de la mañana, doña Begoña ofreció bizcochos tradicionales aromatizados con anís en la mesa baja del caserío.
A las cinco y cuarenta y cinco de la mañana, un grupo de mineros jubilados encendió cirios agradeciendo la protección de todo el pueblo.
A las seis de la mañana, la brisa de la sierra soplaba limpia sobre los brezales y las rocas de limonita de Peñas Negras.
A las seis y cuarto de la mañana, el párroco bendijo los campos de siega de Galdames al primer despuntar del sol.
A las seis y media de la mañana, doña Begoña sirvió dulce artesano de higos macerados con canela y nueces en la portalada de Arregi-Enea .
A las seis y cuarenta y cinco de la mañana, los pastores de las faldas del Kolitza compartieron cuñas de queso curado en cueva con dulce de membrillo casero en la taberna consistorial.
A las siete de la mañana, Korta y Leire subieron a su lecho nupcial en la buhardilla de Arregi-Enea .
Frente al resplandor cálido de la chimenea encendida, se despojaron de sus ropas y se entregaron al amor con una pasión volcánica, tierna y sublime.
Hicieron el amor sin prisa, fundiéndose en un abrazo eterno que borraba todo el cansancio de la batalla y sellaba la victoria definitiva de la vida sobre el fuego destructor.
A las siete y cuarto de la mañana, abrazados bajo el edredón de lino, Korta velaba el sueño tranquilo de Leire, acariciando suavemente su espalda y sus cabellos oscuros.
—Te amo más que a mi vida, Leire.
—Y yo a ti, Jon Ander. Mi corazón late solo por ti.
A las siete y media de la mañana, doña Begoña renovó los ramos de flores de San Juan, laurel e hipérico sobre la cancela de Arregi-Enea .
A las siete y cuarenta y cinco de la mañana del treinta de junio, los trinos jubilosos de los petirrojos llenaban el robledal milenario de Galdames.
A las siete y cincuenta y cinco de la mañana, las campanas de San Pedro de Galdames repicaron a gloria con un volteo solemne celebrando la fiesta patronal.
A las ocho de la mañana del treinta de junio, los rayos del sol dorado iluminaban la cumbre del monte Kolitza y las campas verdes de Arregi-Enea .
Korta y Leire, abrazados ante el ventanal, contemplaban el valle en calma con la certeza invencible de que su amor y su deber habían triunfado sobre todas las sombras del mundo.
En el Capítulo 23 ( La Evacuación Aérea y el Extintor Termobárico ) , la saga de Cenizas en la noche de San Juan completará el Acto IV y se encaminará a su apoteosis final.