CAPÍTULO 10 — EL ASALTO AL BUQUE HELVETIA STAR #3
Cazuelas de barro humeantes de marmitako de bonito del norte con patatas de Álava y pimientos choriceros , bandejas de sardinas asadas a la brasa con sal gorda marina y jarras de Txakoli de Bizkaia bien frío .
El sargento Busturia se puso en pie, alzando su copa.
—Por el cabo Cortázar, que cerró esa válvula en el infierno helado de la bodega, y por la doctora Leire Arregi, que desarmó la mentira de una multinacional con la ciencia más pura. ¡Por Cruces, por Miribilla y por Bizkaia entera!
— «¡Gora Bizkaia! ¡Gora gure herria!» —brindaron al unísono todos los comensales entre aplausos y emoción compartida.
A las seis y media de la tarde, Korta y Leire cruzaron la ría en el transbordador para pasear por las calles empedradas del Puerto Viejo de Algorta .
Caminaron entre las casas blancas de pescadores con ventanas verdes y rojas, contemplando el mar en calma desde el mirador de Usategi.
El sol de invierno caía sobre el horizonte atlántico en tonos dorados, rosas y naranjas.
Korta abrazó a Leire por la espalda, envolviéndola en su chaquetón.
—Leire... mañana presentaremos el informe final al tribunal. Pero hoy solo quiero que el tiempo se detenga y que seamos tú y yo, frente a este mar que hemos salvado.
Leire giró su rostro hacia él, acariciando su barba con infinita dulzura.
—El tiempo es nuestro, Jon Ander. Esta noche volvemos a casa, a Galdames. A nuestra vida.
A las siete y media de la tarde, Korta y Leire pasaron por la sexta planta del Hospital Universitario de Cruces.
El cabo Egoitz Beldarrain descansaba en un sillón junto al ventanal, observando el tráfico de la ría.
Al ver entrar a Korta y a Leire con los periódicos de la tarde que abrían con el titular «La Ertzaintza y los Bomberos neutralizan un quimiquero pirata en Zierbena» , Beldarrain sonrió de oreja a oreja.
—¡Sois unos fenómenos! —exclamó Egoitz dándoles un abrazo emocionado—. No sabéis la alegría que me da ver que la muerte de Mikel y Aitor no quedará impune.
Leire revisó los apósitos de hidrocoloide de su brazo.
—La cicatrización es perfecta, Egoitz. En tres semanas estarás haciendo rehabilitación funcional en la piscina de Cruces.
A las ocho y media de la noche, Korta acudió al Parque Central de Bomberos de Miribilla para realizar el mantenimiento del equipo de respiración de circuito cerrado.
En el taller de equipos, desmontó el Dräger BG4 , desinfectó la tráquea respiratoria y el refrigerador de hielo, sustituyó el cartucho de cal sodada absorbente de dióxido de carbono y recargó la botella de oxígeno medicinal a doscientos bar.
Los compañeros del turno de guardia se acercaron a felicitarle, estrechándole la mano con admiración.
—Korta, lo que hiciste en esa bodega criogénica quedará en los anales del cuerpo —le dijo el cabo Echevarría.
Korta colocó el equipo en su taquilla, sonriendo con humildad.
—Solo cumplí con mi guardia.
A las nueve de la noche, los científicos del Instituto Español de Oceanografía (IEO) remitieron a la Capitanía Marítima el informe de monitorización biológica en el cañón submarino de Capbreton.
Los muestreos de fitoplancton, bentos profundo y acústica pasiva para detección de cetáceos arrojaron parámetros de biomasa y salubridad óptimos.
—La intercepción del buque antes de su zarpada evitó el colapso ecológico de una de las mayores reservas de biodiversidad abisal de Europa —dictaminó el director del centro oceanográfico.
A las nueve y media de la noche, de regreso hacia Las Encartaciones, Korta y Leire hicieron una parada en los viñedos de Zalla .
Caminaron bajo los emparrados podados de uva Hondarrabi Zuri , sintiendo la brisa fresca que bajaba de los montes de Ordunte.
La luna creciente brillaba sobre las colinas verdes.
Korta tomó la mano de Leire, besando el anillo de compromiso con devoción serena.
—Aquí en Las Encartaciones la tierra siempre renace, Leire. Como nosotros.
A las diez de la noche, Korta y Leire entraron en el zaguán de Arregi-Enea .
El aroma a sopa de tomillo, pan recién horneado y roble quemado los envolvió con una calidez hogareña reconfortante.
Don Imanol y doña Begoña les recibieron con un abrazo hondo y prolongado.
Cenaron los cuatro junto a la chimenea encendida.
Sopa de verduras del huerto, lomo de bacalao al pil-pil cocinado en cazuela de barro por doña Begoña, nueces partidas con el mazo de madera y queso curado.
Don Imanol alzó su jarra de barro.
—La justicia y el honor han vuelto a nuestra comarca. Que los cielos bendigan vuestro camino juntos.
A las diez y media de la noche, Korta e Imanol bajaron al taller del caserío.
Sobre el yunque centenario, calentaron al fuego de carbón una barra de acero dulce de cuarenta milímetros.
Al compás rítmico de los martillos, forjaron una nueva barrena de minero grabada con el lauburu y los nombres de Jon Ander y Leire .
Imanol templó la punta en el agua del manantial de San Antolín.
—Esta barrena nunca se quebrará —sentenció el anciano entregándosela a Korta—. Porque lleva el temple de la lealtad y el fuego de la verdad.
A las once de la noche, Korta y Leire salieron a caminar de la mano bajo el robledal centenario de San Antolín .
El aire puro de la montaña soplaba entre las copas desnudas de los robles.
Se detuvieron junto a la fuente de piedra del manantial.
Korta tomó agua fresca en el cuenco de sus manos y ofreció de beber a Leire.
—Aquí juramos nuestro futuro, Leire. Y aquí construiremos nuestro hogar.
Leire sonrió con una felicidad desbordante, apoyando la cabeza en su hombro.
—Siempre a tu lado, Jon Ander.
A las once y media de la noche, Korta y Leire subieron a la buhardilla del caserío.
Frente a las brasas doradas de la chimenea, se despojaron de sus ropas y se fundieron en un abrazo infinito de piel, calor y aliento.
Korta acarició la espalda y la cintura de Leire con una devoción venerante, besando cada centímetro de su cuerpo con la ternura de quien sabe que ha encontrado el sentido definitivo de su existencia.
Leire envolvió el cuerpo fuerte de Korta con sus brazos y sus piernas, gimiendo de placer dulce y sosegado mientras se entregaban al amor sin prisas, al compás del viento de invierno que susurraba sobre el tejado de piedra.
Hicieron el amor con la certeza sagrada de que su amor era eterno e indestructible.
A medianoche, envueltos en una gruesa manta de lana de oveja lacha, salieron al balcón de madera de la buhardilla.
Contemplaron el valle en silencio, bajo las estrellas nítidas de enero y el perfil imponente de los montes de Galdames y Peñas Negras.
Korta abrazó a Leire por la cintura, sintiendo el latido acompasado de su respiración.
—La tierra está limpia, el mar está en calma y el fuego de nuestro pueblo nunca se apagará —susurró Korta con voz templada.
Leire alzó su mirada hacia los ojos del bombero, sellando el momento con un beso largo y apasionado.
—Somos los guardianes de esta tierra, Jon Ander. Y este es solo el comienzo de nuestra vida juntos.
A las siete de la mañana del cinco de enero, en el patio central del Parque de Bomberos de Miribilla, el diputado general de Bizkaia y el director general de Emergencias hicieron entrega oficial de la Medalla de Oro al Mérito de Protección Civil con Distintivo Rojo al cabo Jon Ander Cortázar y a la doctora Leire Arregi.
Frente a todas las dotaciones formadas en guardia de gala con los camiones y las escalas desplegadas.
—Por su extraordinario valor, pericia técnica y devoción incondicional a la vida humana y al medio ambiente de nuestro territorio histórico —proclamó el diputado general prendiendo la condecoración en el uniforme de Korta y en la solapa médica de Leire.
Los aplausos y las sirenas de los camiones de bomberos rompieron el silencio de la mañana bilbaína en un homenaje unánime.
La noche del cuatro de enero cayó sobre Bizkaia con un cielo limpio y estrellado.
El buque nodriza Helvetia Star estaba asegurado, las pruebas del delito en manos de la justicia internacional y el mar Cantábrico a salvo de cualquier veneno.
Jon Ander Cortázar y Leire Arregi descansaban en los brazos del otro con la serenidad invencible de quienes han defendido su tierra con la sangre, la ciencia y el corazón.
En el Capítulo 11 , la desarticulación de la red corporativa y el juicio histórico en Bilbao marcarán el inicio de la consagración final de los guardianes de Bizkaia.